Opinión Nacional

Entre conucos, maletas y fusiles

El régimen bolivariano insiste, entre conucos, maletas y fusiles, en legalizar los atropellos y las arbitrariedades que viene cometiendo con la mayor insolencia desde 1998, mediante una reforma constitucional que lejos de ser una iniciativa popular, propia de una democracia verdaderamente participativa, que tanto pregonan los revolucionarios bolivarianos, responde a las ambiciones desmedidas del Presidente. Una reforma formal y materialmente antidemocrática que busca imponer definitivamente un modelo político, económico y social que no responde a la realidad del país ni a los intereses de los venezolanos.

El proyecto bolivariano es peligroso y así deben verlo todos adentro y afuera. La realidad venezolana es grave y no solamente porque la administración sea la más ineficiente de nuestra historia, a pesar de los inmensos recursos recibidos por la renta petroleras, ni por estar minada como nunca, por la corrupción más evidente ante la pasividad y la complicidad de los órganos de control; tampoco porque los poderes y las instituciones están sometidos al Ejecutivo, sino porque el régimen bolivariano intenta destruir aceleradamente nuestra sociedad y construir otra que no responde a nuestra realidad.

Es grave que la Presidenta del Tribunal Supremo en discurso en el que se muestra experta en Agronomía y Sociología agraria, proponga soluciones tan absurdas como la de los conucos y los gallineros verticales –en una nueva versión, se entiende- como centro del proceso de desarrollo sostenible. Un disparate mayúsculo.

Es muy grave también que el régimen sea ineficiente y corrupto, que las instituciones no funcionen, que la Asamblea decida que en el caso de la Maleta “no hay evidencias” suficientes para iniciar una investigación y, como dice Tascón, además, la Asamblea debe querer hacerlo. Disparate mayúsculo también, acompañado de arrogancia, con una fuerte dosis de totalitarismo

Pero mucho más grave es el cambio que trata de imponer el proceso bolivariano a los venezolanos y más allá, según sus propias declaraciones, a los latinoamericanos. De lo apacible, a lo guerrero; de lo pacífico a lo violento. Ese es el planteamiento más peligroso que nos presenta la “revolución”, ya ni tan bonita, ni tan pacífica.

En sus discursos, el Presidente, apoyado por sus Ministros, militares, gobernadores, brigadieres, reservistas y de la “estrella” Maradona, hace un llamado que contradice el espíritu y la conciencia del venezolano. Ello no puede sino horrorizar al más apático. No solamente se confirma la compra de miles de rifles rusos, sino que anuncia su uso “no convencional” para defender la soberanía desde las montañas, la selva, los cerros. Un nuevo llamado a la confrontación, ajena a los venezolanos hasta ahora. Un disparate inaceptable.

Esa es la realidad venezolana, esa es la crisis que no quieren ver afuera una dirigencia política interesada que ignora deliberadamente la situación de los venezolanos. Entre conucos, que muestran el retraso del pensamiento y de la supuesta ideología que se propone; la maleta, que refleja los niveles de corrupción y de tolerancia e impunidad ante el delito contra la cosa pública; y, los fusiles, que prueban el carácter confrontacional y la mentalidad guerrerista que se nos quiere implantar, el régimen impone una reforma constitucional a la medida de las ambiciones, para perpetuarse en el poder y arrasar con un país que venía, entre altos y bajos, transitando por el camino del crecimiento, en un marco de libertades y de justicia.

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