Opinión Nacional

Empresarios venezolanos: Dos caras de una moneda

Hoy tuve la oportunidad de conversar (por separado) con dos jóvenes empresarios venezolanos. Ambos provienen de hogares clase media, ambos pasando ligeramente la mitad de la treintena, ambos exitosos en sus áreas, ambos preocupados por la situación del país.

Uno de ellos me preguntaba constantemente ¿qué se puede hacer?. Yo no tengo la respuesta a esa pregunta, pero tengo algunas ideas. Le decía, por su condición de empresario, que una las mejores contribuciones que puede hacer un empresario venezolano es formar a su recurso humano y darle herramientas para pensar, para desarrollar su inteligencia. En vez de regalarle un bono a sus obreros (que probablemente se gastarán en bebida y cosas superfluas) sería mejor regalarles un curso de desarrollo de la inteligencia, un curso de manejo del estrés, de gerencia del tiempo, de liderazgo. Esta clase de conocimientos las empresas sólo se lo dan a empleados de cierto nivel y con miras a incrementar la productividad y las ganancias de la firma; pero los sectores más pobres nunca reciben herramientas que les permitan saberse dueños de sus destinos y posibles forjadores de cambios en su entorno. Pocos empresarios entienden el efecto multiplicador del conocimiento de instrumentos que ayudan a las personas a pensar diferente y piensan que todo lo que se invierta en «esa gente» está perdido.

Por otra parte, le decía Yo, es necesario motivar a esas personas a culminar sus estudios, sea el nivel que sea. Si un empresario conviene con un empleado pagarle los estudios -o aportar la mitad del costo- a cambio de buenas notas, le está dando un motivo para mejorar, le está creando un compromiso consigo mismo y con la empresa para desarrollarse, está diciéndole «creo en ti y por eso te ayudo». El demostrarle confianza a una persona, verbal y económicamente, le hace sentir capaz de superar los obstáculos a los que se pueda enfrentar en el camino, lo hace sentir acompañado en su lucha por mejorar y percibe su entorno menos hostil de lo que pueda ser. El conocimiento ayuda al ser humano a desarrollar el cerebro, a pensar, a buscar soluciones a sus problemas, a no sentirse indefenso ante las circunstancias; al contrario, le ayuda a fortalecerse ante los retos y saberse forjador de su propio futuro.

A mis geniales ideas el sujeto respondió con cualquier cantidad de razones para no intentarlo, porque -en su paradigma- está convencido de que él no puede hacer nada más que pagar buenos sueldos y regalar un bono semestral, él no cree que su aporte pueda generar ningún cambio positivo en sus empleados y termina diciendo que «esa gente» no va a cambiar porque él les de un cursito, que aquí lo que hace falta es que el próximo presidente imponga los cambios desde arriba.

Ahí está de nuevo la misma excusa de siempre: necesitamos un líder, nosotros no podemos hacer nada.

Descorazonada por la falta de voluntad de la gente y con ganas de tomar el primer avión para irme lo más lejos posible, llegué a mi casa y tuve la mejor conversación que he tenido en mucho tiempo. Hablaba con un amigo (llamémosle Empresario 2) y me comentaba que, dada la grave situación que están viviendo muchas familias de ex trabajadores de PDVSA, al punto que muchos chicos han debido abandonar la universidad por no poder pagarla, él decidió financiarles la carrera a tres de estos tantos jóvenes que se encuentran en tan precaria situación. Su idea es motivar a más personas para que hagan lo análogo y ese valioso recurso humano no abandone las aulas y puedan continuar formándose para ser profesionales exitosos. Él siente que no puede perderse ese recurso humano que quiere progresar y piensa que es mejor ayudar a tres que a ninguno, pero que bueno sería que más personas pudiesen ayudar a otros muchachos a estudiar, que cada quien elija a uno y los apoye.

Me comentaba también que ECONINVEST tiene una fundación que se dedica a traer al país a personas que han logrado cambiar su entorno, como el famoso Alcalde de Bogotá, que logró cambiar una ciudad desastrosa en una tacita de plata, o al famoso súper policía que transformó New York. Estos jóvenes indagan experiencias de cambio exitosas en el mundo y buscan darlas a conocer en Venezuela, a gente común y corriente que puede ser un agente de cambio dentro de sus espacios y quizá no saben cómo. Este tipo de conocimiento le brinda al individuo la oportunidad de enterarse cómo han resuelto otros unos problemas tan críticos como los propios y saber que, por muy mala que sea la situación que se está viviendo, sí es posible dar un cambio radical.

Al final del día tengo dos caras de una misma moneda. Por una parte está el venezolano preocupado por la situación del país que no hace nada para cambiarla, que espera a que llegue el líder salvador y resuelva todo, mientras él se ocupa de hacer funcionar su empresa sin involucrarse en la solución; y por la otra parte están otros jóvenes venezolanos que en vez de esperar un líder, contribuyen para que se formen los futuros líderes comunales, empresariales y quién sabe si entre esos chicos que hoy reciben de un desconocido la oportunidad de continuar sus estudios, surjan los agentes de cambio que necesita Venezuela. Estos son los verdaderos líderes que al país le urge, los que no están esperando a que alguien les diga qué hacer, los que hacen lo que sienten que pueden hacer y saben que ese algo puede cambiar mucho.

Nunca es poco lo usted puede aportar, aunque a simple vista lo parezca. Les dejo dos ejemplos de venezolano, ustedes deciden cuál es el tipo que le agrada más, cuál es que se necesita para cambiar la realidad del país. Decida si quiere ser como el primero y quedarse esperando al líder o si prefiere ser como los dos últimos y ayudar a impulsar los cambios desde YA. Mis respetos y admiración a ellos.

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