Opinión Nacional

Ética y algo más (II)

En el primer texto dejamos abiertos todos los caminos que transitaremos para, mas que la definición de la ética, la comprensión que de ella proponemos, a decir verdad, para el caso propongo. Como sabemos la atención a este tema, como tantas cosas y casi todas empezó con los griegos. Una vez mas Sócrates es un limite, antes de él, los presocráticos, luego de él todo cuanto sabemos por conservación de obra, de citas, de cuentos también. Sócrates tiene existencia real en los diálogos, vale decir en Platón fundamentalmente. Y, de subsecuente manera en Aristóteles. De allí hasta hoy, hay un largo y complejo camino de autores, tendencias igualmente, de modo que la ética se hace parte de la filosofía y de la política, entonces hacerle seguimiento implica hacer una larga revisión de la filosofía y de la política y no es este el propósito. Tal vez casi la vida o equipos múltiples habría de disponerse solo para el cotejo de obras, autores…, al termino de este viaje, si hubiere alguno de nuestros lectores interesado en ese proceso, tendremos para los no expertos, algunas sugerencias, bibliografía, etc., que le haga mas amplio pero mas denso el camino. Sin embargo, séanos permitida una sugerencia de dos obras claves que ayudan, Ética de José Luis Aranguren, de editorial Alianza y una muy especial de R.M. Hare, Ordenando la Ética, (Una clasificación de las teorías éticas) en la edición castellana de Editorial Ariel, del 1997. Enfoques diversos ciertamente pero, que al final, se convierten en críticos complementarios.

Adentrarse en el tema es entrar en un laberinto, pero es viable llevar la cuerda que permita salir, a pesar de la cuerda, por la otra puerta. De momento asumamos una distinción. Dos culturas y sus fuentes esenciales, su arte, su lengua, – para casi todos los casos y situaciones- pero para el que nos ocupa, la ética y desde luego su praxis intelectual y social, dejaron indelebles, sus marcas. Los griegos y los romanos. Para los primeros, los grandes problemas humanos tienen un enfoque que, para simplificar, podemos llamar mas teórico. Para los romanos, el centro de sus reflexiones a fin de cuenta sustenta, justifican, explica sus hechos. De modo que por gracia y desgracia de esa historia, la Ética y la Moral, después de los romanos, adquieren valor de iguales. Empero la expresión griega Ética, (Ethos) es mucho mas rica que la expresión mos –moris de los latinos. Ya el propio Aristóteles hizo una distinción capital, pero que contribuye a la “confusión” de origen. Dividió el campo de la ética, entre virtudes que andan entre la gente, que están en el hacer y deshacer del ser social y de las complejas relaciones con el Estado, justicia valor, amistad, etc., y mas allá de ellas, las dianoéticas, que conforman la sabiduría, la prudencia, etc. Los romanos, para quienes el Poder era centro clave de su existencia, les resultó mas transparente, a decir verdad más adecuado, todo aquello que constituyen las acciones de la gente con sus fines, en amplio sentido, y tradujeron Ethos de manera “chucuta” por mos (mos –moris), y así, entonces, tuvieron moris maiorum, morem aliqui gerere y mas, con lo cual afirmaron, para tomar esas dos visiones, según las costumbres de los mayores, y según el obrar de cada uno. Y en ellos iba implícito una determinada “conducta”, una especifica finalidad, según hábitos o según diera la gana y, sabio, el estado romano se encargaba de legislar para evitar desenfrenos sin desconocer los ya vitos, costumbres, de los mayores en el tiempo y de las circunstancias según sus espacios.

Luego vino el desarrollo del poder, con todas sus complejidades, en Occidente, y desde el poder se establecieron normas de tal magnitud que intentaron – a como diera lugar – regular las acciones humanas, establecer qué de bueno o de malo tenían esas acciones. El cristianismo pautó, de manera dominante, este juego, desde luego con el peso que sobre él pesaba del universo judío. Los actos humanos se dividieron, pues, en morales e inmorales y el juez de esa dicotomía la Santa Madre Iglesia, que por santa era impoluta, ajena al bien y al mal, o para mejor decirlo, que sus acciones por razón de su esencia, eran buenas y le permitía por la misma razón establecer, calificar, las cualidades de las acciones del otro. El campus se hizo la totalidad. Desde la estructura de la familia hasta las relaciones del poder. La familia tenía en su concepción el paradigma de todas las familias, la sociedad y el poder humano subordinado al poder de Dios, pero que en la esfera terrena lo ejercía la propia Iglesia. Además, la única que podía ejercerlo con propiedad. Se hizo justa, moral esta concepción y práctica, pero que estaba esta valoración muy ajustada a los intereses reales de la Iglesia, mediante la cual justifica misiones, cruzadas, inquisición, índex… y qué desdicha, con el perdón de mis excelentes amigos sacerdotes, las cosas se reducían a cristianismo católico apostólico romano o muerte. Cosas veredes Sancho, cosas veredes, se me agolpan a la memoria mis tristezas todas cuando escucho expresiones como patria o muerte. Cosas, cosas. Al romperse el imperio católico, se transforma el poder, pero quedan como sustento mismo del nuevo poder, los “valores morales” que por siglos dio la iglesia a esos valores. Las virtudes, los pecados capitales para recordar opuestos, ilustran lo que señalo. Su visión de la vida, del bien, del mal, que de manera muy sintética y quizá grotesca, puede evidenciarse de forma casi completa en la definición y clasificación de los pecados capitales y los veniales, espacio en donde Santo Tomas tiene tanto que decir y que con tanta amplitud abarcó. Pecados capitales, a fin de cuentas son todos los “malos deseos! que en la cabeza bullen (Caput), aun cuando tantas veces son tan placenteros, etc.

Como ve. ya tiene en manos más problemas que respuestas. Pues bien, yo me inscribo entre quienes distinguimos la ética de la moral. A la ética le damos tanto el valor de reflexión sobre los problemas morales, cuanto dejamos a ella el universo de principios universales que son hoy condición necesaria para la existencia humana en su totalidad, y su totalidad implica relaciones individuo-sociedad- poder pero también la existencia de la propia naturaleza. Individuo-soceidad-poder-naturaleza. Y en esa línea asumimos que la ética ha avanzado en tales proporciones, que el centro mismo de sus reflexiones, su en sí, lo constituye la vida misma, en tanto necesidad de preservarla, mantenerla e, incluso, perpetuarla. Mas allá aun, la más importante conquista de la consciencia humana de casi todos los tiempos, puede ser, si no es, la nueva definición del hombre que, sin dejar atrás por buenas las establecidas desde Aristóteles, el hombre semejante al animal en su vida política, el hombre que juega, el hombre que trabaja, etc., vinculadas a los procesos históricos en su amplio sentido o el hombre a la imagen y semejanza de dios, rey de la naturaleza, tomadas del universo judeo cristiano, se concibe y define como ser natural, lo cual lejos de reducir su valor en tanto hombre, se reconoce por vía de razón como ser natural y da a la propia naturaleza el espacio y tiempo vital que ella posee y el que ocupamos dentro de ella, mas aun, asumimos su finitud, su dinámica y la necesidad de ser con ella y por tanto, la correspondencia y dependencia que hoy nos une a ella y asumirnos como parte de ella.

Esta conquista dará y así ha empezado a hacerlo, una nueva dimensión a la vida, al ser, a la existencia y, desde luego, una redimensión a la propia concepción y objeto de la ética. Empecemos por afirmar que además de haber tenido y tendrá un espacio en la filosofía, lo tiene y tendrá cada vez con mayor énfasis en la ciencia. Ilustremos esto. La moral volverá a sus espacios enclaustrados en sus culturas. Es lícito hablar por ejemplo de la moral islámica, cristiana, la protestante, cuya reducción o amplitud no depende tanto de sus valores, sino mucho más del poder y de la habilidad que éste tiene para el manejo de su dogmática, de sus fundamentos. Que sigue siendo lícito hablar y adecuar la moral a la acción política diaria, por ejemplo, la lucha contra la corrupción y mas que ello, sus sanciones constituyen un problema moral, con respuestas especificas que pueden sustentarse en el derecho, la sociología, la piscología, las costumbres, etc., pero el problema de la perversidad, del egoísmo humano, -aun con la ayuda de todas las ciencias…- será un problema permanentemente ético. Reitero, el que la bilogía ayude a resolver e incluso resuelva, a determinados niveles, este tipo de problemas, se habla de la trascendencia que tiene el gen egoísta en la conformación humana, por ejemplo, en vez de invalidar el discurso ético en sí mismo lo perfecciona. Digamos de otro modo, las conquistas científicas perfeccionan el crecimiento de la ética, pero ésta ha de iluminar el camino para evitar la tragedia que implica no ponerle freno, por ejemplo, a la avaricia, a la sed de poder, a su lujuria. Baste recordar que la ausencia ética de la modernidad, en el plano económico y la domesticación de la política y del poder por estos intereses, ha provocado lo que pareciera ser casi irreversible, la destrucción de la naturaleza. Entonces, hoy estamos en capacidad de determinar con exactitud aquello que fue esencialmente moral, y el bien y el mal ya dejaron de ser “valores y antivalores” sino que son absolutamente determinables en las relaciones hombre-naturaleza, individuo-sociedad- estados-mundo. Todo lo cual, enmarca el problema central de la ética de nuestra era y para el futuro, en su central objeto, la Libertad. La necesidad del hombre de alcanzar la libertad, sus modos de hacerlo son parte vital de la razón misma de la ética. La libertad ligada al placer, a la calidad de vida, a la creación y más, a la felicidad. Tema del cual nos ocuparemos en el próximo texto.

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