Opinión Nacional

El striptease de la inteligencia

(%=Image(1608335,»R»)%)(%=Image(6598874,»L»)%)El domingo 16 de julio, en un (%=Link(«/bitblioteca/eliecer_otaiza/bomba.asp»,»artículo de opinión»)%) publicado en El Nacional por el Director General de la Disip, Eliézer Otaiza, el lector puede descubrir hechos sorprendentes, pero sobre todo inquietantes.

En primer lugar lo más importante. El gobierno revolucionario no tiene enemigos. “…Las verdaderas amenazas del siglo XXI [son] el crimen que nos está matando en las calles, el narcotráfico o la desaparición de los ecosistemas…”. El lector imagina una organización de Inteligencia y Seguridad integrado por policías de barrio, expertos en narco, y valientes militantes ecologistas. Exactamente como lo quiere el Departamento de Estado de los EUA (y otros “servicios” occidentales). Una de dos, o bien la que lidera el presidente (%=Link(«/bitblioteca/hchavez/»,»Chávez»)%) sería la primera revolución de la historia universal que no desarrollara ningún reactivo, ninguna fuerza que le adverse, o bien el presidente Chávez nos está mintiendo a todos, y aquí no hay ninguna revolución.

Descartado el “enemigo interno” (de la Revolución), debemos fundirnos en la globalización. Lo central es, entonces: “…integrarnos inteligentemente al proceso de globalización”.

Para el joven capitán Otaiza estamos en plena globalización (¡vaya noticia!), por lo tanto los esfuerzos del Sistema Nacional de Inteligencia deben estar orientados a adaptar a Venezuela a ese principio universal hegemónico. Como la globalización es la forma que ha adoptado en la actualidad el Imperium Mundis, de lo que se trataría, en definitiva, es de eliminar de raíz cualquier proceso revolucionario nacional, porque por definición todo proceso revolucionario es una alteración (local) del sistema global, una irregularidad, un “accidente”. LA REVOLUCIÓN NACIONAL ES, ENTONCES, EL ENEMIGO: ella nos llevará al “ostracismo” ya que una Venezuela revolucionaria, es decir, irregular y contestataria, sería “…ignorada en los procesos de integración” que lleva adelante la globalización (en beneficio permanente de los pueblos que la soportan, como todo el mundo sabe).

Ningún contrarrevolucionario (en el sentido exacto que el presidente Chávez le da a esta expresión) se ha expresado, hasta ahora, con tanta claridad. La Disip, (que yo bien conozco desde dentro), esa oscura cueva de “soplones” y de “represores” (Otaiza dixit), debe aprender modales y comportamientos de la CIA norteamericana: “Si el lector pudiera visitar la CIA, lo primero que notaría es que ninguno de los miles de empleados está armado. Cosa contraria ocurre si visita la Disip o la DIM. Donde decenas de miles de hombres están armados y entrenados en las artes de la ‘guerra fría’, ansiosos a la espera de que surja el ‘enemigo interno’”. ¿En ese entrenamiento tuvo algo que ver, tal vez, el Mossad o el Shin Beth israelíes?

El ex “stripper” de los “vicios privados” pretende separar el concepto de “seguridad” de la noción de “defensa”, en un momento en que una guerra terrible, ya internacionalizada por los muchachos que andan sin armas dentro de su oficina, ha sido declarada en la misma frontera occidental de Venezuela. Como para Otaiza la globalidad es “un mar de felicidad”, la guerra civil colombiana no tendrá ninguna repercusión en el interior de Venezuela; como si se desarrollara en otro planeta: “Si subordináramos nuevamente la seguridad [interior, civil] al Consejo de Defensa, estaríamos incurriendo en una trampa conceptual, porque si definimos la defensa como un todo que engloba a la seguridad […] lo que estaríamos admitiendo es que lo militar prevalecerá sobre la estructura civil y no viceversa”.

Se ha recorrido un largo camino, de la nada hacia la nada, entre el descerebrado Urdaneta y el globalizante Otaiza. Jesús Urdaneta, por órdenes directas de Nedo Paniz, su cerebro sustituto y principal contratista de la Disip desde los viejos tiempos de la IV República, puso en el cargo de Director de Inteligencia al capitán de corbeta Rodríguez Chacín (“Comisario Alí”), autor de la matanza de “El Amparo”. Ahora, en el otro extremo del desvarío, Otaiza quiere convertir el sistema de seguridad e inteligencia de un país, afectado por una grave e inédita crisis, y por múltiples amenazas internas y externas, en una ONG defensora de los “derechos humanos” (en el sentido que ese concepto tiene en el Imperium: “derecho a la injerencia”). ¿Demasiada mala suerte o carencia de un marco integrado por claras definiciones ideológicas pero sobre todo estratégicas? (La estrategia, el problema es la indefinición de la estrategia).

Al final del artículo del jefe de la Inteligencia aparece mi humilde persona, como el adversario declarado de la seguridad en democracia en este mundo ideal y feliz: “Norberto Ceresole no ha aportado otra cosa que no sean ideas retrógradas e inviables en este contexto del nuevo siglo y de un mundo globalizado”. Por supuesto. Ya que Otaiza pretende “civilizar” la seguridad justo en el momento en que es más necesaria que nunca una concepción integral de la defensa (militar y civil, táctica y estratégica). Justo en el momento en que es más necesaria que nunca la existencia de una vinculación orgánica y hasta jerárquica entre ambos conceptos: entre la defensa, que es lo general, y la seguridad, que es lo particular.

Con jefes de Inteligencia como este, en verdad, Chávez no necesita tener enemigos. Su permanencia en el cargo sería la manera más económica de resolver mágicamente el problema (el de los enemigos). El Presidente debería patentarlo.

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