Opinión Nacional

¿Es una mujer virgen la mejor pareja?

La respuesta no es tan sencilla como pudiera parecer; por el hecho real de cada mujer es única—sin duplicado—como por siglos lo han demostrado las huellas digitales y más recientemente el ADN. Es decir, que su personalidad, su carácter, sus valores y su experiencia, son diferentes de mujer a mujer, por lo que su comportamiento en la intimidad, también varía.

También es diferente la configuración física de sus órganos sexuales; hasta el extremo que algunas niñas nacen sin himen; en otras el himen es tan elástico que una mujer puede permanecer técnicamente virgen aún después de practicado el coito, mientras que otras poseen un himen tan rígido o extenso, que el coito puede causarles gran incomodidad y hasta dolor.

Adicionalmente, el estado psicológico también es importante, mientras que algunas mujeres vírgenes están psicológicamente dispuestas y hasta ansiosas por experimentar su primer coito, otras pueden estar literalmente aterrorizadas—y esto también influye en el desempeño sexual normal.

Y no olvidemos que para practicar el coito se necesitan dos; así que la individualidad, la experiencia, la configuración física; así como la personalidad, el carácter y los valores del varón también cuentan mucho a la hora de realizar el coito—y sí, algunos de ellos podrían también, ser “vírgenes” (sin experiencia previa), como su compañera.

Dicho eso, no es difícil deducir que aunque el primer coito puede que sea “la mejor experiencia de su vida”, tanto para la mujer virgen, como para el hombre—existe una larga lista de factores que pueden hacer que “las cosas salgan mal” y el primer coito se convierta en la “peor experiencia de su vida” tanto para la mujer, como para el hombre.

Al saber esto; tanto la mujer inexperta, como el hombre—inexperto o no—deben actuar de manera tal que se maximicen las probabilidades de que todo salga; como mínimo, “bien”; y eso generalmente se logra, tomando las cosas con calma, alargando lo más posible los llamados juegos previos, para que ambos—sobre todo la mujer virgen, alcancen el estado de ánimo y excitación que minimice los inconvenientes. Y si no se desea tentar las probabilidades de que el encuentro produzca la fertilización de un óvulo que pueda conducir a un futuro proceso de embarazo, debe usarse la protección adecuada—así como lubricación artificial, para minimizar las molestias que pudiesen causar una inadecuada lubricación natural femenina, producida por la ansiedad.

Aún así, con todo lo que “está en juego” durante un primer coito, las normas racionales son, que los mismos preparativos deberían tomarse en todo coito acordado entre una pareja de adultos consensuales, ya se trate del primero o del número trescientos.

Porque el coito no es más que la cúspide, que el clímax de la expresión del amor que cada miembro de una pareja siente por el otro, por lo que lo ideal es buscar que toda experiencia sexual, sea la primera o no, sea altamente satisfactoria para ambos miembros de la pareja.

Como conclusión: es más probable que una satisfactoria relación sexual ocurra—sin ningún inconveniente—cuando la mujer o ambos, poseen experiencia sexual previa.

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