Opinión Nacional

Es el poder

¿Queda alguna duda sobre la gravedad de la situación nacional y el rumbo que sigue el país hacia la catástrofe? Los 26 decretos-leyes que Chávez impuso por la vía habilitante ya le colocaron a los venezolanos una camisa totalitaria. Las 16 leyes que discutirá la Asamblea Nacional como complemento de las anteriores son trajes confeccionados por el mismo sastre. Se trata de un hecho cumplido y otro por cumplirse inexorablemente. Venezuela- pese a que el 2 de diciembre del año pasado votó por lo contrario-ya vive bajo un régimen distinto al establecido por la Constitución de 1999. Nadie discute que estas leyes son inconstitucionales porque de hecho configuran un texto constitucional paralelo, tampoco se pone en duda que la mayoría de ellas violentan los derechos humanos. Pero son leyes que tienen vigencia y en consecuencia se aplican.

Esta ha sido la lógica del totalitarismo: construir y blindar su propia legalidad. En algunos casos de manera violenta y rápida como en la Cuba fidelista, en otros de manera gradual y a paso lento como ha ocurrido con el proceso chavista durante casi diez años. Lo cierto es que Chávez ha completado un tramo demasiado importante para rematar su proyecto.

Las respuestas de la sociedad organizada se han dado hasta ahora. Se denunció el fraude y la estafa de la voluntad popular; la inconstitucionalidad de la leyes; se consignarán alegatos ante la OEA, la Unión Europea y las instancias internacionales que velan por la democracia y los derechos humanos y se invocará seguramente la aplicación de la Carta Democrática Interamericana de Lima, que contempla la deslegitimación de los gobiernos por la vía de su desempeño. Los partidos opositores han incorporado el cuestionamiento de las leyes en las agendas de sus candidatos para las elecciones del 23 de noviembre y algunos de ellos han apelado al articulo 350 de la Constitución que ordena el desconocimiento de la autoridad cuando se atenta contra los derechos de la mayoría.

Todas estas iniciativas son pertinentes siempre que se combinen con otras formas de movilización, protesta y resistencia pasiva y activa, y siempre que se entienda que se trata de una lucha permanente, riesgosa y difícil como todo combate por el poder. Suponer que los resultados de los comicios de noviembre en caso de ser adversos al régimen frenarán la acometida chavista es un error. Por el contrario serían un motivo para apretar el acelerador. Por supuesto, si los candidatos no oficialistas obtienen victorias en las mayorías de las gobernaciones y alcaldías ello comportaría un revés político de mucha monta para el oficialismo y representaría un avance para los factores democráticos en la retoma de posiciones que se habían perdido, pero en ningún caso ello obligaría al régimen al repliegue o el retroceso.

En noviembre se juega el mapa electoral en estados y municipios pero no el poder. El poder se jugó en le revocatorio de 2OO4, en las elecciones presidenciales de 2OO6 y en buena medida en el referendo de 2OO7 pero no ahora. El escenario venezolano es si se quiere simple: un régimen que se apodera de los derechos de la sociedad y una ciudadanía que no tiene otro camino que luchar por rescatarlo; es decir, una clara confrontación por el poder. ¿Cuál es la salida? Son muchas, pero podría decirse que la combinación y el manejo acertado de todas la que establece la legalidad democrática y la experiencia histórica.

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