Opinión Nacional

El Submarino Amarillo

Vi esta película de los Beatles muchos años después de su estreno. Más allá
del encanto de su música y de la excelente técnica cinematográfica, la misma
me pareció una apología al consumo de drogas. No en balde los críticos y
entendidos la caracterizaron como un género psicodélico, lo que tiene como
significado real la relación con el consumo de estupefacientes, especialmente de la
ahora casi inocua e inocente marihuana.

A estas alturas nadie sabe si por fin los submarinos que el comandante en
jefe ha decidido comprar en la Rusia de Putin, serán o no una realidad en la
profundidades de nuestras costas caribeñas, es difícil saber al menos en
esta hora en que escribo, si la cortesía inusual que desplegó George W Bush
-con el apoyo de su ex presidente padre- para agasajar a Vladimir Putin,
haya incluido como contrapartida la cancelación del negocio submarinístico
con Venezuela. Pero sea lo que fuere, con submarinos o sin ellos, es más que
justificada la molestia del presidente Chávez cuya visita a Rusia fue
tratada como la de esa persona incómoda que llega a nuestra casa sin previo
aviso y cuando estábamos de salida. Ser no tratado sino maltratado y luego
ver a Putin departiendo de tú a tú con Lucifer Bush, es como para darle
rabia al más tolerante y comprensivo de los hombres, lo cual evidentemente
no es el caso del héroe itinerante del anti imperialismo.

Lo que si es una realidad innegable es que desde hace ocho años nuestro
comandante en jefe, dueño único e indiscutible del suelo, del subsuelo y del
espacio aéreo de la patria socialista y casi muerta; vive como en un trance
psicodélico por no llamarlo trona, expresión vulgar que se usa para
calificar a quien está bajo el efecto de estupefacientes. Ojo, ni por asomo
pretendemos insinuar que el presidente Chávez sea adicto a ningún tipo de
drogas, parece que hasta es abstemio -algo ya de por sí sospechoso en un
hijo genuino de la patria- y que su único vicio es fumar cigarrillos y eso
de noche y encapillado. Pero, aún corriendo el riesgo de que los psiquiatras
jefes del Area de Salud Mental del Ministerio del Poder Popular Bolivariano
para la Salud, nos enjuicien por arrojar dudas sobre la estabilidad mental
del mandatario, es casi imposible ignorar que éste se encuentra inmerso en
un permanente estado de vuelo -no solo en su avión- sino también de su mente
y que ha logrado contagiar a sus más inmediatos colaboradores y a una buena
parte de aquellos venezolanos que, a pesar de todos los pesares, siguen
arrodillados a sus pies en actitud de feligreses de un extraño culto
sadomasoquista llamado chavismo.

Como salvo el vicio de fumar -abandonado hace algunos años- nunca hemos
conocido otra forma de viajar que no sea la tradicional por automóvil, avión
o barco; ignoramos también lo qué se siente cuando se regresa de una trona o
viaje psicodélico. Se dice que la resaca es terrible. Y eso es lo que
pareciera estar viviendo el segundo padre de la patria (por ahora, porque
está en camino de ser el padre del padre) No se trata solo de los noticieros
dominados por el Imperio y manipulados por la CIA, el FBI y el Pentágono que
muestran a Bush hijo y papá con Vladimir, de lo más amigos (aunque no hayan
llegado a las agarraditas de manos como las de Chávez y Ahmadinejad) sino
además de los avatares de la Copa América. Más allá del caos generado con
las entradas para los juegos y de las fallas técnicas de unos estadios
terminados a las patadas y con trabajadores traídos de Cuba en condiciones
de cuasi esclavitud; el público ha demostrado lo mal agradecido que puede
ser un pueblo con sus abnegados gobernantes. Mientras la prensa nacional ha
omitido por razones que ignoramos la mención de los hechos, y TVES alega que
hay problemas de audio cada vez que éstos ocurren, la prensa internacional y
la cadena CNN han reseñado con lujo de detalles como cada partido se ha
transformado en un gran mitin espontáneo de oposición al gobierno. Ni los
altavoces que transmiten una grabación con falsos aplausos, ni los cohetones
lanzados, ni las voces de una barra tarifada, han podido apagar el griterío
de decenas de miles de expectadores que como un armonioso orfeón cantan al
unísono: “Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”, además de
“libertad, libertad, libertad”. Es evidente que alguien debe haberle
informado al jefe de lo que ocurre, lo que no debe haberle sorprendido
demasiado si nos atenemos a su intervención en el partido inaugural:
escondido en un oscuro rincón del stadium pronunció el discurso más breve
de su vida: dos minutos.

Desde Uruguay y Paraguay la prensa reseña con alborozo el no ingreso de
Venezuela al MERCOSUR. No es inquina contra el país sino contra aquel que lo
gobierna como si fuera su casa particular. Solo alguien tan zamarro como
Lula Da Silva podría preguntar a estas alturas ¿qué está pasando? después
que el Senado de su país y su propio canciller han mandado a Chávez al
cipote. Los miles de millones gastados en lobbies y círculos bolivarianos
diseminados por los cinco continentes, no han servido de nada: si antes del
cierre de RCTV costaba explicarle a un intelectual francés, a un taxista
neoyorkino o a un periodista español (del PSOE) por qué Chávez no era un
demócrata, ya no existe una persona medianamente informada en Europa,
América latina, Estados Unidos, Canadá y hasta en China, Japón o Australia,
que no esté en cuenta de su verdadera condición militarista y autocrática.

Para colmo de los colmos se le alborotó el avispero militar y alguien tan
arrastrado a sus pies como el general repotenciado y ahora nuevamente
degradado, Alberto Müller Rojas, su más estimado asesor en materia de
invasiones gringas, guerra asimétrica y hasta geométrica y algebraica, ha
sido echado al pajón como suele hacerlo el comandante, de manera pública y
notoria. Sin humillación ante el país entero no hay despido que sirva como
ejemplo para aterrorizar a los demás. Y como si fuera poco, la máxima
jerarquía de la Iglesia católica advirtió sobre la ilegitimidad de un
proyecto constitucional que se pretende imponer al país sin conocimiento
previo ni debate público, desatando nuevamente las iras anticlericales del
que en su adolescencia además de beisbolista, pensó también ser cura. ¿Fue
acaso retaliación cambiar el nombre del Hospital Coromoto, de Maracaibo por
el de Ernesto Ché Guevara y de una vez desaparecer la imagen de la virgen
patrona de Venezuela que identificaba a ese centro de salud? La decisión fue
de la estatal petrolera PDVSA roja, rojita, dueña de la clínica.

No somos tan ingenuos para pensar que diez, quince o veinte mil personas gritando
al unísono “Y va a caer, y va a caer…” es lo que va a ponerle punto final a la pesadilla
que vivimos desde hace ya más de ocho años, ni tampoco las protestas de los estudiantes
y menos aún el rechazo del senado brasileño y lo que dice la prensa de España, Francia,
Gran Bretaña, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, etcétera. Pero todo eso unido, sostenido y aumentado, pareciera una luz al final del túnel.

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