Opinión Nacional

Enmendar el estado de derecho

Pareciera ser una idea titánica, pero como toda idea en su comienzo siempre tiene sus dificultades para realizarse. De hecho, en un ex – país como Venezuela, se nos presenta casi como a modo de hipótesis para pensar superar el atraso del sistema político institucional. Sí, parece risible, pero así está la política.

En efecto, luego de décadas de democracia de partidos (con todo y sus errores) el Estado Constitucional venezolano de Derecho se postulaba como una solución posible frente a los desmanes de los gobiernos de turno, independientemente de sus ideologías o posturas políticas.

No por casualidad “la revolución bonita” ha diezmado de manera programática las bases del Estado de Derecho. En sí, la falta de protección a la soberanía (narcotráfico, guerrilla, paramilitares, G-2 Cubano, grupos organizados de secuestro, corrupción policial). En tal sentido, El control del territorio, cada día luce menos coercitivo en los asuntos delictivos; y por ello la desinstitucionalización de la autoridad. En sí, la capacidad de control como monopolio de la coacción física legitima queda en manos de la criminalidad, el pillaje y la corrupción.

Así, la diversificación del control para crear instituciones idóneas, respetadas y abaladas por los representados, pasan a manos de un show telemediático del populismo más extremo, que raya en un claro autoritarismo personal. Es decir, se reinventa en una suerte de neopopulismo caribeño reaccionario, desvirtuando toda postura ideológica en pro de la antipolítica tanto de la derecha como de la izquierda en la democratización del sistema político.

También, la internalización de una identidad colectiva se quiebra en el momento de la construcción de una identidad nacional que ya no se posee. Ello conflictua el sentido de comunidad nacional a una sola ideología militarista – demagógica, provocando poca comunicación entre los propios nacionales. Entre Estado y Sociedad civil.

Este proceso de estupidización de las instituciones (en poder de pocos) ataca la externalización del poder que implica el reconocimiento del Estado por los demás, cuando se desmitifica posturas confrontacionales en la diplomacia internacional.

En sí, si se piensa enmendar el Estado de Derecho Constitucional, en este mal llamado proceso revolucionario, en donde las virtudes políticas y la capacidad de justicia, igualdad política y competitividad electoral entre partidos no existen, la política se extravía en la panza de un animal político llena de petrodólares. De manera tal que se pierde la razón de Estado en una razón acomodaticia a los caprichos del líder transmutado que se cree la reencarnación de Bolívar.

Asimismo para el reestablecimiento de las bases del Estado de Derecho tenemos que: 1- reordenar una comunidad de respeto a los poderes públicos políticos hacia sus representados; 2- reestructurar un balance en los poderes del Estado. Es decir, reencontrar el control; ¡muy importante! El control sobre la rendición de cuentas del gobierno en el cumplimiento de las leyes creadas por el Estado hacia sus ciudadanos. 3 – buscar soluciones pactadas desde diversas ideologías políticas que implique volver a operacionalizar, y sobre todo, generar un clima de confianza en la ciudadanía. 4 – Crear una democracia cónsona con las demandas del mundo actual en la búsqueda de mayores libertades y respeto a los derechos establecidos. Respeto a la propiedad privada, la libertad de prensa, las mejores condiciones en la seguridad social, descentralización de los poderes, y un sistema de justicia cabalmente separado de los poderes ejecutivos y legislativos como lo postularos teóricos políticos como Montesquieu, James Madison, Jeremy Bentham y James Mill entre otros. Porque para ellos la política significó y aún persiste la idea, de un Estado Constitucional liberal en donde la política es; por encima de todo, la actividad gubernamental en donde los poderes del Estado deben ser impersonales, circunscritos y divididos en ejecutivo, legislativo y judicial. Para garantizar la libertad frente al trato arbitrario y la igualdad ante la ley.

Entre tanto, ¿será posible mejorar la gobernabilidad del sistema político en manos de un CNE pro ejecutivo?… ¿Garantiza ello la libre competitividad partidista sin la coacción por parte del personalismo reinante en las instituciones secuestradas?… ¿Son viables unas elecciones presidenciales con las instituciones personalizadas?… ¿La permanente confrontación diplomática en los asuntos internacionales, tanto políticos como comerciales, dará estabilidad al Estado en el tiempo y en el espacio con respecto al negocio petrolero y otros rubros? La respuesta es un rotundo NO.

Por ello enmendar y restablecer el Estado de Derecho en Venezuela es una tarea urgente para lograr la estabilidad institucional, y sobre todo la sana gobernabilidad.

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