Opinión Nacional

¿Está Chávez perdido?

Nunca antes había enfrentado una situación tan adversa a seis meses de unas Elecciones. Todo parece indicar que sí porque nunca antes habían concurrido en el mismo espacio y tiempo una serie de factores negativos capaces de provocar una  percepción negativa de la realidad ubicada, según Luis Vicente León (Datanálisis) , en más del 60%. Tal percepción no siempre concuerda con la realidad y es así como, durante el Gobierno de Jaime Lusinchi, se logró transmitir una equivocada sensación de bienestar, develada luego de la llegada de Carlos Andrés Pérez al poder. Con éste último ocurrió todo lo contrario y si el crecimiento económico llegó a una cifra superior al 9%, se creó en el país un ambiente artificial de crisis que finalmente provocó su salida del poder.

Con Chávez, no ocurre ninguna de las dos situaciones anteriores y en su caso la variable perceptiva de carácter negativo coincide con una realidad crítica que se expresa en la caída del precio del petróleo, las consecuencias de la devaluación (alto costo de la vida, desabastecimiento, bajón del consumo), inseguridad, violencia, crisis de los servicios (electricidad, agua), corrupción y complicidad con grupos como las FARC y

ETA.

Es así como luego de cuatro o cinco años de bonanza durante los cuales las políticas populistas y clientelares permitieron aumentar el consumo, subsidiar directamente a cientos de miles de familias y disminuir los niveles de pobreza, hemos entrado en un proceso recesivo que ha volteado la tortilla. El resultado es un creciente descontento que se expresa en esa percepción negativa ante la cual el Gobierno luce impotente a la hora de intentar modificarla.

Pero lo peor para Chávez es que esa variable incide directamente en su popularidad, ahora en descenso y ya por debajo del 50%, lo cual lo coloca en una posición desventajosa ante las elecciones parlamentarias del próximo mes de septiembre. ¿Quiere decir eso que tienen asegurada la derrota? Pues no. El extravío de Chávez parece más bien producto de sus propios errores y no obra de las bondades de la política de oposición y eso, en fondo, no es tan malo, porque nos revela cuán hondo ha calado el desencanto de la población ante una figura que llegó a tener, en un momento dado, 92% de apoyo popular.

Ese desencanto no ha generado una emigración masiva hacia el campo opositor (los ni nis crecen cada día más) y por eso la concreción efectiva de los acuerdos unitarios es la única manera de asegurar una victoria que pasa por convertir la percepción negativa, ante un chavismo prematuramente envejecido, en entusiasmo por una opción capaz de emerger como alternativa de poder blindada, viable, sensata y bien estructurada. De lo contrario, tendremos Chávez para rato.

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