Opinión Nacional

El traidor necesario

Las cosas iban demasiado bien. Todo estaba demasiado tranquilo.

Los factores de la izquierda tradicional sumados a los independientes demócratas en Mérida, Falcón, Trujillo, Cojedes, Apure, Barinas, terminaron entendiéndose. Esas peleas viejas del «chiripero» estaban agotadas. Los maracuchos terminaron con Pablo Pérez como candidato. María Corina deshojaba la margarita, no fuera a llevarse una sorpresa desagradable que la borrara del mapa para siempre.

Acción Democrática está que brinca en una pata hacia Pablo Pérez. Leopoldo rezándole a la Chinita que le quiten de encima la maldición de la inhabilitación y Ledezma pensando su futuro responsablemente, de ser otra vez candidato a alcalde metropolitano, se le asignarían las funciones que ahora tiene el Distrito Capital para reunir de nuevo las atribuciones completas de esa importante alcaldía.

Pero la historia siempre reclama un traidor, un canalla, un mezquino. No podía la oposición salir lisa de este proceso.

Hacía falta un fementido, un conjurado, un renegado que, huyendo de su propio nido, en el que comía y defecaba, tratara de manchar, de mancillar un proceso opositor, un ensayo unitario de primarias, por lo demás positivo, envolvente, ganador.

Apareció el «canalla del centro». Un mal afamado pillo, un truhán que durante años peculó, robó, estafó, mintió en las cuentas bancarias, en la compra de armas, en los contratos de obras, en los seguros, en la compra de vehículos, en fin, un verdadero Al Capone del trópico, un pecador de siete suelas.

No agradeció para nada que su hijastro hubiese salido por un sobreseimiento, por un perdón ejecutivo, por un indulto tramitado por uno de los jefes opositores.

Su hijastro que se había visto envuelto en una operación antidrogas, condenado a no sé cuántos años de cárcel, ganó su libertad gracias a las gestiones de la oposición. Pero nada, la naturaleza del escorpión que tiene instinto criminal pudo más que el agradecimiento y empezó a esputar pus por todos los orificios tratando de granjearse la buena voluntad de un presidente que lo desprecia por taimado y malandro y que jamás permitirá que regrese a Venezuela. Pero no le importa para nada esta realidad, su condición de proscrito, de paria, de perro sin amo, hace que actúe con maldad, con saña, con cobardía. Miente, calumnia, falsea, engaña y luego llama al gobernador actual de su estado para que le dé la bendición y le sirva de intermediario con el Jefe Rojo, que, como ya dije, aprecia más el vómito de un borracho que la presencia del traidor necesario.

Su esposa gozó hasta el final de las prebendas ilícitas obtenidas maliciosamente de cargos públicos en el área financiera, en donde por costumbre tenía repartir sus mal habidos créditos entre sus familiares, amigos, y quién sabe si amantes.

De él no se conocen queridas, no por fiel dicen, por lo menos del sexo femenino. Por mucho que indagué nadie me supo decir exactamente su orientación sexual.

Dispara contra los candidatos de la oposición y se babea por que le reciban una llamada en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Se dé buena fuente que tenía meses y meses rogando que Nicolás le recibiera una llamada, y le pusieron una alcabala, un requisito, una prueba. Le redactaron un documento que tenía que leer, donde despotricaba contra quien fue durante años su amigo, su compañero de partido, su confidente y curruña. La naturaleza del traidor le impide ver la realidad del pozo séptico donde las circunstancias lo obligan a bañarse. El traidor necesario ve en ese lodo de heces putrefactas la más glamorosa y perfumada piscina. No obstante, cuando ganemos, le permitiremos regresar y le otorgaremos sobreseimiento.

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