Opinión Nacional

Esa bagatela

Menos una cosa, todo fue excepcional en el evento del pasado 15 de marzo, en Parque Miranda, Caracas, donde la alternativa democrática venezolana hizo la presentación formal de las 165 fórmulas unitarias, propuestas para devolver al espacio parlamentario su naturaleza plural.

El acto, verdaderamente multitudinario, rebosaba de una alegría genuina. Hubo comparecencia de todas las organizaciones políticas que aspiran a la recuperación institucional del país. Se vieron camisetas de todos los colores y, sentados codo a codo, rostros emblemáticos de tendencias no sólo diversas sino, incluso, muy distantes entre sí.

Conscientes o no, quienes estaban allí se comprometieron a hacer de Parque Miranda una manera de conducirse, de gobernar, de darle cuentas al país y de respetar a los otros como hijos legítimos que son de la patria. En suma, fue algo distinto. Excepto en un punto. Varias intervenciones volvieron sobre el viejo mito del «país rico» y del «derecho de todos los venezolanos de participar del reparto de la renta petrolera».

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Tal como viene ocurriendo desde que el hidrocarburo irrumpió en la vida nacional, la fantasía del botín a ser repartido en el colectivo volvió a trascender las diferencias ideológicas. Oficialistas y demócratas coinciden en esta idea de la relación Estado-petróleo-sociedad. No importa que el valor de las exportaciones haya demostrado ser incapaz de resolver la pobreza, aun si se distribuyera a partes iguales por cabeza. No cuenta la evidencia de que la renta petrolera es mucha plata para un gobierno, pero muy poca si la fraccionáramos entre todos.

No se ve que el dinero que entra por Pdvsa no basta, incluso si se triplicara, para mantenernos a todos, aun con parámetros miserables. No cambia nada el hecho de que desde hace 30 años nuestra economía registra el peor desempeño del continente, sin que hayamos dejado de tener petróleo. El discurso de algunos aspirantes de la unidad democrática dejó ver que también ellos confunden recursos naturales con riqueza, igualito que los camisas rojas más básicos. Y, lo peor, que suscriben el alegato según el cual todos tienen derecho de participar de esa supuesta riqueza aun si no han hecho nada para ganársela. El mito, pues, de que el nacimiento en este suelo conlleva un bono para cobrar lo que hay en el subsuelo.

Sigue atornillado el embeleco del país rico, que aguanta todos los dislates, que puede soportar la creciente corrupción y es capaz de financiarlo todo.

Una manifestación de esto es la indiferencia con que la gran mayoría del país se ha tomado los costos de las primarias para escoger candidatos a la Asamblea Nacional. Eso cuesta un dineral. Baste pensar que el CNE pasó una factura por 2.292.290,00 bolívares a la Mesa de la Unidad Democrática. Lean bien: son más de 2 millardos de los viejos. Tomen en cuenta que los partidos no reciben financiamiento del Estado, y que el régimen persigue a los entes privados que dan apoyo económico.

Por su parte, el PSUV comenzó a organizar elecciones primarias en todas las circunscripciones ¡antes de saber cuál sería el costo! Es como si se cursaran invitaciones para un banquete de 3.000 personas sin preguntarse cuánto puede montar. Bueno, si multiplicamos 13.367 mesas de votación por 22 unidades tributarias que el CNE cobra por mesa, la suma rebasa los 32 millardos.

A eso debe agregarse la logística, los autobuses, la comida, en fin, todos los recursos que el PSUV sustrae del Estado.

Diosdado Cabello, vicepresidente del PSUV, se jactó de que esa colosal suma no había costado nada a los candidatos oficialistas. Mientras «ellos (los opositores) pagaron todo el proceso», agregó el conocido mago de las finanzas. Y entonces quién pagó las sumarias gobiernistas, porque, ciertamente, la MUD debió pedir la colaboración de sus candidatos. Freddy Bernal asegura que ellos aportaron un porcentaje de su salario… (No es asunto de esta nota discurrir sobre la credibilidad de Bernal y de este aserto en particular).

El punto es que no se da importancia al origen de los recursos para pagar estas consultas, que no son tres lochas.

Todo el mundo sabe que el PSUV le pasó la cuenta a la República. Y nadie parece demasiado preocupado por eso. Total, qué son 32 millarditos para un país tan rico.

Mientras no evaluemos la dimensión de este despropósito no habrá amanecer para Venezuela. Si persiste esta mentalidad, vendrá otro gobierno y el dispendio seguirá. No habremos avanzado un ápice.

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