Opinión Nacional

¡Familia Felíz o te devolvemos el valor!

Hace tan solo un rato, hablando en términos del tiempo universal, se cumplió una jornada. Sorpresiva para muchos; inesperada para otros; inverosímil para unos cuantos; increíble para la gran mayoría, asoladora para los detractores.

Fue apenas un instante, siempre con referencia al reloj universal, cuando entraron y salieron por las puertas de un recinto, hombres y mujeres convencidos del provecho de esa jornada. Unos aprendieron de las experiencias de su prójimo; algunos conocieron de las vivencias de otras comunidades y todos comprendieron que el asunto, finalmente, no estaba terminado.

Aquella jornada concluyó. Si, concluyó el efecto de demostración de ella; si se expresara en términos vanidosos, se diría que se acabó el boato, cayeron las marquesinas y los afamados nombres, se apagaron las luces; no hay más poses fotográficas y se difuminó ese iluso dejo del éxito inmediato Y si el efecto demostrativo solo fuera por la fastuosidad, las carteleras y el colorido neón, las caras bonitas, diríase entonces que la semilla sembrada un tiempo atrás no dará el fruto esperado.

Cierto. Otra jornada no ha concluido. Es ahora cuando más trabajo exige lograr los objetivos inicialmente propuestos no solo a una minúscula célula de hombres y mujeres, que cual arrojada vanguardista batalló contra los molinos del viento incrédulo, los resbaladizos fundamentos de los “doctores de la ley” y la soslayada mirada de la envidia, entre otras rivalidades, sino a todo un conglomerado. Sépanlo ahora, el compromiso es mayor que enantes.

La historia de las comunidades no es un evento aislado. Es una sucesión de hechos encadenados para dejar huellas; ella es un magisterio. Puede ser la de un solitario, la de un quijote, la de un atrevido, un pionero o la de una asociación de vecinos. Como siempre, detrás hay alguien más: un “loco” o una “loca”, unos osados o unas entusiastas mujeres, quienes animados por su espíritu de contra corriente abaten la incredulidad, las radicales posturas culturales y los insidiosos celos del que nada hace, nada cree y nada quiere porque no quiere que nada cambie, nadie haga ni crezca, nadie ame.

La historia está allí. Comenzó con una invitación, una reunión, varios intercambios, muchos decires, contradicciones, aprendizajes de la normativa, búsquedas de la razón y hasta un familiar intercambio bajo la sombra de la cubierta de una cancha deportiva.

La huella no se ha borrado. Varios abandonaron el barco porque no sintieron que fueran marineros de alta mar, varias dejaron la nave al no creer que fueran azafatas de alto vuelo. Quienes se fueron pueden volver. Se entendió que sus ausencias son temporales o que prefieren el pasivo “hacer cuando se sepa” y no, el activo “hacer para que se sepa”.

Se ha iniciado el otro ciclo. ¿Cuándo concluirá? Solo Dios sabe.

Ha comenzado, una vez más, el propósito de hacer realidad el anhelo de toda célula matricentrada; de toda célula estructurada; de una comunidad católica; de una sociedad; de una familia universal.

Ha retomádose el camino para la reafirmación de la familia como núcleo esencial de la sociedad, por ello ¡FAMILIA FELIZ O TE DEVOLVEMOS EL VALOR! No es un mero “slogan”. Es la labor incansable desde ya.

¡FAMILIA FELIZ O TE DEVOLVEMOS EL VALOR! es el Premio Nobel, para todo equipo de Pastoral Familiar de cualquier parroquia católica de Maracaibo, el Zulia y Venezuela.

.¡FAMILIA FELIZ O TE DEVOLVEMOS EL VALOR! es el Oscar de la Academia para toda comunidad sabedora de su labor. .

¡FAMILIA FELIZ O TE DEVOLVEMOS EL VALOR! Es, en síntesis, la pértiga que ayudará a superar la altura de la miseria, la mendicación, el niño de la calle, el desamor creciente y construir, así, una sociedad de familias felices. ¡Seguro que sí!

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