Opinión Nacional

Endogamia Parlamentaria

Desde tiempos inmemoriables y en diversas culturas se conoce la práctica de la endogamia, al promover u obligar a sus miembros a contraer matrimonio dentro de grupos concretos, clases o segmentos de la población. La endogamia está definida por estrictas reglas establecidas por convicciones morales, de tradición o religiosas, cuyo objetivo es construir y defender la homogeneidad del grupo, hacerlo compacto y unido y diferente de los demás. El sistema de castas en la India o de las casi desaparecidas casas europeas de la realeza y la nobleza son ejemplos de tales grupos. Tampoco es extraña la ambición de poder dentro de la práctica de la endogamia.

Endogamia que degenera
Pero, contrariamente a lo que se persigue, que es la supervivencia, la endogamia está sujeta a una degeneración biológica que conduce también a una degeneración del comportamiento, lo que dirige al grupo o a la tribu hacia su extinción. ¿Cómo se explica este resultado? La genética clásica, a través del contenido del término inbreeding, equivalente al de endogamia, demuestra que el entrecruzamiento entre parientes muy próximos, ya sean plantas o animales, si se practica repetidamente, conduce a una disminución de la diversidad genética y a un incremento de la expresión de los genes responsables de las características recesivas, cuyo resultado es una depresión genética. Esto genera individuos que exhiben una salud y un estado físico reducidos y menores niveles de fertilidad.

La Asamblea Nacional Venezolana
Más allá de lo estrictamente biológico, existe también la endogamia intelectual de un colectivo, que nada tiene en común con los objetivos y reglas de las asociaciones gremiales o de los sindicatos laborales.

Es el caso de la Asamblea Nacional (AN) venezolana, que ha devenido en un poder política e intelectualmente homogéneo, comprometido y subordinado al poder del Gobierno Central y sus otras dependencias y por tanto acrítico, autómata, como expresión del autoritarismo del Poder Ejecutivo. Esta endogamia parlamentaria monocromática impone a sus miembros un sistema de trabajo que diluye las posibilidades creativas del individuo en aras del mantenimiento del orden ya establecido. Es escasa la posibilidad de que sus miembros generen un enriquecedor debate e intercambio de ideas esclarecedor, constructivo y productivo debido a la baja diversidad de su pensamiento, al compromiso político y a la sumisión intelectual.

El impacto negativo de la endogamia parlamentaria venezolana es asumido tanto por la propia AN como por los diputados al haber aprobado una ley habilitante, suerte de cheque en blanco, que le cedía al Presidente de la República amplios poderes para legislar, en casi cualquier materia. En la misma magnitud restringieron la labor y las responsabilidades que la Nación les confió en su más alto grado. Esto los ha condenado a trabajos secundarios que subutilizan su entrenamiento o talento. Lo que se observa es el efecto degenerante de la endogamia antes referido.

¿Creer en la Asamblea?
Pocas veces en la historia republicana del país mereció un Parlamento tan escasa reverencia como el actual. Simples curules vacías, títulos huecos, poder doblegado. Encadenado por la oquedad de las palabras necias del gran demagogo, obsesionado a su vez por un enfermizo impulso de reacomodar a su gusto la historia venezolana, tanto la grande como la que se escribe todos los días. Una institución transformada en una oficina más del poder central, con su autonomía extraviada. Parlamento mudo, poder amputado que olvidó su papel contralor del Poder Ejecutivo, reducido a la aprobación automática y formal de algunos de los viajes al exterior del Presidente. Inactivo frente a la impúdica corrupción que corroe a los estratos gubernamentales y su extensión hacia el país. Ausente en su obligación de control sobre el Gobierno y la Administración Pública en general, como interpelar a todo funcionario público, particularmente a los ministros del gabinete ejecutivo para fiscalizar su gestión administrativa. Cómplice del secuestro de la libertad de que cada ciudadano pueda expresar sus ideas sin temor a la represión, consustancial con toda democracia, lo que se interpreta como el paso previo obligado para concretar la entronización o reelección indefinida del Presidente en el poder. Este objetivo está, en estos momentos, claramente definido como tema central de las discusiones que a puertas cerradas conduce una espuria comisión que modifica, a su placer, todo el contenido de la Constitución de 1999. En otras palabras, así se pretende institucionalizar la dictadura. Contrasentido. ¿Revolución desde arriba…? Ergo, la democracia actual en Venezuela no es real, es hipotética, es un simple eslogan, una consigna barata, un estado de transición hacia la dictadura.

En un Parlamento democrático, las leyes son elaboradas para promover la libertad, el diálogo, la concertación y el respeto a los derechos humanos, para la cooperación, la integración y la paz entre los ciudadanos del país y su proyección hacia el exterior, para su progreso espiritual y material. No es ese el caso de la AN venezolana, pues su accionar es la expresión del resentimiento y descalificación hacia todo lo que signifique la voz disidente. Esto hace que su credibilidad ante la nación sea cada vez menor.

Una proposición
Ante el notorio bajo nivel de capacitación e información de numerosos diputados de la AN y la superficialidad de las discusiones, a mediados del año 2006 la organización Liderazgo y Visión ofreció a la presidencia de la AN, quizás ingenuamente, un programa de trabajo para que los diputados asistieran a cursos de formación y actualización, que redundaría en el mejoramiento organizativo y en la calidad del trabajo parlamentario. Se desconoce el resultado de esta proposición. Tal vez haya sido rechazada por no provenir de personas afectas al gobierno o por preferir profundizar el trabajo de ideologización, dejando de lado otras opciones que existen en las modernas democracias reconocidas.

Responsabilidades olvidadas
La AN parece olvidar que su función legislativa tiene que sustentarse sobre asuntos de valores y de ética, como se menciona claramente en el Artículo 2 de la Constitución, que corresponden a los principios de responsabilidad, de justicia, de beneficencia, de autonomía, de no-maleficencia. Que es para sentar las bases de la felicidad de la ciudadanía. Que entender que vivir en democracia es valorar las diferencias y respetar la pluralidad. En consecuencia, le haría falta un acto de reflexión, de confrontación consigo misma, con honestidad y contrición, para hurgar en sus deficiencias, admitirlas y decidir, humildemente, corregirlas, para el bien del país y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Solamente así podrá reivindicarse ante Venezuela. ¿O preferirá profundizar la extinción endogámica?

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