Opinión Nacional

Fundación Internacional para la Libertad

(AIPE)- El 14 de octubre inauguramos, en la Casa América de Madrid, la Fundación Internacional para la Libertad (FIL). Esta institución, presidida por el célebre escritor Mario Vargas Llosa, agrupa a las voces y organizaciones de mayor prominencia de ambos lados del Atlántico que defienden las ideas de la libertad. Su principal objetivo es la promoción de la libertad individual, la sociedad abierta, la democracia y el estado de derecho, en todas sus dimensiones.

La FIL nace en una coyuntura de grave incertidumbre sobre la evolución económica y política en la región iberoamericana. El surgimiento de una creciente ola de neopopulismo, caracterizada por el regreso a una receta global de estatismo como solución a los problemas de la región latinoamericana, pone en entredicho las bases de la sociedad abierta. Los caudillos del neopopulismo, ya sea Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil o López Obrador en México, son consecuencia del vacío ocasionado por las reformas incompletas de los años 90, el fantasma del “neoliberalismo”, así como por la creciente falta de confianza en las instituciones políticas.

La búsqueda del caudillo salvador es el primer paso hacia la sociedad cerrada, el autoritarismo de neopopulistas como Hugo Chávez. Es la arrogancia fatal de suponer que un grupo de políticos iluminados pueden exitosamente imponer una receta preconcebida a la sociedad entera, bajo la presunción extrema de que un grupo privilegiado de “héroes” tiene el monopolio de la verdad. Por el contrario, la filosofía de la libertad, repetida en los discursos inaugurales de la FIL, mantiene que la prosperidad es producto de una sociedad abierta, donde las personas interactuando libremente son los protagonistas de la evolución y del progreso.

Los temas inmediatos de investigación de la FIL se concentrarán en las causas de la pobreza que sufren las sociedades latinoamericanas, las bases para una reforma del Estado, el papel de una cultura de derechos de propiedad, la importancia de fortalecer el intercambio comercial, así como el valor de la tolerancia en el proyecto de modernización.

Hoy en día, el riesgo del neopopulismo surge de una profunda ignorancia de la base fundamental de la libertad. El debate se ha degenerado a la crítica típica, predecible, sobre la ficción semántica llamada “modelo neoliberal”. Esa pasión es una bandera política que esconde intereses especiales en búsqueda de rentas, privilegios, la buena vida que ofrece el ogro filantrópico a una casta de burócratas y de empresarios mercantilistas cercanos a los corredores del poder, siempre en nombre del bienestar nacional, los llamados sectores estratégicos y la redistribución de la riqueza.

Por el contrario, un orden de libertad se basa en el imperio de la ley, un marco institucional que procura la protección de derechos a la vida, la libertad y la propiedad. Bajo ese orden, la figura del contrato es de capital importancia en las actividades espontáneas que surgen a raíz del libre y voluntario intercambio de bienes y servicios. La base normativa del libre intercambio descansa en la premisa que los miembros de una comunidad gozan del derecho al fruto de su trabajo, en la medida que esas labores no violen los derechos de otros.

Esto significa que un orden de libertad se define por un compromiso a la protección de la propiedad privada, el cumplimiento de contratos voluntarios, el libre intercambio en el mercado y “reglas del juego” generales y predecibles que limitan el uso (y abuso) de la fuerza por parte de los gobiernos. La sociedad abierta aborrece el autoritarismo, ya que el camino al infierno está pavimentado de buenas

Los llamados neopopulistas del momento son llantos que anhelan privilegios especiales, extrañan el proteccionismo y los mercados cautivos, confunden más dinero con más poder de compra. Son llantos vacíos, pasionales, pero seductores, que no reconocen la lección del sentido común ni la imperiosa necesidad de reglas sencillas para un mundo complicado.

El nacimiento de la Fundación Internacional para la Libertad encara el reto capital de accionar, no reaccionar; de construir, no destruir; y de comunicar en forma clara los pasos para afianzar una sociedad más moderna, más abierta, más próspera, con igualdad de oportunidad para todos, no de resultados para los favoritos del régimen.

* Director de Política Económica de TV Azteca.

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