Opinión Nacional

Espejo de aumento (una reflexión incómoda)

¿Cómo no comenzar estas líneas felicitando y saludando el despertar estudiantil que nos refresca la esperanza en estos días? Sería imposible no hacerlo. Así que ¡gracias por despertar muchachos, gracias por esa frescura y esa energía! ¡Lo están haciendo muy bien! Pero ¿qué es lo que me parece que están haciendo muy bien los estudiantes? La seriedad de sus planteamientos, la templanza con la que asumen sus decisiones y sus retos y el empeño por hacer que el país vea donde creen ellos que están o deben estar los acentos.

Salen a manifestar y provocan, el apoyo de unos y el rechazo y la represión de otros. El apoyo de los que sienten su voz recogida por el grito de Libertad de los estudiantes; el rechazo de los que, a sabiendas de los excesos cometidos, se quedan sin argumentos y no les queda más que preguntarles dónde estaban y por qué no salieron cuando se tumbó la señal de VTV y se cerró Catia-TV; y obviamente, la represión de un gobierno que no sabe gobernar, gobernar para todos, escuchar y contra-argumentar o escuchar y admitir, sino que entiende que es la fuerza su único mecanismo de interacción con la población, la fuerza de las armas, de las contramarchas, de las listas negras, o de los realazos con los que pretenden comprar lo que les ha dado por llamar “su revolución” y que lamentablemente no pasa de ser un atajo de trazos torpes y caprichosos de un individuo.

Sin embargo, lo mejor que hacen no se restringe a sorprendernos con manifestaciones y consignas novedosas o a lo sostenida que se ha tornado su enérgica presencia en la calle. Ni siquiera, el asumir la lucha por todos, que es lo que muchos alaban y agradecen, porque después de haberse deprimido y cansado y ante el vacío de propuestas y liderazgo, tiraron la toalla y se dedicaron a sobrevivir. Lo más valioso es que su discurso, su fuerza y su irreverencia, pero también, su apego a la no-violencia y al respeto propio, al otro y a la institucionalidad, constituyen una invitación, si no, una obligación a reflexionar.

Y me gustaría, sin pretensiones de hacerlo de forma exhaustiva, plantearles algunos de los tópicos de reflexión que nos sugiere su discurso y su accionar:

1. ¿Qué es lo que estamos entendiendo en Venezuela por “política”? ¿Por qué cada vez que alguien quiere hacer énfasis en que su voluntad está al servicio del bienestar colectivo o de la defensa de los derechos ciudadanos, incluye en su conversación o declaración la triste frase “yo no soy político”? Acompañando a esta reflexión es importante preguntarse también ¿Por qué es malo tener aspiraciones políticas en Venezuela? ¿Por qué se cuestiona con tanta fuerza, y sin necesidad de que medie argumentación, a las personas que expresan su voluntad de ejercer el poder o de ocupar puestos en el gobierno? Obviamente, estas preguntas están enfocadas para la reflexión de la ciudadanía en general, pero también hay otras que, en este marco, requieren hacerse quiénes han hecho o quieren hacer de la política parte de su vida ¿Por qué y para qué hacer política en Venezuela? ¿Qué significa ser un mandatario y un servidor público? ¿Cuál es la ética política que se requiere en una sociedad democrática y en Venezuela?
2. ¿Dónde perdieron el norte las organizaciones políticas venezolanas que abandonaron las prácticas democráticas en su funcionamiento interno, descuidaron la formación de sus generaciones de relevo y convirtieron el debate político en algo superficial y vano? ¿Cómo y cuándo podrán retomarlo? ¿Tienen la voluntad de hacerlo?
3. ¿Qué significa responsabilidad en este país? y con esto me refiero a responsabilidad en todos los ámbitos de la vida pública y privada. ¿Cómo se asume la responsabilidad por las consecuencias de nuestros actos? ¿Es posible que los venezolanos, en todas las esferas, aprendamos a reconocer nuestros errores, a aprender de ellos y actuar en consecuencia? por supuesto, esto más allá de las frases retóricas o de los mea culpa vacíos de real intención.

4. ¿Qué es lo que los habitantes de Venezuela estamos entendiendo por democracia? ¿Estamos dispuestos y convencidos de que son las reglas democráticas las que deben determinar el funcionamiento del Estado y la sociedad venezolana? ¿Qué tan demócrata se siente cada quién y qué tan demócrata es en la práctica? ¿Entendemos que en una democracia nos toca, por obligación, reconocer la validez de los planteamientos con los que no estamos de acuerdo, y construir con quiénes los esgrimen una posición que sea realmente incluyente?
5. ¿Qué es de la vida de la institucionalidad venezolana? ¿Se trata de un problema exclusivo del gobierno? ¿Es novedoso en nuestro país la violación de las reglas de juego y de las leyes? ¿Cuándo se comenzó a debatir en Venezuela sobre la falta de independencia de los poderes públicos? ¿Cree Usted que se trata de un invento de este gobierno? ¿Cuándo comenzaron a hacerse las leyes a la medida del gobernante o de los gremios o de un grupo de interés específico? Estas preguntas plantean sólo reflexiones en lo público y en lo macro, pero Usted ha reflexionado sobre, ¿Cómo ha sido su relación con la institucionalidad o con las reglas de juego? ¿Desde cuándo se habla en el país de la viveza del venezolano como una gran virtud o se usan la frases “se acata pero no se cumple” y “las leyes se hicieron para violarlas”? ¿Cuántas veces se copió en un examen, se coleó o compró su turno? ¿Cuántas veces hizo trampa o alcahueteó las trampas de sus amigos o compañeros? ¿Dónde está rota la lógica de la institucionalidad en Venezuela?
6. ¿Cuándo y qué justifica la represión de las manifestaciones o de la protesta? ¿Tenemos todos los derechos a expresar lo que pensamos libremente y a protestar cuando no estamos de acuerdo con alguna política o medida? ¿Quién decide cuál es el límite de la protesta? ¿Cuál es el límite entre la protesta y el delito? ¿Es correcto privar de la libertad o perseguir a una persona porque piense diferente? ¿Desde cuándo se reprimen las manifestaciones pacíficas y existen presos políticos en Venezuela?
7. ¿Existe libertad de expresión en Venezuela? o mejor dicho ¿desde cuando se violenta la libertad de expresión en este país? ¿qué formas toman o han tomado esas restricciones? ¿Se trata solamente del caso de RCTV o han existido antes y hay actualmente muchas más restricciones a la libertad de expresión de las que vemos o de las que queremos ver? y ¿cómo se puede hacer para revertirlas?

Creo que podríamos comenzar por algunos de estos temas, aunque hay muchos otros. Pero así comencemos por uno o con una sola pregunta, la que a Usted se le ocurra o la que Usted prefiera, creo que lo imperativo ahora es reflexionar, porque hoy vemos con asombro o con estupor los niveles a los que han llegado las restricciones de algunas libertades, la exclusión, las manifestaciones de odio y las violaciones a la institucionalidad; que ya no tiene sentido hablar de que en Venezuela no hay separación de los poderes públicos, sino que tratamos de dilucidar cuál es el nivel de fusión que existe entre los poderes del Estado. Hoy no nos gustan nuestros políticos, y como nunca la mayoría quiere hacer tienda aparte. Hoy sentimos que nos arrebatan la voz porque se está atentando contra la libertad de pensamiento y de expresión. Hoy nos aterran los niveles de cinismo, descaro y corrupción de muchos de nuestros gobernantes. Hoy sentimos que Venezuela ha cambiado, que no es ni la sombra del país que conocimos y que queremos.

Sin embargo, esto no es exactamente así, Venezuela ha cambiado, pero lo que hoy vemos, con pequeños añadidos y algunas peculiaridades, no es más que el reflejo proyectado de lo que hemos estado construyendo y sembrando, pero en un espejo de aumento, un espejo que magnifica nuestros errores y sus consecuencias, nuestra comodidad, nuestros desatinos y desaciertos. Y si no reflexionamos sobre ellos, si no entendemos cómo se produjeron y dónde nacieron, más allá de la tentación de achacarle la culpa a este gobierno; si no asumimos con la responsabilidad que amerita las consecuencias de nuestros actos y decidimos apuntar a las soluciones de fondo, construyendo institucionalidad y prácticas democráticas, reconstruyendo significados y encontrando terrenos comunes que nos permitan entendernos y convivir a todos, nunca saldremos de esta barbarie que apenas se asoma y que siempre será sólo un reflejo proyectado en un potente espejo de aumento.

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