Opinión Nacional

Génesis y fenómeno

La raíz de las manifestaciones violentas, canalizadas a través de la guerra, es producto de las pugnas de las potencias por dominar al mundo. Hipótesis comprobada a lo largo de la existencia humana. Nada nuevo se descubre. Pero, sirve para entender la complejidad del mundo actual y los fenómenos que se derivan de la ambición del poder. El control del mundo constituye la génesis de las causas que engendran el fenómeno de la guerra.

El 11 de septiembre del 2001, marca una nueva era en las luchas de los pueblos del mundo. Surge un nuevo modo de emplear los instrumentos de combate. Se altera el uso de los componentes militares para combatir al adversario. Lo religioso y la fuerza de convicción que produce al interior de su fieles, influye ahora significativamente para cambiar la estrategia militar.

No obstante, así como en los fenómenos paranormales la existencia de la cuarta dimensión es imperceptible al cerebro humano, en las relaciones sociales hay también componentes invisibles. La cuarta dimensión no se puede ver. Es intangible. Lo extrasensorial es aún inexplicable. El alma, los espíritus, los milagros, todo este mundo que lo creemos mágico y que sigue siendo un misterio, no lo capta el cerebro del hombre terrenal. Se mantiene en el plano de lo incomprensible.

Sucede igual en las relaciones sociales. La génesis de los hechos son imperceptibles. Lo cubre el fenómeno que es visible y explicable. El fenómeno es la apariencia, mientras que la causa que lo genera, no se ve. Es imperceptible para la gran mayoría de la humanidad. La raíz está oculta, inmersa en los lugares más recónditos de la justificación. En la guerra cada adversario explica sus motivaciones. Razones que sustentan su verdad. Explicaciones que podemos o no creer y, en consecuencia, aceptarlas o rechazarlas. Todo dependerá de nuestro marco de referencia. No obstante, pueden ser verificadas. De esta manera se materializan en forma, tiempo y espacio. Por lo tanto, es en apariencia la explicación de su causa.

Ese el mundo de lo fáctico y por lo tanto podemos derivar nuestros juicios. No obstante, si permanecemos en este nivel de lo fenomenológico, nos sucederá lo mismo que con la cuarta dimensión. Sin percibir la esencia de las cosas. Porque lo fenomenológico no es la verdad. Es consecuencia de una verdad.

La nueva guerra contra EE.UU., que parte de ese 11 de septiembre está basada en el terrorismo. Pilotos suicidas y difusión de bacterias contaminantes son la expresión del fenómeno. El terrorismo como modo de lucha.

Sin embargo, ese fenómeno no es la génesis de la guerra. Su razón verdadera, como de todas las otras guerras que ocurren en este instante, es la imposición hegemónica de los EE.UU., y el dominio mundial del mercado. Esa sí es la explicación genoestructural. El nuevo modo de colonización se fundamenta en la expansión del mercado, especialmente en el control de las fuentes energéticas del mundo. Donde exista petróleo, estará presente el poder militar de EE.UU. Lo de Irak es lo mismo. El fenómeno visible es la calificación de terrorista a su gobierno. La justificación de reiniciar la guerra se sustenta en el desarme total y el control por parte de los inspectores de la ONU. Por lo tanto, es procedente acabar con el gobierno de Sadam por terrorista. Esa es la justificación ante el mundo. El fenómeno creíble para los titulares de primera página y la información instantánea vía satélital. Pero la causa verdadera, la génesis del inminente ataque es el petróleo. Allí radica la razón para someter al pueblo iraquí y colocar un gobierno afecto a los intereses vitales de EE.UU.

Venezuela debe mirarse en ese espejo. La oposición con su marchas multitudinarias y su obsesión por salir de Chávez, no sabe lo que le espera. El sector reaccionario que lidera y orienta el rumbo de la protesta, manipula a esa multitud. Lo hace destacando el plano fenomenólogico. Pero la masa, incautamente, desconoce la génesis del fenómeno: cambiar democracia por fascismo. Si cae Chávez se impone de inmediato el esquema de gobierno descrito en los documentos allanados en la casa del ex canciller. Se suspende el estado de derecho y se eliminan los poderes públicos. Se desconocen los derechos ciudadanos y, por lo tanto, más nunca volverán a marchar, ni a reír, ni a cantar. Se acabará la libertad de expresión y se anulará el derecho a pensar. Así es la irracionalidad del fenómeno.

Por lo tanto, el ataque a Irak es un buen motivo para que en Venezuela, la oposición ponga «las barbas en remojo».

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