Opinión Nacional

Espacio Express

Leo un titular de lo más categórico: “el gobierno creará agencia aeroespacial”. Y créanme, tal cosa ni me sorprende, ni me entristece, ni me alegra, ni me parece una truculencia como muchas.

Cuando de leer se trata, procuro hacerlo en un sillón cuya vida útil extendió hace poco el tapicero. Mi perra (ya he mencionado alguna vez su gusto por lo escrito, mire usted qué animalito tan inteligente) por lo general se echa muy cerca a mordisquear un hueso de goma y a hurgar con el rabillo del ojo cuanto papel me cae entre las manos. A veces se queda tranquilísima, como en el intento de captar lo interesante de mi lectura, pero en otras ocasiones logro detectarle cierto movimiento en el hocico que, estoy seguro, es una mueca cargada de risa malintencionada, de burla perruna a diente batido. Pues bien, la cuestión radica en que luego de instalarme a escudriñar la prensa, como siempre, mi fiel can cogió su juguete preferido y al lado derecho del mueble se tendió como si nada.

Así fue. Sólo bastó pasarle el ojo al titular. El gobierno pariría una agencia aeroespacial, nada menos. Casi al segundo, la buena de mi perra, que debo aclarar tiene una salud de acero, tosió un par de veces para de inmediato proseguir con su inocente jueguecito. La nota en el periódico no me causó gran impresión porque, aclaro, de ámbitos estratosféricos, cuestiones astronómicas y asuntos extraterrestres este gobierno sabe un montón. Estoy seguro (juraría que quien a estas alturas emitía jocosos ladridos pensaba algo más o menos parecido) de que la revolución, aún desde los tiempos en que el samán de Güere le sirvió como escenario demodé, vislumbraba para épocas no demasiado lejanas cierto horizonte cuyo punto de fuga coincidiese con Marte (y ahí está la misión Marte), con la Luna (que es donde vive un gentío, y si lo duda pásele la vista a Tobías Nóbrega, a Diosdado Cabello o a Darío Vivas) o con naves intergalácticas tipo submarino volador, invento de otro que se la pasa en las nubes, es decir, el señor Giordani.

De la estratósfera a la biósfera media un verdadero universo, sobre todo mental, y para atravesarlo no digamos una agencia aeroespacial, si no una máquina del tiempo. Claro, a estratosféricos peldaños suelen encaramarse astronautas de todos los pelajes que luego, al momento del reingreso a este mundo, necesitan de una Nasa criollita, por eso de que con los gringos ni a la esquina. Así andan.

La verdad es que la agencia aeroespacial fraguada por el gobierno revolucionario supongo que será más temprano que tarde decretada, como aplica a un régimen de tal naturaleza, y cobrará fisonomía cuando aparezca en gaceta, de modo que si de viajar a las estrellas es la cosa, lo cual por cierto queda a un paso de más de una estrellada, nada como la mano redactora y la lengua alborotada de quienes pululan en el Ejecutivo. Lo demás, el constructo y permanencia de un proyecto viable, realizable es sencilla bagatela.

A estas alturas mi perra, quizás por oír algunos comentarios que en voz alta se me escapan, amén de que la zángana con mucho disimulo lee a mis espaldas información que les comento, pone cara de vergüenza ajena y decide irse con su hueso a otra parte, visto que eso del espacio, Marte, la Luna y las nebulosas anda como muy entre este país, sin necesidad de agencias espaciales o cosas que se les parezcan. A mi perra como a mí nos da por suponer (ella estará de acuerdo conmigo, en esto no me cabe duda) que para aproximarse a otras dimensiones u otros mundos, más allá de decretar tamaña agencia y otras hierbas por el estilo, basta con sintonizar Venezolana de Televisión, la Radio Nacional, o simplemente darse un banquete hojeando el diario Vea, porque vamos, que leerlo es demasiado.

En fin, si el interés persiste y los tiros van, digamos, hacia curucutear el Planeta Rojo, tampoco es que haga falta una maquinación muy complicada. Basta ponerse en unos cuantos dólares, impulsar otra misión, ahora una de vanguardia, para que en cuatro o seis semanas interplanetarios viajeros, bolivarianos para más señas, se lancen al abrazo del cuerpo celeste que interesa. Y así.

Los ejemplos están al alcance de la mano. Existen tantas ideas como neuronas queriendo hacer sinapsis en los cerebros del Ministerio de Ciencia y Tecnología. A paso de vencedores podría incluso acabarse con el misterio de los agujeros negros, para lo cual, reitero, la agencia espacial sería otro decreto perdido en el berenjenal de papeles que aquí se produce a diario. Qué va, si lo que se persiguen son resultados rápidos, concretos, no hay que molestarse demasiado, y para muestra pongamos por caso lo de los mentados huecos negros: bastaría con asomarse al MVR o a la Coordinadora Democrática Regional, que ya es mucho decir.

No dudo que de un plumazo y al calor de una oficina le den vida a la fulana agencia. No faltaba más. Sólo haría falta recordar que, en ese caso o en otro, astronautas hay de sobra. Pudieran escoger a Maduro, a Varela y a Antonio Briceño, digo yo, para el viaje inaugural. La lista, de todos modos, es muy larga. ¿Habrá un lugarejo para todos?.

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