Opinión Nacional

Federico Nietzsche y las cuatro tiranías

Desde muy joven sentí curiosidad por el pensamiento filosófico de Federico Nietzsche. El anticristo fue uno de los textos que cautivó a un adolescente que desconfió de la belleza divina. Fui un ateo furibundo. El ateísmo que se propagó por la sabana de los truenos, se profundizó con una lectura de un libro del filósofo alemán que estremecería el alma europea: Zaratustra. En una de sus páginas escribiría aquella frase que, en definitiva, alteraría el curso de la arquitectura filosófica, teológica y religiosa de la civilización occidental: Dios ha muerto. El nihilismo se apoderó de esa civilización que vivió su vida espiritual a través del antiguo y nuevo testamento. Europa entró en pánico, y los cimientos de su fundación se desvanecían. Ese hombre excepcional olfateó    una humanidad cuyo   signo fundamental era el superhombre. Es decir, el superhombre y su  voluntad de vivir y pertenecer a una tierra sin esperar la conmiseración de la bóveda celestial. El superhombre retornando a la vida en todo su esplendor. La vida en su goce y su dolor, la que tanto fascinó al dios Dionisio. Esa reflexión filosófica de Federico Nietzsche, fue un duro golpe contra los predicadores de la muerte y los anunciadores de nueva vida en las utopías  y  en los trasmundos.

Enfrentó con dignidad y coraje la tiranía celestial que despreció al cuerpo y el goce de la vida en la tierra. Al mismo tiempo, combatió  la tiranía del Estado: una máquina que miente, que engaña a las “turbas” y que se embriaga con el despotismo. Asimismo, desnudó la naturaleza  del socialismo. Para él, esa ideología su propósito era convertir a los individuos en esclavos mudos  del Estado total. No deja de sorprender sus reflexiones en torno a la tiranía de la democracia, de los rebaños, de las muchedumbres y de las turbas. Éstos, persiguiendo y asesinando a las minorías creadoras e innovadoras. Este hombre con sus aforismos y sentencias desmontó el origen y el destino de esa la civilización que le dio sentido y significado a sus vidas mediante esos mitos. Perdónenme los políticos, los filósofos, los pensadores, los ideólogos, los mesiánicos y fundamentalistas: la obra filosófica de este pensador no le pertenece a esta humanidad que aún se deleita con esos símbolos. Le pertenecerá a otra humanidad que  requerirá ser construida por lo menos en unos cuantos milenios. Así, el superhombre se apoderará plenamente de su cuerpo, de su espíritu, de su goce y de su tragedia en una tierra más allá de la civilización Oriental y Occidental. Este hombre desafió las cuatro tiranías: la tiranía del cielo; la tiranía del Estado; la tiranía del socialismo y la tiranía de las turbas.

Amigas y amigos, arrogarse un atributo del pensamiento filosófico de Federico Nietzsche con fines personales, prácticos, políticos y manipuladores como lo es el símbolo del superhombre, es una vana tontería. Este hombre, solitario y enfermo, se reveló contra   nuestra civilización con todas sus ideas, creencias, mitos y símbolos. Para él, vendrá una era en la que el arte salvará al superhombre. Mientras tanto, sigo contemplando con mi mirada inocente los misterios y la belleza de una sabana que no deja de percibir con perplejidad la aventura histórica de aquel hombre que combatió a los faraones y  a sus pirámides y se embarcó en una atrevida travesía por el desierto hasta alcanzar la montaña de Ur.    

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