Opinión Nacional

El socialismo como problema (y IV)

Habiendo quedado establecido de forma contundente las incoherencias del socialismo marxista, sus debilidades conceptuales e inviabilidad práctica, surge inevitablemente la pregunta sobre el tipo el tipo de socialismo que se procura construir en Venezuela, si eso en realidad es una decisión firme del gobierno, como parece. Para ello resulta aconsejable dar un recorrido inicial, por lo que se puede desglosar como el pensamiento de Hugo Chávez, único líder de este proceso al tiempo que voz indiscutida. Faena difícil esta la de hallar trazos de un pensamiento doctrinario estructurado cuando no hay una obra escrita sino fragmentos de discursos, los cuales resultan de algún modo contradictorios e improvisados. Es criterio firme de quien escribe que el bolivarianismo fue usado como una especie de carnada para ganar apoyo en cuadros de unas Fuerzas Armadas descontentos, desde finales de los ochenta por el declive económico y social de Venezuela y por la exacerbación de la corrupción.

Hasta ahora la versión más autorizada acerca del pensamiento de Hugo Chávez es la que conforma una serie de entrevistas sistemáticas realizadas entre 1995 y 1998, que posteriormente compiló en el libro Habla el comandante el profesor Agustín Blanco Muñoz en 1998 en el cual el entonces candidato presidencial Hugo Chávez delineó criterios que actualmente son valorados como las nociones primigenias de lo que después sería la postura ideológica de una organización política de corte nacionalista-bolivariano, cuya plataforma política sería el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR 200) y posteriormente por el Movimiento Quinta República (MVR). En el documento “Proyecto Nacional ‘Simón Bolívar’. Orientación Filosófico Político”, elaborado por el MBR 200 quedó claro la orientación de ese movimiento político: “Existe entonces, compatriotas, una sola y poderosa razón: el proyecto político de Simón Rodríguez (El maestro), Simón Bolívar (El líder) y Ezequiel Zamora (El guerrero); referencia verdaderamente válida y pertinente con el carácter socio-histórico del ser venezolano…” Luego vino la influencia de Norberto Ceresole sobre Hugo Chávez con sus cuatro principios, a saber: la preeminencia del líder único y su relación directa, sin intermediarios, con el pueblo; el papel primordial de la fuerza armada, el nacionalismo y la integración física del Sur América. Sin embargo, para ese tiempo, 1997-1998, el pensamiento de Hugo Chávez era especie de menjurje ideológico. Véase este par de citas, tomadas del libro de Blanco Muñoz. Refiriéndose al planteamiento del primer ministro inglés Tony Blair, sobre la tercera vía dijo Chávez en 1998: “En esa misma dirección avanza también el presidente Clinton, me inscribo en ella y seguiremos estudiándola. Capitalismo, sí pero que se aleje de los extremos. Por eso decimos ‘humanista’”. Y esta otra: “Nosotros, el Movimiento Bolivariano, yo, Hugo Chávez, no soy marxista pero no soy antimarxista. No soy comunista, pero no soy anticomunista. […] hay que ir más allá del marxismo. […] no es él la solución, especialmente para nuestros países, para estas condiciones, donde yo creo que no hay vestigio de clase obrera”. Como se ve hay una especie de mezcla indigesta de bolivarianismo, fascismo ceresoliano y tercera vía socialdemócrata.

Hugo Chávez empieza virar hacia el marxismo cuando ya ha consolidado su poder, ganado apoyo y unificado sus fuerzas. Lo hace a partir de la visión más retrógrada y atrasada del marxismo, es decir, tomando como referente lo que ya todo el mundo había descartado: el modelo soviético-cubano. Como quien resulta iluminado por un arcángel, Hugo Chávez cayó arrullado en los brazos del mejor representante del estalinismo en América: Fidel Castro. Es un caso muy curioso, en tanto el mundo daba la espalda a una concepción marxista-leninista-estalinista, Hugo Chávez y su partido tratan de rescatar las cenizas insepultas de esa ideología. Por esta razón el socialismo del siglo XXI no es otra cosa que el intento por rescatar lo que fue el socialismo soviético y su anclaje latino en Cuba, con un aditamento que lo hace aún más exótico: el bolivarianismo porque Bolívar y sus ideas es lo que más tiene respaldo entre los venezolanos. De esta manera, la combinación no puede ser más absurda, por una parte, el marxismo de inspiración soviética y por la otra, el bolivarianismo que, aunque no es una doctrina nítidamente definida, se basa ante todo en el pensamiento del liberalismo tanto político como económico. Sin embargo, el experimento venezolano ha dado lugar a otras interpretaciones, la de aquellos que le añaden el cognomento fascista y pareciera no faltar razón. La exacerbación del nacionalismo, el endiosamiento del líder único, la militarización de la sociedad, la constitución de bandas armadas desde el Estado, la exclusión y segregación por razones políticas y la división política del país entre amigo-enemigo, configuran ciertas características que permiten pensar que hay elementos en Venezuela de lo que representó la tragedia nazi-fascista.

Así, lo que se denomina socialismo del siglo XXI y que se intenta presentar como un esfuerzo por avanzar en una nueva dirección, ha degenerado simplemente en una caricatura de los episodios infaustos de lo que fue el socialismo marxista y que sin atenuantes fracasó donde se ensayó. Nada nuevo pues. Por esa razón Raúl Castro, el heredero del poder cubano, dijo recientemente que “Venezuela y Cuba son cada día la misma cosa”.

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