Opinión Nacional

Este régimen sólo puede mantenerse sobre la represión

Creo en la Política, así, con P mayúscula. Te confieso que a veces me siento como un extraterrestre en este país, sin querer aterrizar, pero la realidad es que vivo en él. Aquí estoy. Siempre he sido mejor profeta que político. Lo grave es que, en política, la peor forma de equivocarse es tener razón antes de tiempo.

Oswaldo Álvarez Paz fue detenido el 22 de marzo y llevado al Helicoide, sede del Sebin (antes Disip). La fiscal 21 nacional, Gineira Rodríguez, lo señaló de los delitos de conspiración, instigación pública a delinquir y difusión de información falsa. Todo eso desde el programa Aló, Ciudadano , transmitido por Globovisión.

-¿Por qué se ha convertido en objeto de persecución del Gobierno? –Llevo once años enfrentado a Hugo Chávez con decisión y claridad, lo cual ha provocado una hostilidad creciente del oficialismo. Pero no han podido doblegarme.

A finales de 2004, fui secuestrado por varias horas. Destruyeron mi carro con varios tiros. Me dieron golpes hasta decir basta. Amarrado, encapuchado y despojado de mis cosas personales, me ruletearon por unas tres horas. Me dejaron abandonado por los lados de La Mariposa. Por investigaciones privadas supe que los autores habían sido funcionarios del DIM y de la Disip.

Como no lograron el objetivo, ahora actúan aplicando violencia institucional para silenciarme, atemorizar a opositores y obligar a los medios a administrar con cuidado las tribunas, estimulando la autocensura. Este régimen sólo puede mantenerse sobre la represión y la violencia física e institucional que le es característica.

–Usted integró la Comisión Preparatoria de la Convocatoria a la Asamblea Constituyente. ¿Cuál es la evolución de su relación con el Gobierno y sus figuras más conspicuas? –En 1998 apoyé a mi amigo y colega pionero como gobernador electo, Henrique Salas Römer, acatando la línea de Copei. No voté por Chávez.

Como presidente electo me llamó para pedirme ser miembro de una Comisión Presidencial Constituyente que prepararía la convocatoria. Trabajamos intensamente, nos reuníamos casi a diario. Algunas discusiones fueron muy fuertes sobre temas básicos, pero se caminaba en la dirección correcta.

Esto se acabó prácticamente el día de la toma de posesión.

La Comisión empezó a diluirse. De hecho, desapareció como por encanto.

Para aquella época mantenía relación de muchos años con hombres como José Vicente Rangel, Luis Miquilena, Manuel Quijada, Ignacio Arcaya, Ernesto Alvarenga, Reinaldo Cervini y algunos otros. De Rangel, aún vinculado al régimen, no he vuelto a saber y Reinaldo, lamentablemente murió. Sin embargo, un creciente número de constituyentes del 99, redactores de la burlada Constitución, decepcionados por la traición de Chávez, constituimos el Polo Constitucional. Hemos encontrado gran receptividad para asumir la defensa de la Constitución vigente, con imperfecciones, pero buena para sostener y defender el sistema democrático.

–¿Cuál ha sido su relación con Francisco Arias Cárdenas?–Nos conocimos cuando yo era gobernador del Zulia y él ocupaba un cargo de comando en el Cuartel Libertador, en Maracaibo. Cuando se produjo la toma militar de la Residencia del Gobernador, por los uniformados que Arias comandaba, en el golpe de Estado del 92, tuvimos una larga y dura conversación en el ambiente de aquella tormentosa madrugada. Algún día el país la conocerá integralmente.

Por ahora, sólo diré que él me dijo estar formalmente autorizado para proponerme que me incorporara al movimiento. Rechacé razonadamente el planteamiento.

Esa noche tan difícil no hubo una tragedia en esa casa porque ambos manejamos civilizadamente la situación, a pesar del asalto a mano armada del que fuimos víctimas y la tensión existente. Yo estuve unas seis horas detenido. Él pasó dos años largos en prisión.

Mientras Arias estuvo como gobernador nos vimos ocasionalmente. Sólo dos veces fui citado por él para conversar asuntos de interés para la región. Sinceramente le deseaba éxito. Lo apoyé en la campaña de 2000 y hasta allí.

Qué decepción verlo ahora babosamente chavista. Sus maromas muestran una condición humana que había disimulado muy bien.

–Con una justicia politizada, ¿por qué se quedó en Venezuela exponiéndose al presidio? –Ciertamente, no fue por confianza en esta caricatura de Poder Judicial. Ni tampoco como un gesto retrechero de valentía jaquetona. Nada de eso. Soy demócrata integral, creo en la libertad como valor supremo de la existencia y nunca he sido correlón.

Siempre he enfrentado las consecuencias de lo que hago y digo. En este caso, no hice nada, pero hablé con la verdad, en ejercicio de la libertad de expresión, del derecho de opinar.

Al quedarme en el país pudiendo irme, quise dar testimonio de lealtad a las convicciones, pese al extendido miedo a la represión. No cuestiono a quienes prefieran esconderse o irse. Tienen mi solidaridad y comprensión.

Cada uno vive sus circunstancias políticas, familiares y principistas.

–Sus cuestionamientos lo hacen percibir como factor de antipolítica. Por favor, aclare este punto.

–He dicho siempre que los partidos son a la democracia lo que el agua a los ríos. Sin agua, son cualquier cosa, pero no verdaderos ríos. Eso está pasando. Los partidos no terminan de reaccionar en la dirección adecuada. Con honradas excepciones de algunos dirigentes que en varios partidos tienen las cosas claras, pero actúan con mucha timidez. El juego calculado, el cuidado exagerado de los espacios, el «cuoteo», las ambiciones precoces y los intereses no muy claros, contribuyen a mantener a Chávez en el poder.

Con partidos fortalecidos, dirigidos por guerreros dispuestos a echar el resto, el régimen castrochavista de Venecuba ya hubiera desaparecido. No soy del gremio de la antipolítica, pero me harté de la politiquería que practican todavía algunos viejos y bastantes de los nuevos. Éstos, a veces, pareciera que heredaron todos nuestros defectos y muy poco de las virtudes.

Creo en la Política, así, con P mayúscula. Te confieso que a veces me siento como un extraterrestre en este país, sin querer aterrizar, pero la realidad es que vivo en él. Aquí estoy. Siempre he sido mejor profeta que político. Lo grave es que, en política, la peor forma de equivocarse es tener razón antes de tiempo.

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