Opinión Nacional

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En la primera mitad del siglo XIX el liberalismo conquista a Occidente, sostienen algunos estudiosos. Se trata de un movimiento de emancipación, enemigo de los privilegios que, a través del estado y mediante los impuestos y ciertas restricciones a la libertad económica, según sus detractores, beneficia a unos en detrimento de otros.

El liberalismo contrapone la razón y la ciencia frente al oscurantismo y la superstición. En el campo de la economía, el liberalismo defiende el laissez faire contra el mercantilismo.

Adam Smith, en primer lugar, y David Ricardo luego, establecen las bases de lo que hoy se conoce como la Escuela Clásica de Economía. El sistema propuesto por Ricardo, aunque adolece de graves fallas, aparenta ser un andamio lógico impecable.

Paralelamente, y además de los partidarios del Antiguo Régimen, existe un movimiento socialista utópico, acientífico y cuasi-místico cuyos principales representantes son Fourier, Owen y Saint Simon. También aparece otro movimiento mejor fundamentado que incluye a Lasalle, Sismondi y Roedbertus.

En su Historia del Pensamiento Económico, Murray Rothbard hace un formidable repaso genealógico de este tipo de movimientos que abarcaría desde Espartaco a Tomás Moro, de Campanella a Thomas Múnzer y los anabaptistas alemanes y de Platón o Esparta hasta Gracus Babeuf y su Liga de los Iguales. En este contexto aparece Karl Marx. Marx había alcanzado cierta difusión con la publicación, en 1848, del Manifiesto Comunista; pero es en 1857 con El Capital cuando ocupa un lugar dentro de la Economía. Lo que distinguía a Marx del resto de socialistas utópicos era su argumentación supuestamente científica (pseudo-científica en realidad) y su lenguaje «liberal» para atacar el liberalismo.

Marx sostenía que también él quería acabar con los privilegios de clase y con el estado como instrumento de explotación. Al igual que los liberales, se definía como progresista, racional y científico e izquierdista (el término “izquierda” tiene su origen en la disposición de los escaños que en el Parlamento francés del Antiguo Régimen ocupaban los que se oponían a la Sociedad Estamental). No sólo eso. Se tomo para si, se apropio, el lenguaje y las expresiones usadas por los liberales y les endilgó que eran la derecha. (Hizo uso de uno de los posteriormente llamados “principios de J Goebbels”, el Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”). Así, tal cual procede el presente régimen rojo, rojito.

El sistema de laissez faire, en el lenguaje usurpado de Marx, era una nueva forma de opresión. Una clase -los propietarios capitalistas y burgueses- explotaba a otra -los trabajadores asalariados-, a quienes Marx denominó proletariado.

Un paréntesis. ¿Qué les parece la actual hazaña de la robolucion: el hombre nuevo, producto de diez años de adoctrinamiento, en convivencia con el gobierno robolucionario asalta los dineros del pueblo? ¿Por qué no va preso el responsable de la robolucion y sus ministros? ¿Acaso no responden por los actos de la robolucion? ¿Acaso los beneficiaros firmaban por los burócratas?
Así como la nobleza vivía de los tributos procedentes del resto de la sociedad y así como los señores feudales se alimentaban del trabajo de los siervos de la gleba, los capitalistas, según Marx, vivían a merced del beneficio empresarial que no podía provenir de otro lado que del excedente sustraído al trabajador, al que le dio el nombre de plusvalía.

Sobre esta base, Marx cimentó sus conclusiones acerca del futuro del capitalismo: creciente concentración de riqueza en pocas manos y tendencia al monopolio -la eterna cantaleta comunista de pobres más pobres y ricos más ricos-; tasa de beneficio decreciente conforme aumenta la acumulación del capital con las consiguientes crisis, de intensidad cada vez mayor, para desembocar finalmente en una dictadura del proletariado cuando los desposeídos, cada vez mayores en número, se apoderasen de la propiedad capitalista.

La acusación de Marx fue grave y su teoría ambiciosa y fantástica como intento de explicar la realidad, no podía, en ese momento, ser ignorada. Se hacía por tanto ineludible examinarla en profundidad, pues de su veracidad o falsedad podía depender el futuro de la sociedad conocida.

El insigne economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk (1850-1914), profesor de política económica de la Universidad de Viena y tres veces Ministro de Hacienda de Austria, se dedicó a inspeccionar la tesis de Marx y a darle respuesta.

Examinemos cuales fueron los resultados. De sus escritos, nos referiremos al titulado “Una contradicción no resuelta en el sistema económico marxista» publicado originalmente en 1896. En el, Boehm-Bawerk resume y da por finalizada su refutación de la teoría económica de Marx, cuyos puntos fundamentales ya había planteado en “Capital e Interés” antes de que Engels diera a conocer los dos volúmenes siguientes de El Capital. En efecto, Marx publicó sólo el primer volumen de El Capital en donde dejó trazada una aparente contradicción entre la experiencia y su doctrina.

Las afirmaciones de Marx: “en las diferentes áreas de la producción se generan niveles disímiles de rentabilidad, correspondientes a los diversos modos de incorporación del factor trabajo (el productor de valor) en los distintos sectores de la economía”. Pero Marx conocía que en un régimen capitalista de libre mercado hay una tendencia a que se iguale la rentabilidad en las distintas áreas de la economía. Pero no lo reconoció ni lo dejo por escrito. Los teóricos y estudiosos esperaron en vano esa rectificación en la continuidad de El Capital, pero no llego, no lo hizo.

Boehm-Bawerk y otros vaticinaron que la solución planteada por Marx era imposible: había que abandonar la teoría del valor objetivo del trabajo que Marx sustentaba. Así quedo sin sustentación su planteamiento de la explotación y alienación económica que es enmascarada a través de mecanismos «súper estructurales»: la religión, la moral, la cultura, el derecho, etc.

Engels publico el segundo volumen de El Capital en 1885, pero sin la respuesta esperada. Cuando Engels dio por terminada la edición de los manuscritos del tercer volumen sostuvo que en los 27 años transcurridos nadie había dado con la respuesta correcta que ahora se publicaba.

La explicación dada en los tres tomos de El Capital desencanto y desconcertó a marxistas y socialistas. Al punto que Werner Sombart, intentó una reinterpretación de la solución propuesta por Marx, quien terminaba diciendo que el valor del trabajo acumulado de un bien «se transformaba» en su precio de mercado (o «precio de producción» en la jerga de Marx).

Lo inconsistente y desconcertante era que en tal formulación de Marx la introducción de la hipótesis según la cual el valor de un bien es generado por el trabajo perdía toda utilidad y se hacía innecesaria y prescindible.

Boehm-Bawerk sostuvo, entonces, que esto equivalía a abandonar la teoría del valor que fundaba la teoría de la explotación de El Capital. El análisis profundo y minucioso de Boehm-Bawerk ha tenido indudable influencia. Una parte importante del pensamiento socialista de hecho abandonó la teoría del valor de Marx.

La intención aquí es mostrar cómo sobre una idea no bien sustentada se construyó, se edificó, el socialismo, comunismo, colectivismo esclavismo, nacional socialismo, sobre un error y basados en ese error todavía se pretende condenar a una muerte lenta a ciertos pueblos del planeta; se pretende engatusar a los venezolanos con el supuesto socialismo del siglo XXI.

Como observaran, el interés va más allá de una mera refutación al comunismo de Marx, al cual se han declarado adeptos estos robolucionarios rojos rojitos. No tienen salida ni soluciones: solo pillaje y totalitarismo y nacional socialismo.

Nota: 23 de enero de enero 1958: fin de un régimen militarista, una dictadura militar, sustentada por militares no por civiles. Celebramos en esa fecha, los civiles, el fin de un régimen militarista. ¿Qué celebraban los rojos rojitos? Los rojos rojitos son un régimen militarista, una dictadura militar que se declaro, en el camino, comunista, servil de los castros cubanos. ¿Celebraban el servilismo a los castros y su dictadura militar comunista? Afortunadamente la cantidad de autobuses con gente traída obligada del interior del país solo les dio para medio rellenar la placita O´leary del Silencio, no la avenida bolívar como en otros años. Y, una vez más, el pueblo civil, mayoritario, les dijo NO A SU COMUNISMO Y ENTREGUISMO.

“De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error”.

Marco Tulio Cicerón, 106 AC-43 AC. Escritor, orador y político romano.

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