Opinión Nacional

Elecciones: Viva la oposición

Los factores y partidos de oposición, con el apoyo resuelto de la
vocación ciudadana, han infligido por segunda vez en menos de un año
otra gran derrota política al régimen y a su modelo electoral. En
diciembre pasado se impidió la reforma constitucional y ahora se
demuestra que electoralmente el gobierno no puede imponer su ambicionada
hegemonía.

Es cuesta arriba derrotar a un modelo electoral como este que está
montado para que las contiendas sean tremendamente desiguales a favor
del gobierno. Este modelo permite al oficialismo controlar todo el
sistema de votación y escrutinio, incluso el acceso de los dirigentes
opositores a las candidaturas a cargos de elección popular. Permite al
oficialismo utilizar los ingentes recursos mediáticos y económicos del
Estado, prácticamente sin control ya que también se domina en las
instancias que pudieran corregir y revertir las actuaciones arbitrarias
del poder público en estos terrenos.

Para estas elecciones, y a nombre de la revolución, se volvieron a
emplear todas estas «facilidades» para arrinconar a los candidatos
opositores en general. De hecho, la revolución invirtió todo los
recursos posibles y el peso enorme de su máximo líder para doblegar la
voluntad opositora de los electores, hasta el punto de reemplazar en los
candidatos su personal figura y discurso, buscando una desesperadamente
requerida abrumadora victoria para respaldar su proyecto de poder
indefinido con miras a nuevas iniciativas de cambio constitucional en el
futuro. No pudieron.

En las posiciones de gobierno descentralizado de mayor jerarquía y con
mayor población, las gobernaciones de Zulia (más de 1,4 millones de
votos), Miranda (casi un 1,1 millones de votos) y Carabobo (850 mil
votos), así como la Alcaldía Metropolitana de Caracas (1,35 millones de
votos), ganaron candidatos con mensaje distinto al régimen. En el estado
Táchira (casi 500 mil votos), fronterizo con Colombia y geopolíticamente
crucial, también ganó gallardamente el candidato opositor. En el estado
insular de Nueva Esparta, de menor magnitud poblacional (poco menos de
200 mil votos), fue reelecto el gobernador opositor con el mayor margen.

Y todos ellos lograron sobreponerse al avasallante ataque de
desprestigio y descalificación del cual fueron objeto en forma salvaje
desde el aparato propagandístico oficial. Incluso algunos, notablemente
Ledezma y Pérez Vivas, lograron victorias sin contar con mayores
recursos propios o maquinaria, y a pesar de muchos pronósticos en
contra.

Los oficialistas perdieron en los estados de mayor entidad. Perdieron
donde más se concentra la población. Donde se realiza el más voluminoso
flujo comercial terrestre con el exterior. Donde están las mayores
aglomeraciones manufactureras. Donde están las más grandes
universidades. Donde se realiza la más intensa actividad cultural y
deportiva. Donde se concentra el mayor flujo turístico. Perdieron en
estados del centro-norte, este y oeste de la geografía. Perdieron en los
lugares donde más furiosamente centraron el abuso verbal,
propagandístico y mediático. Perdieron incluso donde inhabilitaron a
opositores que se habían convertido en candidatos naturales. Perdieron
contra antiguos y nuevos contendores. Perdieron contra una miríada de
partidos opositores con pocos recursos pero que con grandes esfuerzos
pudieron presentar en muchos sitios fórmulas electorales unitarias. Y
perdieron también el apoyo de muchos anteriores aliados.

La oposición está «vivita y coleando», después de casi una década de
andanadas y acoso. De hecho, se ha vuelto a poner de pie y está mejor
organizada para las contiendas electorales y políticas que vienen.

Nuevas figuras han aparecido, algunas ganadoras; pero incluso los casos
no victoriosos han demostrado una capacidad sorprendente de movilización
del entusiasmo popular. Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia se consolidan
como nuevos partidos con gran penetración nacional y social; incluso AD
y Copei siguen mostrando importancia general, en algunos casos de
considerable magnitud.

La ola de voluntad popular que colocará al país en un rumbo de cambio
definitivo está apenas comenzando. En diciembre pasado se detuvo el
camino al barranco. Este noviembre, se establecieron nuevos polos para
la irradiación de ese movimiento de cambio y se demostró que el
hegemonismo no es aplicable.

De ahora en adelante, es crucial que se afinen los mecanismos para la
lucha política unitaria a nivel nacional, estadal y, muy importante,
municipal; también para el control electoral. Es crucial, igualmente,
que las nuevas autoridades que representan el cambio, así como las que
repiten, demuestren su mayor competencia para resolver asuntos de
interés local y regional, así como un planteamiento político general de
progreso, libertad y convivencia social.

Lejos de dormirse en los laureles, la oposición debe seguir activando
los magnetos de las simpatías populares, más allá del descontento
generalizado con la labor concreta del gobierno que está presente en
todas partes, a pesar de que a nivel de gobernadores, el chavismo obtuvo
casi un 54% del voto general, según reporta el CNE. Afortunadamente, la
oposición concentró sus mayorías en algunos puntos clave para ganarlos.

Pero persisten muchos otros espacios donde la gente espera la propuesta
material de alternativas. En otras palabras, todavía falta mucho por
hacer.

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