Opinión Nacional

Europa: el drama de una izquierda cabezona

El editorial de Le Monde publicado el pasado 27 de diciembre evidencia que “Chávez ha logrado fascinar a múltiples grupos de un pensamiento progresista (y algunos que no lo son tanto)…puesto que precisamente este ha sido una de las pocas figuras elegida democráticamente, capaz de pronunciarse en contra de la hegemonía de una economía de libre mercado…” (Zubillaga, 2002).

Le Monde afirmó en su editorial: “el chavismo es una se esas manifestaciones electorales atípicas, producto de una crisis de adaptación al modelo liberal en los ricos y mal gobernados países latinoamericanos. En la versión trágica está Argentina; y en su modo más optimista está la elección de Luis Inacio da Silva en Brasil. Venezuela no debe ser una segunda Argentina”. Tiene razón, pero no profundizó. Sólo se preocupó por abordar la crisis de Venezuela y el Continente en forma general y simple. Al parecer el periodismo de Le Monde no admite detalles; y eso es muy peligroso, pues es en este punto donde los análisis se derrumban. Eso también ha venido sucediendo a Ramonet, Jean Ziegler y a ciertos intelectuales de la “izquierda” europea.

No comparto el maniqueísmo con el que estos personajes abordan el estudio de nuestra realidad, queriendo limitar la comprensión de la historia al espectro simplista de la derecha y la izquierda, del indio oprimido y el blanco opresor. Los venezolanos y latinoamericanos somos mucho más complejos y ricos que Hugo Chávez y la oligarquía caraqueña.

Es cierto que parte de la “burguesía venezolana” -como lo señala la editorial de Le Monde- desde el principio se sintió alarmada por los pocos modales del “indio mestizo” y que el chavismo derrotó democráticamente a la vieja guardia política, corrupta e ineficiente. Pero no es menos cierto que esta revolución no fue más allá de la palabra, ese “populismo generoso” (y a mi modo de ver perverso) al que hace referencia el periódico francés con tanta simpatía y de pasadita para no profundizar en el tema.

El populismo, estimados señores de Le Monde, es esa práctica cancerígena que sólo fomenta la conquista de derechos , sin hacer un llamado al cumplimiento de sus deberes, al esfuerzo, la constancia y el trabajo. No tiene nada de generoso, al contrario, es mucho más devastador que la huelga petrolera a la que hacen referencia con tanto desprecio.

También es una verdad a voces que el proceso revolucionario, además de integrar a los dinosaurios que se amamantaron del antiguo régimen (léase José Vicente Rancel y Luis Miquilena entre otros), adoptó con fervor el mismo modelo político de sus antecesores: clientelar, paternalista, autoritario. Hugo Chávez es un adeco barroco, nada más, basta de análisis. Esta muy lejos del ideal socialista del señor Jospin y de las prédicas ecológicas, que a todas luces desconoce, habiéndose opuesto en la Cumbre de Johannesburgo en septiembre de 2002 (y en apoyo a Estados Unidos) a la natural propuesta (Europea, por cierto) de aumentar el consumo de energía renovable.

¿Y entonces? (Et alors?).¿Dónde está la Revolución?

La «izquierda-verde»: colonialismo puro

Este “affaire” de la izquierda-verde con Chávez, Fidel y el más radical voluntarismo antiyanqui, tiene su historia. El antecedente más remoto es un residuo colonial que corroe la cultura de los dos mundos y que persiste en las mentes de quienes responsabilizan a Washington o a la Iglesia Católica de todos los males que padece nuestra sociedad; lo que equivale a no otorgarnos el derecho a asumir la responsabilidad de nuestros propios errores. Aunque con esto no pretendo exculpar a la C.I.A del Plan Cóndor ni de la guerra en Nicaragua, como tampoco puedo desconocer a la Iglesia católica su aporte al discurso social desde la Teología de la liberación. Este triste estereotipo esconde un complejo muy latinoamericano que consiste en depositar las responsabilidades propias en terceros y una vocación de superioridad del llamado “Primer mundo”, que aún nos trata como niños y pretende “evangelizarnos”.

A veces pareciera que cierta Europa nos quisiera imponer (más bien sugerir) una guerra que no es nuestra, dudando de cualquier asociación con el país del Norte. ¿Quién gana en ese juego? Sin duda es Europa la que gana. Por eso insisto, esta no es nuestra historia, es la batalla “perdida” por Francia al final de la “Segunda Guerra Mundial”, con la natural huída de sus talentos y las riquezas económicas y culturales del “viejo imperio”, cuando el mundo abandonó “les bons vieux temps” para engancharse al este ridículo sueño americano. Cada cosa en su lugar, América latina “no tiene vela en este entierro”.

Esta tormentosa relación de pareja con “el gigante del Norte” es una carga difícil de evitar, no en vano Hugo Chávez (paladín de los «progresistas» europeos) calla y aprueba el ataque a Irak, sustentando esta locura de orden mundial y prometiendo a los Estados Unidos (muy a pesar del paro petrolero) el abastecimiento de combustible para asegurarse una cuota de la cesta petrolera.

“Los representantes del Consenso de Washington (globalización neoliberal) reconocen sotto voce que en el plano puramente comercial y financiero el gobierno del presidente Chávez les está dispensando un trato más favorable y abierto que los presidentes democráticos anteriores…”(Boersner, 2002)

¿Y entonces? (Et alors?). ¿Dónde está la Revolución?

Para Le Monde el cuento es muy sencillo

Para Le Monde el cuento es muy sencillo, el problema que sitúa a Venezuela al borde de una guerra civil, como bien se afirma en el editorial del 27 de diciembre, es de naturaleza táctica, de buenos modales. Según el diario francés Hugo Chávez “encarna la legalidad democrática…[es] un gerente con una tradición populista generosa, que gobierna sin real programa y sin equipo…que llevó a cabo una reforma agraria interesante; que promovió una legislación que fortalece el poder del Estado sobre los hidrocarburos. Pero rápidamente, practicando una retórica revolucionaria incendiaria, se enojó con el único [partido] -el Movimiento al Socialismo- que le hubiera podido ayudar a conducir una política reformista”.

“Mes chères amies” este no es un problema táctico, no es un problema de cocina política, de aderezos y fondos. Este es un problema de principios democráticos, de traición a la esperanza de ese pueblo que en 1999 votó mayoritariamente por Hugo Chávez y que hoy está siendo gobernado por un déspota, un caudillo militar al mejor estilo del sangriento siglo XIX. Hugo Chávez copió y exacerbó todos lo males del modelo político del macho paternalista latinoamericano, es la razón del más fuerte y hoy hace uso del aparato del Estado para promover la violencia en contra de sus adversarios. Ya no es un líder que encarna la “legalidad democrática”. La legitimidad originaria no constituye razón suficiente para sustentar el principio democrático ni constitucional de su gobierno en la actualidad, pues tal y como reza el Informe de la Corte Interamericana de Derechos Humanos presentado a raíz d los sucesos del 11 de abril del año pasado, “la falta de independencia del Poder Judicial, las limitaciones a la libertad de expresión, el estado deliberativo en que se encuentran las Fuerzas Armadas, el grado extremo de polarización de la sociedad, el accionar de grupos de exterminio, la poca credibilidad de las instituciones de control , la falta de coordinación entre las fuerzas de seguridad” representan una clara debilidad del Estado de Derecho, del sistema democrático.

¿Un baño de sangre?

Las atrocidades del gobierno de Hugo Chávez saltan a la vista. Negarlo, silenciarlo, olvidarlo, constituye un asesinato al periodismo y a la causa social, es una traición a la Solidaridad de “izquierda”, proletaria, socialista, humanista, como quiera que se llame.

Ser de “izquierda” o de “derecha” en París y Berlín no tiene el mismo sentido que en Bogotá y Caracas. Se puede “globalizar” la economía, no así el pensamiento ni la manera de entender al hombre. Esta “izquierda” cabezona ha caído en la trampa que le tendió el “modelo liberal”; no podía suceder de otro modo, de tal palo tal astilla. Estos materialistas militantes siempre tropiezan con la misma piedra, la historia y sus matices.

Sirvan estas líneas como una cordial invitación a comprender en forma más justa y profunda la crisis que atraviesa Venezuela y América latina. A marchar al lado de la creatividad y la inteligencia, esas condiciones tan ajenas al militarismo cavernícola liderado por el señor Chávez y aupado por Le Monde muy cómodamente desde “la ciudad Luz”.

Hugo Chávez en una rueda de prensa ofrecida el pasado 2 de enero en la sede de la Embajada venezolana en Brasilia aseguró que «los que cierran el camino a la revolución pacífica lo abren a la revolución violenta. Eso es lo que está en juego en América Latina». ¿Estarían dispuestos los periodistas e intelectuales de Le Monde a justificar este baño de sangre?

(*): Comunicador social venezolano. Master en Artes del Espectáculo y D.E.S en Gestión Cultural en la Universidad Libre de Bruselas. Se especializa en programas de intercambio cultural entre Europa y América latina.

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