Opinión Nacional

En la tierra de mara

José Vicente Pepper era un periodista venezolano sin escrúpulos que trabajó al servicio de las compañías petroleras y del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. En 1939 publicó un libro titulado Nos vamos a pique, uno de cuyos capítulos tiene el mismo título de este artículo. Es un ejemplo de la pluma vendida. Como este es un mal que se repite, transcribo ese capítulo a continuación. Cambie usted las palabras “Lago Petroleum” por “misión”; “compañías petroleras” por “PDVSA”; “yankees” por “revolucionarios”; y “médico venezolano” por “médico cubano”; y podrá trasladarse a nuestros días. No digo más, para intentar que la transcripción quepa en el espacio disponible. Ahí va:

“La pujanza del músculo. La epopeya de los hombres fuertes y el himno sagrado del trabajo, surgen a la orilla del lago, como Venus de las espumas del mar. En Maracaibo nació el petróleo para Venezuela. Cabimas es el pórtico de los campos petroleros de la Lago Petroleum: es una ciudad que tiene el aspecto de una colmena: todos, grandes y pequeños, hombres y mujeres, entonan el himno del trabajo y rinden culto al músculo. Aquella vida, aquel ir y venir, aquella actividad que cautiva y sorprende, es obra progresista de las compañías petroleras. En pleno campo de la Lago Petroleum se levanta el moderno edificio donde funciona el dispensario de la compañía, allí se atiende al enfermo, allí dan medicinas, allí se encuentran los pacientes manos cariñosas que curen sus dolores y voces de aliento en las duras faenas de la vida. Luego, es un mito el cacareado mal trato de las compañías para con los obreros que trabajan en sus campos. Un médico venezolano es quien atiende al dispensario, porque de esta manera hay más confianza. Los yankees saben hacer muy bien las cosas. La Lago Petroleum Corporation ha puesto empeño en el problema de la vivienda y lo ha ido resolviendo satisfactoriamente. En el campamento existen 19 casas para familias, cómodas, higiénicas, provistas de luz eléctrica y agua potable. Es lo que se llama una colonia de venezolanos muy bien atendida y en la cual existe un inspector que vigila la buena marcha del orden y está en la obligación de avisar a los superiores cualquier irregularidad que notare. El campamento de Punta Gorda está muy bien acondicionado y en nada tiene que envidiar al de La Salina. Hay que hacer notar lo siguiente: las casas tienen tela metálica para evitar que penetren los zancudos, alejando así al obrero del peligro del paludismo. Dichas casas tienen una altura de tres metros y están construidas con cemento armado. De esta forma viven los obreros del petróleo en los campos de la Lago Petroleum Corporation, muy en discrepancia con lo que dicen los líderes vociferantes, quienes en su afán de denigrar de las compañías petroleras, llegaron a decir que ni agua tenían en los campamentos petroleros, siendo que allí se utiliza el agua condensada y la usan todos, sin distingos de ninguna especie. ¿Por qué antes de pretender engañar al pueblo, inventando mentiras, no se acercan a los campos petroleros a confirmar si es verdad cuanto se dice contra las compañías petroleras? La Lago Petroleum piensa resolver el problema de la educación obrera, levantando un edificio para que funcione la escuela del campamento, dotándola de profesores preparados. Entra así mismo en los planes de dicha compañía el levantamiento de nuevas habitaciones para obreros, tomando en cuenta el problema de la vivienda entre la clase proletaria. Y extendiendo su radio de acción levantará otro edificio destinado al club de los obreros, porque los yankees saben unir la alegría con el trabajo. Esta es la realidad de los trabajadores del petróleo en las tierras de Mara, lo demás, insidia y propaganda interesada”.

El mero núcleo revolucionario endógeno Fabricio Ojeda, pues. Tal como se lo han mostrado a Danny Glover, Sean Penn, Noemí Campbell, Oliver Stone y a tantos intelectuales revolucionarios norteamericanos, europeos e indoamericanos que difunden la buena nueva en sus países de origen, para que se contraste tan auspiciosa realidad con los horrores de las sociedades racistas y discriminadoras de occidente, las cuales no tienen la misma sensibilidad social que otrora tuvieron las compañías petroleras y que hoy ostentan las misiones y comunas revolucionarias. Con la ventaja adicional, en nuestros días, de que, además de las plumas complacientes y los libros, se cuenta con los más sofisticados y tecnológicos medios de comunicación, con las televisoras y las gigantografías, así como con la potestad de transmitir los mensajes a través de cadenas por la red nacional de televisión y radiodifusión. Hoy como ayer, la verdad siempre vence, siempre que se la repita suficientemente y se tenga el poder y la valentía para hacerlo. José Vicente (Pepper) sabía de eso. Pero la nueva generación sabe aun más.

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