Opinión Nacional

Esto es guerra

Los discursos de Chávez en Maracaibo y Ciudad Bolívar el viernes y sábado pasados —puede haber nuevo material desde entonces— contienen la declaración formal de la guerra que de un tiempo a esta parte libra en contra de la sociedad democrática de Venezuela. Declaración grosera, altisonante, contraria al interés nacional, mediocre, pero definitiva. Convencido como está de que no puede gobernar en libertad radicaliza el proceso hacia la dictadura mediante el golpe de estado de ejecución progresiva que padecemos. Carente de las luces mínimas indispensables para la función pública e imposibilitado de recuperar el terreno perdido, ni de sumar a su causa a las fuerzas motrices de la nación, toma la ofensiva, ataca sin piedad a quienes puedan oponerse a sus pretensiones revolucionarias. La destrucción de la fuerza armada y de la policía metropolitana, de Petróleos de Venezuela, de los partidos opositores, de los medios de comunicación, especialmente de los radioeléctricos, de los empresarios de la ciudad y del campo, del aparato productivo, de los sindicatos y federaciones de los trabajadores organizados, todo ello y mucho más, como la politización rabiosa del hampa común y la arremetida cobarde contra gobernadores y alcaldes no sumisos o la quiebra financiera que lleva a controles de cambio y de precios también politizados, busca la concentración total del poder en un país desesperado en el que la única opción sería depender del gobierno hasta para acceder a un bollo de pan o a un litro de leche.

Aquí no hay términos medios ni posibilidad alguna de salidas negociadas. El Presidente las cerró todas. Es el momento de radicalizar la lucha de los verdaderos demócratas contra quienes asaltan el poder en una guerra de tierra arrasada contra valores y principios fundamentales. O peleamos o nos rendimos. No hay alternativa. Los pueblos son libres de escoger su camino. Esperar que toquemos fondo es una quimera. Los países nunca tocan fondo. Siempre pueden estar un poco peor y lo más lamentable sería que nos acostumbráramos a estar como estamos y a soportar el camino de la destrucción y el crimen. Quienes viven al lado de las aguas negras terminan por no percibir el mal olor. Se ha hecho mucho hasta ahora, pero obviamente no ha sido suficiente. El esquema de lucha tiene que variar radicalmente. No estamos combatiendo contra partidos organizados, ni contra un demócrata, ni existen instituciones que garanticen la igualdad ante la ley, ni la reparación de los daños generados por la perversidad gubernamental. Se trata de un resentido social, ideologizado, comunista, sin escrúpulos como todo amoral, supremamente ignorante pero, no nos equivoquemos, inteligente e intuitivo. Conoce a fondo las debilidades humanas y políticas de propios y adversarios y administra esas circunstancias. La paz no es la ausencia de guerra y en la vida, hay cosas bastante peores que la guerra misma.

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