Opinión Nacional

Esto sí es con usted, Presidente

Escribirle a usted, señor  teniente coronel, presidente comandante, comandante presidente, supremo líder, líder supremo,  podría ser un acto de imbecilidad, pudiera ser, del mismo modo, una enfermedad aun indescifrable, como si escribiéramos a los muertos,  peor, mas ni aún  así, porque hay quienes creen firmemente que a través de un médium conversan con los seres del más allá, y los idólatras en estado de psicopatía que viven  con su muerto, digo mejor, el muerto vive en ellos y dejan de ser ellos, no son ellos, o para ser piadosos, viven la idolatría  y esta  “…es una aberración que conduce al hombre a una degradación de su propia dignidad” (documento iglesia católica).  Creo, perdone usted esta bella palabra pero, por bella la uso, que usted  ha intentado, con relativo éxito, no ser el médium a través del cual  Bolívar nos hablaría,  sino que usted cree  que es usted el mismo Bolívar que ha venido, ahora como Mesías, a terminar la obra dela independencia que aquel dejó inconclusa y, por supuesto, en lugar de un caballo, de  los que trajeron los españoles del imperio aquel, usted anda en un Hummer, completa, anfibia y voladora,  no se si así se escribe, pero se  que son de lo mejor que fabrica el imperio. Ve usted la semejanza?  Somos iguales, dice usted, solo que han cambiado las circunstancias y así le aprobará la sentencia el sociólogo Jahua, y le dirá que es de Ortega y Gasset. (Como si fueran dos?).  Pero más, mucho más, ocurrió que Bolívar se transubstanció en usted,  el caballo en tanque de guerra de la mejor generación.  Quizá eso, y lo de las circunstancias, el no menos sabio Giordani le dirá que  si bien eso puede tener sentido, lo de Ortega,  usted sencillamente está por encima de las circunstancias, como lo está de usted mismo, que no es usted sino Bolívar.  Pero que su mérito es hablar de todo y en eso también usted está por encima de aquel  (no se preocupe, también yo hablo mucho, pero cuido, eso si, de que en mi reencarnen los mudos del ayer, para que vacías sean mis palabras)-

            Pues bien, hay algunos detalles que en esas diversas transubstanciaciones  que usted es,  no ha logrado un buen geógrafo, será que no hay, ni un solo geodesta, ni la paleontología vaya consigo (este nombre, paleontología, me gusta, no se qué es, pero suena bien, y trato de escribir como usted habla, porque quizá así nos entendamos mejor, ni usted no yo sabemos lo que decimos, salvo que en mi favor mi terapeuta me ayuda a corregirlo y tengo la esperanza de no contagiar). En efecto, Hugo Rafael, usted acusa al capitalismo de ser responsable de esta tragedia.  La que ocurre aquí. Y claro, yo me puse a pensar que podría ser verdad porque, de que el capitalismo ha echado vainas es cierto, que parte de sus obras han destruido la naturaleza, es verdad, pero no sabía desde cuando. Y dije, cuan viejo es el capitalismo. Llegue a la conclusión, si usted tiene razón, que nunca le falta, de que Dios era y es capitalista de la peor especie, por acabar  con el mundo,  y envió el diluvio para mejor hacerlo. No fue cualquier cosa.  Y decidió Dios, Jahve “…dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré a todos los seres que cree” Génesis 7.4.  Percibo que entre ninguno de los médium que están a su lado no ha logrado que en usted se reencarne Noé, le habría contado cómo fue la cosa. Se a quien culpó Dios,  “vio  que la maldad del hombre en la tierra era grande  y que todos sus pensamientos  tendían siempre al mal”. Génesis 6.5.  Y muy bravo Dios se dijo, “Borraré de toda la faz de la tierra a esta humanidad que he creado, y lo mismo haré con los animales, los reptiles y las aves, pues me pesa haberlos creado”. Génesis 6.7

            No se que vendría después, ni antes tampoco, pero hubo otra  “tormenta”  cuando  pasó algo  que llaman glaciaciones, dicen esos sabios que la última ocurrió hace 10.000 años.  No me crea, pero así  dicen los expertos que para identificar su ciencia usan una denominación, naturalmente griega, la glaciología.  Si bien quizá no habría imperialismo, pero estaban los gérmenes del capitalismo, porque si se piensa bien, cuanto dinero habrían hecho si hubiesen podido vender el hielo. No era capitalismo puro, era protocapitalismo genético.  Claro, para usted el mundo es tan reciente que  en Argentina subrayó  usted que  la especie humana tenía dos mil años,  pero esos detalles solo tiene que ver con el tipo de planeta que usted usó para la referencia temporal. No crea que lo irrespeto, pero, seguro estoy que usted ha perdido la noción de la realidad, quizá no exactamente, sino que tiene una realidad fija en otro planeta más allá de la Tierra, de Marte también, como en Júpiter deben andar sus ideas. Su ficción si bien menos fundamentada que la de Julio Verne, bien puede pensarse que es como usted dice y que somos herejes quienes disentimos de usted. Dejemos a un lado estas cosas que usted debe saber de mil maravillas. Y tratemos de volver a la tierra.  Toda la maldad, desde Adán para acá, es capitalista. No hay duda. Fijémonos bien, Satanás es capitalista,  vive invirtiendo  en el mal para a través de sus malas artes comprar las almas y que la avaricia, la arrogancia, la soberbia, la concupiscencia, la lujuria,  etc. sean las compañeras nuestras. Y esto de comprar y vender con ganancais, es como capitalismo salvaje, el se gana el alma.  Y mire usted, es tan malo el capitalismo que engendró de sus entrañas, de su cabeza, el socialismo. Usted lo sabe muy bien, las magistrales  clases de los Rodríguez, el ministro,  y el poeta, que será presidente del TSJ,  con el  científico  Jahua, le habrán dicho que esta visión es  correcta. Las contradicciones del capitalismo  reclamaban para superarlas esto que se llamó socialismo utópico, científico… hasta usted, que tiene en sus manos  el socialismo del Siglo XXI. Y este socialismo tan suyo, tiene su madre en el capitalismo y  en los adecos, y en los copeyanos, los escuálidos, los  todos etc., que le dieron motivo para que de ese capitalismito saliera usted con su socialis-mito. Lo ayudaron  tantos,  quizá hasta el señor Cisneros y otros ricos, pero usted como Florentino se zafó de esas garras de esos capitalistas interesados y hasta  perversos y, helo aquí a usted,   salvando al mundo.

            Como sabemos, usted después de quince días de lluvias se enteró que en este tierra suya,  digo así  verdad, suyo es el petróleo, suya es la propiedad que de todos era y la poca propiedad que teníamos, suyo son los poderes, suya es todo, en hora  buena, etc. suyo, estaba lloviendo. Y por si fuera poco es usted el pueblo y por ser el pueblo es usted la propiedad absoluta de ser pueblo. Yo no se si usted andaba en el barco de Noé, pero tengo la impresión de que usted se fugó antes que la paloma y se enteró, por fin, de que afuera estaba lloviendo y que había gente mojada, porque no tenían casa,  y les sobraba el agua.  Y lo que sobra y se despilfarra  es la moral del capitalismo, de  modo que esta gente  que mal llaman damnificada, no son  tales, están despilfarrando el agua y por ello Dios los castiga,  y entonces viene usted, aquí casi a disentir de Dios, quizá a corregirlo, claro, uno ínter pares. Y usted descubre que son los ricos los culpables de esta tragedia y les manda a quitar sus casas.  Y rico es ser malo y es malo ser rico, así dice su nueva moral.  Entonces piense bien esta vez. Los pobres que ya eran, son mas pobres y la gente que aun siendo pobre pero tenían algo, usted se los quita y así, que más, que maravilla, todos somos iguales. Y aquí esta la cuestión.

Es su ideal, presidente.  Su socialismo se construye sobre la miseria y las virtudes de su socialismo se sustentan en el odio. Los mecanismos que usted  emplea los he estudiado mucho y para suerte suya, eso que llaman oposición tiene la virtud de la sabiduría y para mejor entenderlo a usted y a su proyecto asumen que lo mejor es no entender, o comprender Nada. No hemos aun sabido descifrar el montaje de su revolución.  Cuanto terror hay que ejercer desde el poder para que  tengamos miedo, del miedo pasemos a la abulia y de allí a la absoluta  indiferencia.  Para poder odiar hay que evitar pensar.  Usted lo ha logrado. Usted le dice a la gente, estos ricos, bebedores de whisky, de la cuarta, tienen estos apartamentos y   se los quitaron a ustedes antes de que ustedes los hicieran. Vamos por ellos, ellos son los culpables,  ellos no se ahogan, viven en las alturas,  ellos  son capitalistas y así sigue usted. Genial!  Porque para manejar este diablario (diablario  viene de  Satan-gorrea) se tiene que ser genio, como, permíteme este halago, como Mefistófeles, claro, sin Goethe..

            Usted presidente, afirma que para lograr sus objetivos, ese de su hombre nuevo, hay  aniquilar  radicalmente al viejo y  primer paso para su sociedad chévere, allí donde  Nada será la madre y padre nuestro. Nadie sufrirá, porque el sufrimiento será el existir nuestro. Nadie morirá porque cualquier muerte, tanto de esas que andan sueltas con el aval de su gobierno, que cada semana mueren cuatro veces mas de cuantos muertos lleva el aguacero,  y las otras muertes, incluidos los suicidios, los exilios, los abúlicos, los ataráxicos  serán buenas, y vivirán todos en silencio como viven los muertos. Casi se me olvidaba, Señor, pero usted puede, ordene a Dios, una vez concluida su misión, que pare de llover. No le será a Dios mucho ni difícil hacerlo,  recuerde que hizo parar el Sol y dividió  el Mar Rojo, todo eso para proteger a su pueblo, salvarlo del imperio egipcio. Pero me asalta una duda, siempre es como mi estigma. Pues bien diré para finalizar, pienso que esto último no le será grato a usted, pero quizá usted  está dividiendo su mar rojo.  Ah, siempre falta algo,  en vez de subir la cota del Ávila, sembrarla de ranchos, aplane el cerro y construya urbanizaciones de esas que están en su cerebro. No deje árbol prohibido, eso sí que no. Nunca más habrá crecida que vengan de esa montaña.  Allí veremos un paraje bello, su paraíso socialista y usted mismo en un hummer mercedes benz blindada, que vuele, que ande, que vea, podrá pasearse gozoso entre su pueblo en esa identidad perfecta que ha logrado entre usted, con su hummer y el igual, el pueblo descalzo sin nada volará en sus alpargatas, como dicen los cuentos que antes otros volaron en alfombras.

NB a mis editores, a mis caros lectores, perdónenme este texto, ajeno a la lógica, etc.… pero es mi única forma de poder hablar de todo esto.

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