Opinión Nacional

En defensa de Alemania

En el diario El Nacional del pasado 23 de julio apareció un artículo de opinión titulado “Mirada a la Alemania de hoy”, escrito por un musicólogo de Munich, llamado William E. Grim (traducido al español, sorprendentemente, por mi amigo Heinz Sonntag). El artículo de marras constituye una agresión a fondo contra Alemania y los alemanes como nación y pueblo, inadmisible tanto del punto de vista histórico como del de la tolerancia democrática.

El señor Grim empieza por explicarnos que él no es judío y que nadie de su familia murió en el Holocausto. Sencillamente es un ciudadano que, por donde vaya, cree descubrir huellas del pasado nazi en las calles, en el aire, y en las actitudes, todavía antisemitas y fascistas, de algunas personas cretinas con quienes conversa. Para él, esas personas y actitudes son architípicas de toda la nación germana, y su totalitaria conclusión es que “nada ha cambiado” y que “las condiciones…que llevaron al surgimiento del nazismo…están todavía presentes porque constituyen los componentes básicos de la identidad alemana…(El) nazismo…fue la destilación de la psiquis alemana en sus elementos esenciales”.

A diferencia del señor Grim, yo sí soy hijo de judío y he perdido a tíos, tías y primos en el Holocausto. Pero estoy convencido de que Alemania ha cambiado profundamente (más que cualquier otro país de Europa) en el transcurso de los últimos sesenta años. Las nuevas generaciones, nacidas después de 1945, y la propia generación que vivió la época hitleriana (en función de nazis, antinazis u oportunistas) fueron sometidas después de la guerra, y hasta hoy, a un proceso sistemático y sostenido de educación democrática y desnazificadora. A los alemanes occidentales (no así a los de la antigua RDA), se les ha inculcado una conciencia, ya no de “culpa” pero sí de “responsabilidad” colectiva por los crímenes del nazismo, en el sentido de un deber de luchar para que jamás se repitan. Por otra parte, la actuación de la Alemania federal y democrática de postguerra, en téminos de indemnizaciones materiales y morales a las víctimas del Holocausto y sus familias, ha sido inobjetable. El que hoy en día visite a Alemania en busca de lo positivo y no de lo perverso, encontrará múltiples contactos personales humanistas, progresistas y nacionalmente autocríticos.

Por encima de todo quiero recalcar que ningún demócrata debería generalizar sobre naciones y pueblos, ni creer en “características nacionales” inmutables. “Algunos” alemanes fueron criminales nazis. “Algunos” norteamericanos son imperialistas. “Algunos” venezolanos son pillos. Nunca todos.

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