Opinión Nacional

En busca de un Plan B

Venezuela es un país donde se siente profundo desprecio por las tradiciones,
es por eso que admitimos con la mayor naturalidad que éste y casi todos los
gobiernos anteriores, cambiaran a su antojo los nombres de calles, avenidas,
parques y autopistas; mudaran o desaparecieran estatuas, bustos y placas
conmemorativas; trasladaran obras de arte de un lugar a otro sin la asesoría
de expertos o simplemente las dejaran vandalizar y destruir. Mientras en los
países del primer mundo, en los del segundo y hasta del tercero, cada año se
repiten los mismos conciertos sacros, cánticos y villancicos al llegar la
navidad; aquellos maravillosos aguinaldos del siglo XIX que cantaba (en la
Venezuela pre-democrática) el Orfeón Lamas, bajo la dirección del maestro
Vicente Emilio Sojo, con los solistas Carmen Liendo, Teo Capriles y Antonio
Lauro; han pasado por todas las transformaciones rítmicas que van de la
guaracha al mambo, de éste al merengue dominicano, luego a la gaita zuliana
deformada, bailable y salsosa, hasta aterrizar en esa cosa horrenda llamada
regaeton.

El cambio de cuarta a quinta república le pareció –a la mayoría de entonces-
un gran avance: era como si hubiésemos subido un peldaño más en nuestro
ascenso hacia la gloria. Y poco a poco hemos ido tragando y digiriendo sin
mayores mortificaciones, todas las revolucionarias transformaciones que nos
han conducido de la categoría de país en vías de desarrollo a una cosa
extraña que quizá algún día logre ser apenas un país. El rechazo a la
ingerencia cubano fidelista en nuestra soberanía y seguridad nacionales, que
no solo fue general sino que costó muchas vidas de soldados de la patria y
de civiles, es hoy absoluta indiferencia ante el surgimiento de una nueva
entidad geográfico-política llamada Cubazuela, cuya bandera combina con
estilo (hay que reconocerlo) las de los dos países ahora fusionados por
voluntad de sus caudillos. Pero no todo es indiferencia, en muchos casos hay
entusiasta aceptación. Especialmente entre muchos de esos militares que
vieron con sus propios ojos morir a sus camaradas en la lucha anti castrista
de los años 60, o debieron haberlo aprendido en alguna cátedra de heroísmo
militar en tiempos idos.

Así como se esfuman las tradiciones, la memoria y el orgullo nacionales,
llegan modas cuyo origen es difícil de establecer. Por ejemplo, gracias a
eventos de ingrata recordación como el semi paro semi nacional de diciembre
de 2002 a febrero 2003, se puso de moda hablar de una cosa llamada Plan B.

Cuando el paro fracasó precisamente porque no fue general, llovieron
acusaciones sobre el hoy preso y condenado a 15 años de prisión Carlos
Ortega, Presidente de la central obrera de Venezuela y contra Carlos
Fernández, Presidente de Fedecámaras, hoy asilado político en los EEUU,
porque no tenían un Plan B. Es decir, nunca previeron lo que debía hacerse
en caso de que sucediera lo que sucedió. Así fue como los envolvió el
desprecio y la crítica destructiva de quienes tres días antes los aplaudían
e incitaban a que endurecieran sus posiciones huelgarias.

Peor aún fue lo ocurrido después del referéndum revocatorio presidencial del
15 de agosto de 2004. Los dirigentes de la Oposición que debieron presumir
desde el primer día que estábamos siendo víctimas de un fraude continuo y
que el gobierno jugaba con esos avezados políticos, gerentes y negociadores
como en un partido de grandes ligas contra el equipo de los Criollitos; no
preparó Plan B alguno para el día 16. De manera que fraude o no fraude, el
día crucial todos quedaron con los ojos blancos, sin vista y sin saber cómo
reaccionar. Cayeron por supuesto en el foso del descrédito de donde no han
podido emerger.

Hasta esta madrugada del jueves 5 de enero, cuando escribimos nuestro primer
artículo del Año del Perro (horóscopo chino), todas las carencias de planes
B eran atribuidas a la oposición hoy dispersa, escarnecida e incoherente
precisamente por el motivo anotado. Pero resulta que el viaducto número uno
de la autopista Caracas-La Guaira, obra maestra de la ingeniería en tiempos
del dictador Pérez Jiménez (1953) que llevaba unos veinte años
deteriorándose sin que nadie se ocupara seriamente de su recuperación; por
fin colapsó. Caracas, la capital de la República bolivariana, chavista,
socialista siglo 21, indigenista precolombina, proiraní, ollantahumalista y
evomoralista de Cubazuela, ha quedado totalmente aislada del resto del país
y del mundo. Aún admitiendo en sana justicia las responsabilidades de
gobiernos anteriores, éste que lleva siete años transformando, cambiando,
revolucionando, socializando, expropiando, invadiendo, anarquizando, robando
tolerando toda clase de abusos y tropelías cuando provienen de los “pobres”
llenando al país de Misiones (reparto de dinero a manos llenas), llevando a
prisión a cuanto opositor le estorbe, regalando millones de dólares a todos
los Kirchner, Evos, Tabarés, damnificados de New Orleans y pobres del Bronx
neoyorkino; este gobierno que no existe como tal porque se trata de un solo
hombre llamado Hugo Chávez; demostró ignorar que existen planes B, C, D o de
cualquier otra letra del alfabeto.

El plan B era la vieja carretera Caracas- La Guaira construida por los presos en tiempos de la dictadura gomecista, pero está plagada de ranchos, derrumbes en la vía y delincuentes que asaltan a cuanto aspirante a suicida se atreva a desplazarse por la zona. El plan C podría haber sido la vía El Junquito-Carayaca, pero ayer o anteayer el ministro competente (??) descubrió que está intransitable por los huecos y obstáculos en la vía. No hay tampoco plan D, ni plan E, solo incertidumbre y desesperación de quienes deben viajar al Interior del país y sobre todo al Exterior, y de quienes deben regresar por vía aérea para incorporarse a sus tareas habituales. Las importaciones de todo lo que comemos, bebemos, vestimos y calzamos y de los insumos con que nos curamos de enfermedades y trabajamos, están varadas en el puerto de La Guaira y su traslado -quién sabe cómo y por dónde- elevará los precios a niveles incalculables. El único fresquito que nos entra, en medio del caos que tal desastre representa, es que Chávez se quedará mudo en el próximo “Aló Presidente” y quién sabe si podamos hacerlo enmudecer definitivamente después de diciembre de 2006. Pero eso sí, preparemos un Plan B por favor.

 
 

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