Opinión Nacional

El soldado de Dios que desterró Venezuela VIII

La historia no contada del presbítero Cumanés, Antonio José Sucre y Alcalá.

El Sucre periodista pagó con encierro la fogosidad de su pluma

Sumario 1

Al Presbítero Sucre se le encomendó la dirección de El Catolicismo, donde entabló una encarnizada lucha contra las fuerzas liberales, sin embargo, en 1861, las tropas lideradas por el General Mosquera irrumpieron Bogotá doblegando al régimen conservador imperante. Lo tomaron preso y lo llevaron al fuerte de Bocachica en Cartagena de Indias…un año duró en esa ciudad, ya que escapó gracias a la ayuda del Cónsul británico (Mister Doyle), quien los arrimó a un barco que iba camino a Colón, donde una fragata lo llevó a Saint Thomas y desde allí, el 17 de septiembre de 1862, emprende navegación hacia La Guaira.

Sumario 2

La dirección de El Catolicismo lo hizo enfrentar al equipo editorial de El Tiempo de Bogotá que en ese entonces respondía a los intereses de los liberales colombianos. El Catolicismo y El Tiempo aún siguen vigentes en el vecino país.

Leyenda de Foto 1: Una vista del fuerte de San Fernando de Bocachica, en Cartagena de Indias, lugar donde Sucre estuvo encerrado un año.

Leyenda de foto 2: Portada de El Catolicismo, medio de comunicación fundado en 1849, el cual fue dirigido por el Presbítero Sucre y que aún sigue en circulación.

Leyenda de foto 3: En este cuadro tenemos a Sucre cuando dirigía el seminario de Bogotá. En esa época, el sacerdote cumanés se consagró a la prensa política en Colombia.

Eduardo Riveros Quiróz

¿Conoce algún periodista venezolano cuyo actuar periodístico haya contribuido a tumbar algún candidato a presidir un gobierno…extranjero? ¿Conoce usted algún periodista venezolano que haya sido arrestado en una cárcel extranjera por hablar contra algún político? …Pues bien, si la respuesta es negativa, nuevamente tenemos otro aspecto desconocido para el gran público cumanés del presbítero Antonio José Sucre y Alcalá, hijo de la primogénita del continente, tal como su tío el Gran Mariscal.

Cuando Sucre estaba en Colombia, primero se hizo conocido en la creación del Liceo de Familia donde educó a figuras como Antonio Cuervo y Miguel Ortiz, también se destaca su investidura como sacerdote, y como uno de los ideólogos del partido conservador colombiano, tal como nos señalara el destacado columnista de El Tiempo de Bogotá, Ernesto Santos Molano. También tenemos que hizo su primera incursión en el periodismo, esta vez en la dirección del medio “El Catolicismo”, dependiente del arzobispado de Bogotá, el cual se funda en 1849 y que aún está vigente, siendo el decano de la prensa colombiana. “Enrolado apenas en la sagrada milicia, confiriéronme mis superiores jerárquicos la ingrata cuanto peligrosa comisión de dirigir El Catolicismo, constituido en órgano oficial del arzobispado. Aterróme semejante encargo y traté de eximirme de él, porque no se me ocultaban los sinsabores y amarguras, sin número ni medida, que necesariamente había de acarrearme la dirección de un periódico destinado a sostener una lucha terrible y encarnizada, a la que había sido yo completamente extraño. Hondamente enconado el partido liberal contra el clero, por la intervención decisiva de este en la batalla eleccionaria de 1856, había declarado guerra abierta a la Iglesia, para privarla de todo influjo e ingerencia en los negocios públicos y en la dirección de la sociedad civil. Para repeler en la arena de la prensa tan formidable y porfiada agresión, fui designado pro la autoridad eclesiástica, a pesar de mis reiteradas súplicas y de las múltiples consideraciones que hice valer, a fin de exonerarme de carga tan enorme y pavorosa” (Las Diabluras del Arcediano, página 54, extracto).

Sucre: Director de El Catolicismo

Si bien, el 1849 fue el año de fundación de El Catolicismo, tuvo un receso temporal hasta que en 1859 el Arzobispo Herrán dictó un decreto donde se retomaba la publicación de este medio “En el artículo 1° se declara oficial El Catolicismo y auténticos todos los documentos que se publiquen en la parte oficial. En el 2° se establecen las acciones que contendrá ordinariamente; en el 3° se nombran redactores oficiales del seminario a los doctores Andrés Gallo, Vicario General del Arzobispado, Antonio Amaya, Deán de la iglesia metropolitana y Antonio José de Sucre, Vicerrector del seminario Mayor. La dirección inmediata del periódico estará a cargo del último, el cual consultará siempre con los dos primeros, en los casos de duda que ocurran”.

El Tiempo de Bogotá contra Sucre

En esa época, El Tiempo de Bogotá era un órgano que difundía las ideas liberales, razón por la cual era comprensible que sus editores no estuvieran de acuerdo en la irrupción de El Catolicismo, pues promovía las ideas conservadoras, en una época donde la religión estaba inserta en la política contingente, y en estos términos Sucre fue atacado en este periódico, debido a la acción que había emprendido Sucre en la defensa del obispo de Antioquia. “El presbítero Sucre después de haber tentado, en los pocos años de residencia en el país, todas las profesiones para hacer fortuna, sin lograrla, se apercibió cuál era la buena mina, y contrariando sus arranques naturales, se echó una sotana y se dio a adular a los prelados. Nadie duda que como comerciante ha acertado. A esto debemos que esté siempre en acecho de ocasiones para ostentar su celo en El Catolicismo, llamando sabios, preclaros y santos a los que pueden tirarles migajas, e insultando a quienes no pueden darle nada. Después de esta abreviada contestación, el presbítero Sucre puede embarrar cuanto papel tenga a la mano para insultar al redactor de El Tiempo; si eso le ha de dar placer y empleos, celebraremos servirle de algo” (El Tiempo, número 241, Bogotá, 9 de agosto de 1859).

El Porvenir sale en defensa del presbítero

Era lógico que viendo los antecedentes de Sucre, alguien tendría que defenderlo y más cuando estábamos hablando de un funcionario eclesiástico, y fue el ciudadano Lázaro María Pérez quien hizo una defensa en El Porvenir de Bogotá: “Nosotros podríamos defender victoriosamente al Presbítero Doctor Sucre, cuya vida nos es conocida desde el año 1854, en que prestó sus servicios a la República en el ejército que libertó Bogotá. Nosotros podríamos exhibir en toda su fealdad la maligna ingratitud del redactor de El Tiempo para con uno de los hombres que expusieron más su vida en los combates de aquella triste época por ayudarnos a develar una asquerosa dictadura; nosotros podríamos presentar la vida del doctor Sucre, desde que está entre nosotros, distinguida siempre, así en las luchas marciales, como en las no menos trabajosas e ingratas de la instrucción pública, y entonces se vería con cuánta falsedad e injusticia se ha querido denigrar por el redactor de El Tiempo a un hombre honrado estudioso y de costumbres puras, cuya mansión entre nosotros puede señalarse únicamente por los beneficios que ha prestado a la causa de la República y de la civilización. Empero, el doctor Sucre es demasiado conocido, y nuestra tarea sería totalmente superflua. Si el redactor de El Tiempo quería refutar la defensa que el doctor Sucre ha hecho del señor obispo de Antioquia, pudo hacerlo, y para ello tenía completo derecho. Pero abandonar la cuestión y traer en su lugar la vida íntima de un hombre, para calumniarla y afearla, es prostituir la prensa, cuya misión es demasiada alta, y dejar el puesto de periodista para descender al terreno de los escritores de libelos. El redactor de El Tiempo debe dar gracias a que el señor Sucre viste hoy los hábitos del sacerdote humilde y pacífico. Sin esta circunstancia, bien se habría cuidado de ultrajarlo. Esta falta de hidalguía, atacando a quien no puede defenderse con armas iguales, reagrava la conducta del redactor de El Tiempo, que debería ser más comedido en sus palabras, ya que tanto asco tiene a los peligros” (La verdadera cuestión, El Porvenir, número 255, Bogotá, martes 16 de agosto de 1859).

Sucre “tumba” un candidato

Consagrado como redactor principal de El Catolicismo, Sucre se incorporó de lleno en la política colombiana y el hecho de mayor trascendencia fue la de influir directamente en la elección del candidato conservador Julio Arboleda en desmedro del General Pedro Herrán, quien era originalmente el preferido por los miembros del partido conservador. Para ello, escribió un artículo de opinión en el medio de comunicación que él dirigía, donde hace un llamado público al apoyo de Arboleda el 11 de septiembre de 1860 (El Catolicismo, número 439). “La candidatura Arboleda satisface plenamente nuestros patrióticos deseos y desinteresadas aspiraciones. Y lo decimos sin temor de ser desmentidos y con la frente muy erguida: tales deseos y aspiraciones son de hombres consagrados al bien público y a la defensa de los augustos principios sobre que reposa el majestuoso edificio de la moral cristiana” (extracto).

Un testimonio 15 años después

El final de esa historia, del desplazamiento de Herrán por Arboleda, influyó en la dispersión de las fuerzas conservadoras, lo cual habría influido indirectamente en el triunfo de los liberales en la revolución de 1861 colocando fin al dominio conservador, y este hecho fue analizado 15 años después en una carta firmada por el Arzobispo de Bogotá, Vicente Arbeláez al Presecretario de la Sagrada Congregación de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios “Antes del año de 1861, hasta cuya fecha se conservó en esta República el principio de legalidad en el gobierno, el clero tenía intervención directa en la política. El prestigio de su ministerio apoyaba a los gobernantes, y puede decirse que su influencia era tal, que sus candidatos eran los que ocupaban la silla presidencial y los elevados puestos de las cámaras legislativas de la nación y de los estados. Esta influencia que el clero ejerció, muy pronto se convirtió en un mal para la misma Iglesia, por haberse introducido en el clero el espíritu de división. El año de 1861 en que el gobierno luchaba con la revolución, y en el momento en que ésta tomaba mayores dimensiones, se publicaba en esta capital un periódico religioso, cuyo redactor principal era un canónigo de la catedral y cuyo título era El Catolicismo. En este periódico fue en donde apareció sustituida la candidatura del general Herrán, hermano del ilustrísimo señor arzobispo (candidatura que había sido en general aceptada), con la del señor Don Julio Arboleda. Al mismo tiempo, se publicó una circular apócrifa del ilustrísimo señor Arzobispo, en la cual decía que este cambio de candidatura se había hecho porque así convenía a los intereses de la Iglesia y de la religión. Este hecho que se atribuyó al clero, causó la división, el desaliento y puede decirse, contribuyó en mucho al triunfo de la revolución. Triunfante ésta, vinieron como era lógico, sus funestas consecuencias: Una cruel persecución contra los prelados y todo el clero, la incautación de los bienes eclesiásticos, la exclaustración de todas las comunidades religiosas de uno y otro sexo, y finalmente la sanción de una constitución atea, en la cual se consignaron todos los principios de la escuela liberal” (“Mártires de Ogaño en Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá, páginas 277-278, José María Cordovez Moure).

Sucre desafía públicamente a General Mosquera

El arzobispo Arbelaez considera que la acción de Sucre causó el triunfo de la revolución, pues bien, la revolución a la que se refiere el eclesiástico es la que lideró el General Mosquera, a quien Sucre le había consagrado algunas palabras desde El Catolicismo, palabras que habían sido una respuesta a las que Mosquera le había proferido en una carta que había enviado al Doctor Mariano Ospina Rodríguez, presidente colombiano: “El cambio de candidatura ha producido una cisión en el país, encabezada por un clérigo extranjero, y emitidos los votos por el candidato que éste presentaba, sin libertad, por coacción y asalto” (El Catolicismo, número 455, 25 de diciembre de 1860). Para Sucre esta fue una amenaza cuya respuesta no dejó de esperar “Sí, señor me doy por notificado de la amenaza que envuelve vuestra singular y descabellada aserción, pues bien, a las claras reveláis con ella que estáis lleno de furor contra mí, aún cuando ese furor sea tan ciego, tan injusto y tan bárbaro, como ciego, injusto y bárbaro fue el que se apoderó en un tiempo de vuestros generales de ahora, contra el hombre inocente que por una providencial coincidencia llevaba mi mismo nombre y apellido, y a quien alevosamente hicieron sacrificar entre las espesuras de una montaña desierta ¿Será, señor que vuestros nuevos tenientes os habrán contagiado con su sed de la sangre que hicieron derramar en Berruecos y que es la misma que corre por mis venas? No lo se, pero lo que sí se me alcanza es que tan insensatos fueron ellos con el odio que profesaron al General Antonio José Sucre, suponiéndole tirano de Colombia, como insensato sois vos con el que profesáis al Presbítero Antonio José Sucre, creyéndolo tirano de la Nueva Granada” (Extracto, El Porvenir, 28 de diciembre, 1860).

Mosquera manda al presidio a Sucre

Desde luego, se pueden hacer muchas conjeturas sobre la reacción de Mosquera, tal como la describe Monseñor Mario Germán Romero “Se necesitaba mucho valor para desafiar las iras del fogoso general. Víctima de terribles ataques de cólera, era Mosquera el tipo de autócrata con achaques de desvanecimiento, capaz de mandar a fusilar, sin fórmulas de juicio, a sus malquerientes y enemigos. Mosquera debió leer otra vez la urticante epístola, con los ojos enrojecidos de cólera, masculla maldiciones y repite para su interior: Ese monigote con nombre de prócer, me las ha de pagar!” (Las Diabluras del Arcediano, página 80). Meses después de la carta pública de Sucre, el General Mosquera toma Bogotá, lucha donde Sucre fungió de capellán militar de los conservadores, y a pesar de que tuvo la oportunidad de escapar prefirió esperar a Mosquera, tal como lo señala Ángel Cuervo (“Cómo se evapora un ejército, 267-268). “Varias personas acudieron a llevárselo para ocultarlo, tales como el ilustrísimo señor Herrán, los doctores Bernardo Herrera y el doctor Antonio Vargas Reyes, con otras no menos respetables que veían el peligro que corría al caer entonces en manos del dictador: pero él con una hidalguía propia de su raza y digna de emplearse con más noble enemigo, rechazó tantas muestras de simpatía diciendo que en la lucha periodística que había entablado en El Catolicismo en defensa de las ideas conservadoras ofreció a Mosquera, en una carta memorable, no ocultársele en caso de que triunfara y que había llegado la hora de cumplirlo; esa firmeza de carácter que el vulgo llama quijotada, lo llevó a que lo martirizasen y lo encerrasen por largo tiempo en las tenebrosas bóvedas de Bocachica en Cartagena, so pretexto de que los extranjeros no debían mezclarse en asuntos políticos del país; y al mismo tiempo el dictador evocaba sacrílegamente el nombre del Gran Mariscal de Ayacucho, tío de la víctima: para esto sí no eran extranjeros los Sucre! Mosquera pretendía endiosarse colocándose entre los padres de la patria y así no se le caían los nombres de Bolívar y de Sucre”.

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