Opinión Nacional

Esteban el empresario

A Nicomedes Zuloaga le hubiera encantado conocerlo, porque Esteban Rivas es un empresario en toda la extensión de la palabra: absoluta claridad en los conceptos de trabajo, libre mercado y excelencia que Zuloaga impulsó y según los cuales vivió toda su vida.

La historia de Esteban Rivas merece ser contada, porque habla de superación y esfuerzo, de metas y proyectos.

Yo lo conocí el año pasado cuando fui de vacaciones a Margarita. Una vecina tenía una pulsera muy bella y original. Le pregunté dónde la había comprado, y me dijo: «en casa de Esteban Rivas, en Chinguirito, cerca de Guacuco. Todos allí lo conocen». En efecto, llegué preguntando. Me encontré con una pequeña empresa de orfebrería, con piezas únicas trabajadas con exquisito gusto.

Esteban Rivas llegó hace 17 años a Margarita procedente de Carúpano, su ciudad natal, para terminar el bachillerato. Su mamá se enfermó y Esteban tuvo que ponerse a trabajar para mantener a sus hermanos menores. «Era trabajo o estudio, y mis hermanos me necesitaban. No me quedó más remedio que ponerme a trabajar». Comenzó elaborando collares de cuero para vender a los turistas extranjeros que venían al desaparecido Hotel Decamerón en Playa Moreno. Allí conoció a Yngristh, su mujer y madre de sus cinco hijos.

Más tarde, Esteban entendió que Playa Guacuco era el lugar ideal para vender sus creaciones.

«Esteban transformó la playa», dice su esposa. «Los artesanos hacían más o menos las mismas cosas y Esteban se atrevió a hacer algo distinto y mejor, con diseños propios». En ese momento decidió invertir todo el dinero que tenía en comprar una laminadora. Para entonces, vivían él, Yngristh, su hermana y los cinco muchachos en una sola habitación en La Asunción. Fueron tiempos difíciles, pero los Rivas supieron ver en las dificultades acicates para seguir adelante.

«Ésa ha sido nuestra vida: luchar cada día y con ganas de seguir luchando».

Hace 5 años compró casa. Hasta eso fue difícil pues por Ley de Política Habitacional le aprobaron el crédito pero no había disponibilidad y casi pierde la opción de compra. La familia reunió todos los recursos de los que disponían y hoy tienen una quinta de seis habitaciones en cuya construcción Esteban ha sido albañil, plomero y hasta carpintero.

«Si uno no se pone, no aprende», dice Esteban con una sonrisa.

Hoy la empresa Creaciones Las Perlas cuenta con quince colaboradores, todos familia. Los planes de Esteban para el futuro inmediato incluyen importar su propio material, abrir una tienda en Caracas y estudiar en Italia… «Si allá es donde lo hacen mejor, allá es para donde tengo que ir».

Esteban Rivas llegará hasta donde quiera llegar, porque no le tiene miedo al trabajo, porque se supera constantemente, y sobretodo, porque tiene como norte la excelencia, que es, ha sido y será el norte de todos quienes han triunfado en la vida.

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