Opinión Nacional

Estatizaciones y elecciones

Es evidente que Chávez está en campaña para tratar de recuperar la perdida popularidad, en vista de las decisivas elecciones regionales de noviembre. Califiqué la victoria del NO en diciembre pasado, como el “fin del principio” de la era Chávez. Si se lograra, en noviembre, quitarle al gobierno el control de un número relevante de gobernaciones y alcaldías, en los estados más importantes del país, estaríamos presenciando el “principio del fin” del régimen, para seguir parafraseando a Churchill. En efecto, un caudillo carismático, que quiere proyectar la imagen del Mesías invencible, requiere para mantener su “magia carismática” de un abrumador apoyo popular. Después de casi 10 años de un gobierno incapaz, ineficiente y corrupto, que ha disfrutado de los recursos más abundantes y sostenidos de la historia de Venezuela, tenemos unos servicios públicos “desastrados”, una inseguridad pavorosa, un desabastecimiento preocupante y la inflación más alta del continente, que continúa creciendo. Al respecto, Giovanni Sartori, uno de los grandes politólogos de nuestra época, nos recuerda que “toda legitimidad se deteriora, después de una prolongada ineficiencia”. Sin embargo, es fundamental entender que el “mandado” no está hecho.

El triunfalismo de sectores de la oposición es peligroso. Recordemos que, en el 2002, más del 60% de la población declaraba su desagrado por la gestión del gobierno, pero el Supremo logró revertir la situación, básicamente, a través de las misiones, con el uso y el abuso de los abultados y crecientes recursos públicos. En un país de cultura clientelista y con el petróleo a precios estratosféricos, no se puede subestimar el poder de un asistencialismo populista, que no conduce al desarrollo sostenido, pero aparenta resolver los problemas más inmediatos de los sectores mayoritarios de la población. Si a esto le agregamos el control total de las instituciones del Estado, es evidente que la victoria de la alternativa democrática en noviembre no es fácil. La estrategia del régimen no se limita a la creación y/o reactivación de las misiones, es evidente que la carrera de estatizaciones tiene, entre otros objetivos, aumentar el empleo público, con la intención de aumentar la influencia del régimen sobre el mayor número posible de electores. El Estado, está negociando la compra de industrias beneficiadoras de pollo y comercializadoras de alimentos. Por otro lado, la alternativa democrática debe todavía superar obstáculos internos que la debilitan. La “antipolítica” de ciertos sectores, apoyada por algunos opinadores en los medios, todavía hace daño. La crítica constructiva a la conducta de los partidos y los políticos es saludable, pero la descalificación y sobretodo considerar colaboracionista del régimen a todo aquél que no clama diariamente por la caída inmediata del régimen, (sin definir, por cierto, un “cómo” creíble y factible) fomenta un divisionismo suicida y estúpido. Pero, la unidad de los demócratas es condición necesaria, pero no suficiente. El voto decisivo, en noviembre, será el de los “no alineados”, que actualmente representan la mayoría del país. Candidatos, programas y mensajes deben ser regionales y despolarizadores. Los “ni-ni” quieren soluciones a sus problemas concretos, rechazan la agresividad y la violencia verbal del caudillo y desean gobernantes eficientes y tolerantes.

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