Opinión Nacional

En mayo perdió la autoridad y gano la imaginación

“Los países son falsos los individuos quizás no lo sean,
si es que el individuo es el mismo
al cabo de muchos años” Jorge Luís Borges

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En Mayo del 68 lo que se produjo fue una crisis de autoridad, declara el 4 de octubre de 2007 el escritor y político Bernard–Henry Lévy al Nouvel Observateur.

Sin duda que la autoridad fue uno de los valores sometidos a juicio durante los eventos del 68, sino el más criticado fue uno de los mas amonestados en la mayoría de las asambleas públicas en las que tuve como estudiante “seseta y ochero” la suerte participar en esos días de mayo en París.

No era poca la benevolencia y exagerado culto que el tema de la autoridad despertaba en los franceses, así como infinitas sus expresiones y exageraciones, algunas, casi lacerantes en la dignidad del ciudadano común. Sobre todo si este era un estudiante, pues la forma de mantener el formulismo académico pasaba por rutinas, algunas rayanas con el absurdo.

Asistía por primera vez a una clase en un anfiteatro, de la Facultad de Derecho de la Sorbona, en medio del normal murmullo de las conversaciones propias de la gente joven, de pronto surgió un ujier trajeado de estricto frac que portaba un báculo de proporciones olímpicas, colocado en medio del auditorio, golpeo sonoramente el piso y con notable e imponente voz anunció a “con Uds. el Prof. Kellerman, silencio y pónganse de pié”. La magia, por una pequeña puerta apareció el Profesor, se sentó en una mesa, y de nuevo el ujier, golpeando el piso, en medio del silencio absurdo, nos autorizó para volver al sentarnos. El rito se volvió a repetir cuando terminó la clase y con todos de pié hizo mutis el profesor y su solemne mayordomo.

Nada que decir cuando me acerqué en el pasillo a otro profesor para solicitarle una información sobre un trabajo, entre sorprendido y más aún, casi arrecho, me informó que el no hablaba con los estudiantes, que solicitara información con sus asistentes. Lo hice, corría el mes de enero, el asistente I, con desazón propia de una vestal, sin mirarme la cara me extendió un papel y me dijo que podría verlo 14 de abril, “en la tarde”. Fin.

La anécdota no refleja sino un estado de cosas que delataba el poco aprecio que se tenía por la población estudiantil, de allí que la medida tomada el tres de mayo por las autoridades superiores de la Universidad que ratificaba la sanción solicitada por el Decano de Nanterre de expulsar seis estudiantes, se produjo una primera reacción, que llevó a los estudiantes a las inmediaciones de la Sorbona en el Boulevard de Saint Michel dando escenario al primer gran enfrentamiento con la policía y marcó el inicio de las acciones del fenómeno del 68.

Desde ese día y durante un largo mes el poder popular y los estudiantes pusieron el jaque la autoridad del Estado francés, logrando lo inesperado, demostrar que este inmenso factor mandón e imponente, era vulnerable hasta lo inesperado, la salida de París del General De Gaulle y el silencio de ese otro General y primera autoridad militar de Francia, Charles Pompidou así lo evidenciaba. Esa realidad comprobaba que el las frases, “pidan lo imposible” y “la imaginación toma el poder” tenían sentido, y los hechos así lo demostraron consistentemente.

¿Pero cuales factores son la causa de mayo del 68?.

Obvio que la demasía de la autoridad y su desmedida presencia fue causa actora y muy principal. La pregunta es por que ejercerla fuera de los límites de lo “normal”, quizás la respuesta se encuentre en la misma estructura de la sociedad francesa de la época. En los diez años anteriores al 68 fue obvio el crecimiento de la economía francesa, impresionaban los datos y los elementos súper estructurales lo demostraban, aunque, no era lo mismo en el campo de vida social, menos aún el campo de las costumbres ciudadanas. Francia no había logrado, sacarse las ataduras de la autoridad moralizante que fijaba normas y maneras sociales eminentemente victorianas. Muy a pesar de aquello que los cuentos de camino que propalaban sobre las extensas expresiones de liberalización de los comportamientos sexuales, sobre todo de sus mujeres, lo cual no era sino una fabula machista, que denotaba absoluto desprecio por el género femenino. Eso de “cherchez la femme”, era un mito callejero, que se traducía popularmente como “cazar la tipa”, y solo tenía vigencia para aquellos que en tanto galanes con tarjetas y carnet del jet set se permitían comerciar con los ejercicios del sexo.

La gente normal vivía de prácticas y modas en casi nada diferentes a aquellas de sus iguales de otros países. Tan notoria era que resultaba imposible, antes del 68, por ejemplo, que una joven pudiera estar en los espacios del área de dormitorios de los varones después de las seis de la tarde, bajo pena de ser expulsada de la (Cité Universitaire) Ciudad Universitaria. Recuerdo haberle escuchado a una colega llamada Genevieve Fríase para la época, estudiante de Filosofía, que ella había comenzado luchando contra la guerra de Viet Nam pero luego descubrió que la autoridad poseía una extraña y hasta perversa obsesión contra la figura femenil. Comprende por primera vez que es necesario construir un nuevo imaginario sobre el género que no parta del fetichismo sobre la textura y transparencia de las prendas femeninas, sino que acuda a valores trascendentes.

Era infinita la masa de impedimentos sobre la manera de querer limitar los hábitos sociales de la gente, rasgo que delataba pacatería y absoluto desprecio y hasta xenofobia pasando por racismo como propiedad de esta sociedad pre 68 adonde la autoridad y el autoritarismo se imponían como moneda de uso legal. Todo lo cual era contradictorio con las expresiones de modernidad que se presentían con la novedosa implantación del modelo de sociedad de consumo como moda. Francia se introducía en la sociedad del dispendio, pasando de sus modestos y obligados patrones de gasto de una sociedad de la post guerra, dando un salto para inaugurarse en las regias normas del hiper consumo y el derroche.

Todo bien, relativamente, puesto que la hipocresía de sus autoridades no le permitían que ese mismo avance se produjera por ejemplo en el campo de las costumbres, entre otras, las sociales. Era notable la situación de esquizofrenia social que decretaba la autoridad vigente, puesto que avanzaba por el lado económico y reprimía en el ámbito de las costumbres sociales. De esta contradicción, entre muchas otras, era previsible que cualquier pretexto debiera producir una reacción de violencia contra la autoridad como la que se produjo.

¿En este escenario cuales eran las perspectivas para un joven francés de la época¿. Si era estudiante, padecía de los patrones de control de una autoridad inmensa e insensata, con el agravante de que su destino profesional estaba casi decretado por una ruta hacia la desocupación. Las cifras de desempleo eran notables, tanto para jóvenes profesionales en busca del primer empleo como de aquellos de su misma edad que provenían de las (banlieu) barriadas de los alrededores de París. Para los jóvenes obreros las limitantes eran mayores, pues sus ofertas de empleo disminuían día a día, otra fuente de contradicciones dentro del mundo político francés que tensaba aún más el clima social.

Los jóvenes obreros, bien empleados, o en situación de desempleo, tenían poca o ninguna confianza en la autoridad de sus jefes sindicales, no los respetaban y muy al contrario de lo esperado los miraban como agentes de intereses ajenos a su clase.

De una situación particular que hubiera podido resolverse de otra manera, surge como causa del descontento y contradicciones relatadas, en mayo, una ola cuyo acción y efectos aún no ha terminado. Debemos decir que fue un grito contra una autoridad desmedida en sus respuestas opresivas, quién respondió con el lanzamiento de la policía elite francesa antimotines contra los estudiantes. Grupos de represión con una capacidad terrorista (saña que ya habían demostrado en las acciones contra los grupos del Ejercito de Liberación de Argel) dispuesto a aplicar su autoridad a rolazos (batón rompue) y bombas, todo con la intención de acallar algo que el Estado francés sospechaba, o sabía: haber construido un gran edificio económico sin ninguna ladrillo ni cemento ni gracia social que lo sostuviera. Antecedente más inflamable que esto, imposible.

Estos historiales gestan la base de una unidad novedosa, obreros jóvenes y estudiantes, ambos tienen en común un futuro incierto y se miran miopes para visualizar un espacio laboral que les asegure un mínimo confort. Durante el desarrollo de los eventos de la calle en el 68 los obreros comienzan por negar a sus autoridades sindicales y crean nuevas formas de organización algunas de las cuales aún superviven (la Liga Comunista, Lucha Obrera, Alianza de los Jóvenes por el Socialismo, Internacional Situacionista). Los estudiantes descubren una fantasía política novedosa y comprometida con causas menos circunstanciales que las meramente estudiantiles, esto en algunos casos también contradicen a sus autoridades, caso Cohn-Bendit, quién venía de declarar en entrevista con Jean Paúl Sartre, que ellos no tenían en mente ninguna toma de algún Palacio de Invierno (clara alusión a la mitológica toma de los bolcheviques y mencheviques del palacio Mijailovsky, Petrogrado en 1917, extremada en detalles estrictamente cinéfilos por la película Octubre de Einsenstein) y que se proponían solo llevar a cabo una REVUELTA. Sorpresiva e inesperada respuesta de este líder.

Concluimos que se produjo definitivamente una insurrección contra esa estrategia del mal que en Francia constituye la mitología de la AUTORIDAD. Se deja de creer en todas las diversas formas que adopta la autoridad que solo sirvieron para reprimir y limitar a los seres humanos y sobre todos a las minorías (étnicas, raciales, sexuales, culturales, género).

Esta ruptura hace surgir una sociedad que se pretende mas honesta, menos hipócrita y agreguemos que el mismo quiebre de la línea autoritaria hace que surja una ola imaginativa creativa fácilmente observable solo con la lectura y diseño de los afiches y graffiti que inundaron el Barrio Latino y otros lugares de París. Se produjo una verdadera frente contra los modos de la autoridad convencional universitaria, mas nunca aparecieron los ujieres en los salones clase haciendo ejercicios de fantasmas de acompañamiento al dogmatismo y los modos hipócritas de relacionarse los docentes con sus alumnos. No poca cosa
Al evaluar este mayo-68 hay que evitar varias situaciones, pues calificar a Mayo como un programa estrictamente “antirrepublicano”, o verlo como nirvana “nihilista”, o un ejercicio “anticultural”, o negarle los efectos sociales de sus acciones, o creer que era solo fue una excusa para justificar una salida política y evitar las tensiones y cólera social de los “endiablados y perrerosos estudiantes”, o tenerlo por un movimiento de puro caos en cuyo caso se justificaría usar todo el poder para hacer volver la autoridad, es algo injusto y limitado.

Sin embargo hay que reconocer que al final la autoridad regresó y oímos, al grito de ¡!viva De Gaulle viva Francia!! su vuelta triunfal y volvió el silencio, temporalmente, a París. ¿ Se supone que todo volvió y está en normalidad¿

Cuarenta años después encontramos la autoridad rediviva con los mismos gestos hipócritas ahora representada en el ex esposo de Cecilia y actual marido de la Carla, aun apurado tratando de apagar con mucha autoridad los fuegos de todas noches de las barriadas parisinas, mientras él se pasea en yates de sus amigos y su ministro de salud declara que ese problema de los barrios se debe a que sus pobladores “son unos polígamos”, declaración que pareciera haberla pedido prestada a nuestro filosofo del Zulia.

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