Opinión Nacional

Es imperativo devolver la fe a los varguenses

Si hay algún valor esencial que pueda jugar en favor de la rehabilitación del estado Vargas, ese es el arraigo de su propia gente; de ese pueblo sufrido que a pesar de la lentitud e indolencia con que se ha abordado la tragedia, guarda aún esperanzas. Es la fuerza de los damnificados, trasplantados y abandonados en otras regiones, donde nunca hubo consuelo ni garantías de supervivencia, la que exige una historia nueva. La mayoría regresó dando un ejemplo a seguir, de identidad y pertenencia con sus raíces, sentimientos que crecieron en el sufrimiento.

El drama de los varguenses tocó las fibras de los venezolanos, pero no lo suficiente las de los funcionarios gubernamentales. Desde el mismo día del desastre, mientras familias completas eran arrastradas por la vaguada, la atención del poder estaba centrada en los centros de votación para decidir la nueva Constitución, a pesar de la alarma decretada por Protección Civil días antes. Han transcurrido casi ocho años desde la fatídica fecha del 15 de diciembre de 1999, y todavía hay escombros por recoger, y damnificados deambulando por cualquier parte, sin vinculaciones sociales ni laborales.

Para muchos el desastre constituye una oportunidad para evolucionar. Sin embargo lo será sólo en la medida en que los entes involucrados, sea la Autoridad Única, Corpovargas, la Gobernación, la Alcaldía y el Gobierno, entiendan que se trata de una tarea colectiva y compleja, que requiere no sólo de la intervención estatal, sino del aporte decisivo del capital privado y de la actuación de los expertos en materias relacionadas con el desarrollo inmobiliario tales como en hidrología, geología, ecología, urbanismo, ingeniería, entre otras, para planificar un desarrollo sostenible de calidad y no cometer los pecados del ayer.

Es imposible aceptar expresiones como la del General-Presidente de Corpovargas: “la reconstrucción del estado Vargas nunca podrá terminar porque existe una serie de factores, tanto físicos como ambientales, que tienen que ser atacados para hacer frente al desarrollo de esta región litoralense”. Con ese criterio todavía estaríamos anclados en la Colonia. Tampoco son plausibles los remiendos y pequeñas soluciones emprendidas sólo para calmar la presión de las comunidades. Continúan manejando criterios cortoplacistas, sin visión de conjunto ni de futuro, que no logran cambiar el rostro abatido del litoral.

Distinta fue la visión del gobierno de México frente al ataque del huracán Wilma, el peor en la historia de México, en octubre de 2005, que impactó a Cancún, principal centro turístico de ese país, y a otras localidades de la Riviera Maya. Fue rápida la movilización y el control de la emergencia. El Ejército recogió los escombros en tiempo record. Los damnificados no fueron desplazados, y los desempleados fueron reinsertados en otros comercios y hoteles, y en la reconstrucción. Las empresas aseguradoras cumplieron su parte, y el Fondo para Desastres Naturales también. El Presidente Vicente Fox decretó estímulos fiscales deducibles hasta en un 100% a las inversiones del sector privado, liberación de impuestos, más créditos blandos para el plan de recuperación de la infraestructura hotelera, comercios, viviendas y playas, realizando una labor de reconstrucción conjunta gobierno-sector privado. En tres meses de intenso trabajo Cancún fue retomando su ritmo. Sin duda son diferentes ópticas.

La tarea en Vargas debe ser ardua y gerencial, y no perder de vista dos aspectos fundamentales. Primero el humano y social: el pueblo de Vargas ha sido doblemente castigado, con los deslaves del 1999 y 2005, y la falta del Viaducto, que han traído retraso, pérdidas, y amarguras. Eso hay que remediarlo, prioritariamente devolviendo la fe y la autoestima a los varguenses con obras y acciones, como lo expresó el párroco de Naiguatá, Horacio Zúñiga, en uno de los foros que realizó la USB con las fuerzas vivas. El otro aspecto es el económico enriquecido por una cantidad de propuestas destinadas a elevar el rol del estado Vargas, además de enclave estratégico por la ubicación del puerto y el aeropuerto, como factor de desarrollo económico y progreso para sus habitantes y para el país.

Expertos del Instituto de Estudios Regionales y Urbanos de la USB, de la Escuela de Urbanismo de la UCV, de la Maestría de Diseño Urbano de la Universidad Metropolitana, (en coordinación con la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard) y especialistas de las universidades de Columbia, Politécnica de Cataluña (España) y de París IV (Francia), han producido estudios para la rehabilitación de Vargas. Los expertos basan sus propuestas en la concepción de sustentabilidad aplicado a los lineamientos de la Ordenación Territorial, en términos de su viabilidad económica y en el sentido de crear condiciones favorables para atraer inversiones que a su vez generen empleo en el contexto del desarrollo sostenible.

Plantean un tratamiento particular para las áreas objeto de rediseño urbano comprendidas en los conos de Macuto-El Cojo, Camuri Chico, Los Corales, Tanaguarena y Carmen de Uria, atendiendo los aspectos ambientales, el paisajismo y los espacios públicos, vinculados con el Parque Nacional El Ávila y el sistema costanero. Visualizan como perentorio importantes inversiones públicas y privadas, para perfilar una verdadera Ciudad Balneario (Macuto-Camuri Chico), y la Riviera del Caribe (Caraballeda-Tanaguarena); rehabilitar asentamientos informales, recuperar el patrimonio histórico, eliminar la urbanización indiscriminada en áreas de alto riesgo como Los Corales, cancelar la reurbanización de Carmen de Uria y construir allí un reservorio de agua dulce para abastecer a todo el litoral.

La reingeniería del Puerto –que utiliza nada menos que 850.000 metros cuadrados- para emprender su modernización con tecnologías de punta, liberaría espacios para empresas conexas y nuevas viviendas. Ahora, recuperado el viaducto, se abren perspectivas para reactivar el comercio, los servicios turísticos y por ende el empleo, el cual debe enfocarse a la construcción de obras, rehabilitación de viviendas, desarrollos de interés social, y a dar realce a Tanaguarena como el centro de la Riviera del Caribe. Hay que terminar con la desolación inmobiliaria en una acción mancomunada apegada a la sustentabilidad económica y al urbanismo sostenible. ¿Podrá la mezquindad, la ceguera y antagonismo del gobierno ceder paso a los derechos del pueblo de Vargas y al engrandecimiento del país?

Director General del Centro Inmobiliario Profesional (CEINPRO).

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