Opinión Nacional

G400+ rechaza espiral armamentista del presidente Chávez

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Tradicionalmente, sobre todo durante los 40 años de la democracia venezolana, nuestro país mantuvo invariablemente una posición clara en contra del armamentismo, rechazó la acumulación de armas tanto convencionales como de destrucción en masa y estuvo en la vanguardia de los esfuerzos de la comunidad internacional por controlar y reducir el gasto militar.

Paradójicamente, en momentos en que las dos principales potencias militares del mundo avanzan en la concertación de medidas para reducir el riesgo que plantea la posesión de armas nucleares, aquella posición digna y combativa que tanto prestigio le dio a nuestro país ha sido echada por tierra por el régimen del Comunismo del Siglo XXI, el cual se ha lanzado en una espiral armamentista sin precedentes y sin justificación.

Nadie discute el derecho soberano de Venezuela a equiparse adecuadamente para la defensa de su soberanía territorial y a modernizar su apresto militar. Sin embargo, la naturaleza y el volumen del armamento adquirido recientemente exceden a todas luces los límites de la estricta capacidad defensiva. Es por eso que con sobrada razón el armamentismo del régimen chavista suscita suspicacias y preocupación en otros países. Existe el temor real y presente de que en su empeño por exportar su “revolución bolivariana” el Presidente Chávez no se limite al empleo que ha venido dando al “arma petrolera” sino que esgrima también la intimidación y el chantaje militar para pretender alcanzar la hegemonía en la región.

El Presidente y sus jefes militares aseguran que ese equipamiento responde a la necesidad de estar preparados para un hipotético escenario de agresión y señalan como presuntos protagonistas de ese “escenario” a los Estados Unidos y a la hermana república de Colombia. “Estados Unidos nos amenaza constantemente. Tenemos que defender nuestra revolución” dice el Presidente Chávez quien agita constantemente el fantasma de la agresión externa con el único propósito de exaltar el sentimiento patriótico y nacionalista de sus seguidores y de esa manera afianzar su control sobre la nación, contar con un pretexto para atribuir a la oposición supuestos propósitos conspirativos en connivencia con potencias extranjeras y acusarla de traición a la patria.

El Presidente Chávez afirma insistentemente que su revolución es “pacífica pero armada”. Según él la fuerza armada y el pueblo armado defenderán a Venezuela frente a la nunca materializada agresión contra nuestro país que viene anunciando desde que asumió el poder. Alardeando con su poderío militar ha dicho que los venezolanos defenderán “con su sangre” el régimen de Evo Morales. Ya en una oportunidad intentó comprometer a las fuerzas armadas en un conflicto totalmente ajeno Venezuela, cuando ordenó la “movilización” de 10 batallones a la frontera con Colombia para testimoniar su solidaridad con el Presidente Rafael Correa a raíz de la incursión de las fuerzas militares colombianas contra el campamento del guerrillero narco-terrorista Raúl Reyes. Para colmo, con ocasión de la “cumbre” del Alba realizada en Caracas el pasado 19 de abril, a pesar de que no existen pactos de defensa recíproca con esos países, amenazó con que cualquier agresión contra uno de los miembros del Alba será considerado como una agresión contra Venezuela.

También preocupa a algunos países el destino final que pudieran tener algunas de las armas adquiridas por el gobierno venezolano. En julio de 2009 las autoridades colombianas incautaron de manos de las FARC varios lanzacohetes AT-4 de manufactura sueca adquiridos por Venezuela. Al parecer, un lanzacohetes de ese mismo lote fue utilizado en un atentado contra el avión presidencial colombiano. Los servicios de inteligencia colombianos han incautado documentos y grabaciones en los cuales el Secretariado de las FARC procura obtener, por intermedio de Venezuela, misiles portátiles tierra aire de fabricación rusa del tipo “Igla-S”.

La carrera armamentista de Chávez genera también, con sobrada razón, profundo malestar en la gran mayoría de los venezolanos que desaprueban y reprochan el empleo de ingentes sumas de dinero en la adquisición de armas de dudosa necesidad (9.400 millones de compras a Rusia, 2.400 millones a España y sumas no reveladas a China, Belarús, Irán y otros países), cuando esos recursos han debido ser dedicados a atender problemas graves y urgentes que padece Venezuela como son, entre otros, la falta de viviendas, el grave deterioro de la infraestructura física, la caída de la producción agrícola y pecuaria, el déficit de edificaciones escolares, la construcción y equipamiento de nuevos hospitales y la refacción de los existentes, la construcción de nuevas y modernas vías de comunicación tanto urbanas como extra-urbanas, la ampliación deterioro de los servicios de suministro energía eléctrica y de agua potable, la repotenciación de la industrias básicas. Todo esto dentro de un cuadro de grave deterioro de la economía nacional, de destrucción del aparato productivo del país y de inflación galopante.

También preocupa a los venezolanos que la mayor parte de esas armas y equipos militares han sido adquiridos con el único fin de proteger al Presidente y a su régimen contra hipotéticos y en todo caso infundados intentos de derrocarlo. Voceros del régimen han proclamado que esas armas serán empleadas en caso de “presentarse una agresión externa a la soberanía del país o una subversión interna”. Es sabido que muchas armas han sido entregadas a los integrantes de las diversas unidades armadas creadas para servir como fuerzas de choque contra la población. La reserva, las milicias, la guardia territorial, la milicia territorial campesina, la milicia militar estudiantil, el Frente Francisco de Miranda son auténticos ejércitos de guardias pretorianos concebidos y creados apuntalar la permanencia del Presidente en el poder bajo la amenaza de que serán empleados contra la población civil en caso de que ocurriera algún acontecimiento que pudiera poner en riesgo la estabilidad del régimen. Como pudo apreciarse durante el desfile escenificado el pasado 19 de abril, los fusiles FAL que fueron desplazados por los fusiles Kalashnikov comprados a Rusia han sido asignados a esas organizaciones para-militares que en el mejor estilo fascista funcionan bajo las órdenes directas del Presidente de la República. Según voceros del gobierno, 250.000 efectivos del total de un millón de milicianos que aspira formar el gobierno han sido entrenados en el uso de esas armas. La guardia territorial, remedo de los “guardias de la revolución islámica” de Irán, y el “Frente Francisco de Miranda” son auténticos ejemplos de unidades que integran el ejercito pretoriano chavista. El “Frente Francisco de Miranda”, está integrado por unos 15 a 20 mil jóvenes entrenados en Cuba y según anunció públicamente el Presidente Chávez les fue asignado un lote de fusiles Kalashnikov. El gobierno ha adquirido cinco mil fusiles Dragunov, un arma de alta precisión dotada con mira telescópica y dispositivo de visión nocturna, concebida y diseñada para ser usada por francotiradores. Un lote de esa arma ha sido asignado a la Guardia Nacional y otro al ejército. No resulta ocioso recordar que muchos de los venezolanos opositores caídos el 11 de abril de 2002 fueron víctimas de disparos de franco-tiradores. En una reciente alocución televisada el Presidente Chávez anunció que las mujeres milicianas han sido equipadas con lanzadores de granadas autopropulsadas RPG-7, que según él son “unos cañoncitos bien buenos para el combate urbano”.

Adicionalmente el gobierno ha adquirido modernos y eficaces equipos y dispositivos antimotines con los cuales ha equipado a la Guardia Nacional, el componente militar empleado para impedir y reprimir las marchas y concentraciones de protesta pacífica de la disidencia. Cada vez que la disidencia sale a la calle a manifestar es contenida con un muro compacto y desproporcionado de efectivos acorazados con esos equipos. No puede dejar de mencionarse que el régimen también emplea, cobardemente, carros armados para enfrentar a los manifestantes de la oposición.

El G400+ hace un llamado a los gobiernos de los países amigos a los cuales el Presidente Chávez compra armas que tengan presente:

• que el dinero que reciben por la venta de armas empobrece a los venezolanos y los despoja de los medios y recursos necesarios para alcanzar un mejor nivel de vida.

• que esas armas sirven para contribuir a perpetuar en el poder a un gobernante que desconoce el estado de derecho, desprecia la legalidad internacional y conculca los derechos fundamentales de los venezolanos.

• que esas armas son empleadas en amedrentar o amenazar a la población civil y coartar sus esfuerzos por defender la democracia. El gobernante venezolano constantemente amenaza públicamente a la disidencia con “barrerla del mapa” y convertirla en “polvo cósmico”.

• que existe el riesgo de que algunas de las armas terminen en manos de los grupos irregulares colombianos con los cuales el régimen venezolano mantiene oscuros vínculos.

• que el Presidente no disimula su empeño en que cada ciudadano se convierta en un soldado y tenga un fusil o un RPG para conformar un “ejército del pueblo” como una manera de neutralizar y aniquilar la fuerza armada profesional.

• que el presidente Chávez constantemente advierte que su eventual desplazamiento del poder, por cualquier vía que ello ocurra, provocará una guerra civil.

Estas y muchas otras amenazas similares pudieran tener un simple carácter retórico pero no se pueden menospreciar. A todas luces persiguen amedrentar a la disidencia y se han recrudecido en las últimas semanas alcanzando niveles de agresividad sin precedentes durante las recientes apariciones públicas del Jefe del Estado con ocasión del bicentenario de la proclamación de la independencia.

El G400+ invita a los gobiernos de los países amigos a ponderar todas estas consideraciones cuando realizan operaciones de venta de armas al régimen del Presidente Chávez.

El G400+ exhorta a la opinión pública internacional a asumir una actitud firme y categórica de desaprobación de la espiral armamentista en la cual está embalado el gobierno venezolano.

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