Opinión Nacional

En defensa de la vida

“No dejes que tu barco se unda llegando
a la orilla de la costa luego de una tormenta
Porque entonces tus esfuerzos en alta mar
fueron vagos saludos al Dios Poseidón”
(Bezeka; 2006)

No deja de impresionarme, la gran capacidad de resistencia de la ciudadanía venezolana agobiada por tantos conflictos sociopolíticos y económicos; y sin embargo, el venezolano es un tipo de gente; ¡echao p´alante! como se dice en la jerga criolla.

Esa es nuestra gran virtud, pero también es nuestro talón de Aquiles de nuestra cultura popular y también política. Porque de ese empuje se aprovechan los demagogos y los corruptos, que entre la parranda y las buenas libaciones se discuten todos los asuntos. Eso sí, ¡Todo está Chévere! Como muy jocosamente lo dijo un día de forma hipócrita Bill Clinton al llegar a Caracas en aquellos años del gobierno de Caldera. ¿Se acuerdan? …
Pero la realidad dista un continente. Un continente y una nación cada día más pobre y cada día más subsumido en el atraso político, económico, cultural, familiar, moral, y de ello se siente en nuestro ambiente un pesar bizarro, casi masoquista, un descontento general, y sobre todo un hastío sin parangón. Algo casi irracional, dado que somos los ciudadanos quienes delegamos a nuestros representantes, pactamos con la condición temporal, de que cuando no nos representan como queremos tenemos la potestad de reemplazarlos.

Y aunque muchos ciudadanos tratan de hacerse los desentendidos, es decir, los locos, o los “pendejos”, (como sabiamente lo expuso un día Arturo Uslar) todos siempre terminamos en la constante incertidumbre de un futuro mejor. Simple, la inseguridad, el riesgo permanente, la ingobernabilidad pasada a formar parte de nuestra cotidianidad, aderezada por discursos retóricos, cargados de odios innecesarios. Es decir, desinstitucionalización de los patrones democráticos como forma de vida.

Así, las promesas incumplidas, el descalabro del Estado (Un Estado Forajido) y sus instituciones políticas como formas de vida, y como estafas planeadas, por “esos” o, “aquellos”, que creen poseer la sabiduría última; “los sabios”, “los rectos”, “los que nunca se equivocan”. Pero su cinismo, su carga valorativa destructiva, sus recelos borbónicos acumulados. Han logrado implementar odios innecesarios; han logrado desvirtuar las bases primigenias para la defensa de la vida, en paz y armonía.

De su tozuda cabeza de ignorante, que camina con píes de barro por América Latina, escupe estiércol y pierde su brújula histórica en un culto al pasado que no es tal, y que ni siquiera ha podido digerir entre lecturas trasnochadas casi a modo de regurgitación orgásmica cada vez que abre la boca.

El país necesita urgentemente una mano amiga, de políticos de partidos, y de una sociedad civil moderada, aunados un liderazgo sosegado, alejado de las irritantes vociferías. Necesita de verdaderos estadistas para no seguir subestimando a un pueblo cansado de tartufos al poder, para poder mejorar la gobernabilidad del sistema y reestablecer el Estado de Derecho.

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