Opinión Nacional

Entre el Che y el Tío Sam

Con una foto del Che Guevara y una paca del Tío Sam, la «revolución bolivarista» se ha vuelto una especie de pulpo de poder, convulsión e intervencionismo en América Latina y más allá.

Puede que Venezuela esté cada día más vuelta ñoña, pero el señor Chávez se ufana, también cada día más, de aumentar su poder en nuestro país, en Bolivia, Nicaragua, Ecuador, en parte de Colombia y, no faltaba más, en el futuro de Cuba.

A eso se dedica exclusivamente y a eso dedica las petrodivisas de la nación venezolana que, con el barril en las cercanías de 70 dólares, financian botijas, chequeras, maletines y hasta presupuestos de repúblicas a lo largo y ancho del Continente.

El «week end» cubano, por ejemplo, si algo demostró es que la dupla Fidel-Chávez quiere seguir gobernando la isla después del esperado funeral. ¿O es que el parapeto de la «Confederación» no es la alternativa «revolucionaria» a la apertura cubana sugerida por Raúl Castro?

En ese sentido, tal parece que el delirio guevarista del mandamás miraflorino no fuera tanto un tributo a la deidad del Che, sino una amenaza poco velada a las carantoñas del raulismo con los gringos y los europeos. ¿Contra quién serían esos aplausos y esos vítores?

Es probable que Fidel ya prefiera a su discípulo Chávez Frías que a su hermano Castro Ruz, y ello le complicará la agenda al adalid de la revolución bolivarista, siempre ajetreada entre La Paz, Managua, ahora Quito, y los afanes por llevar adelante su propio «Plan Colombia».

No yerra el ex-presidente boliviano, Jorge Quiroga, quien por cierto no llegó al Palacio Quemado por elecciones sino porque se murió de cáncer el general Banzer, cuando reconoce el poderío regional del señor Chávez.

Acaso Bolivia sea el supuesto más extremo del subimperialismo rojo-rojito, y es que el presidente Morales debería decirle a su mecenas que «no me defiendas compadre», cada vez que sale por televisión argumentando que «Evo no es bruto».

Y el descaro interventor es ilimitado, porque un día le echa en cara a Alvaro Uribe que no le deja resolver el problema de la paz colombiana, y en la siguiente perorata le advierte a la oposición boliviana que mandará sus propios «marines» si siguen molestando a Evo, y más adelante le pontifica a Rafael Correa cómo refundar al Ecuador, y así por el estilo.

Pero los tentáculos revolucionarios no se limitan a las vecindades de Venezuela, sino que van por el mundo repartiendo recursos financieros con fines políticos en lugares tan remotos y exóticos como Bielorusia, Bohemia y Moravia, y hasta la alcaldía londinense.

Que nadie se extrañe, por tanto, que la billonada petrolera no alcance ni para proveer los productos elementales de la dieta básica de la familia venezolana, y es que el señor Chávez anda muy ocupado en acrecentar su injerencia hemisférica y planetaria, en nombre de la revolución radical y con la caja registradora para sus aliados, protegidos, vivianes y afines.

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