Opinión Nacional

Germán Briceño Ferrigni

De límpida prosa con resonancias piconianas, Germán Briceño Ferrigni engalanó por décadas las páginas de la prensa merideña. Su dominical columna “Lindero” del diario Frontera era esperada por sus numerosos lectores para disfrutarla y comentarla. Allí tuvieron cabida los más diversos temas. Queda como tarea insoslayable la edición de esas múltiples notas de “prosa de prisa” pero bien pensada y mejor escrita.

La geografía y las gentes merideñas fueron inspiración y objeto de páginas imperecederas del periodismo de opinión nacional. Una selección de sus mejores perfiles humanos está contenida en el volumen Paisanos y Vecinos. Allí pinta con maestría los rasgos de aquellos merideños y no merideños que hicieron vida en nuestra región y que la sirvieron desde el ejercicio profesional, la creación de empresas, el arte, la política, la curia o desde la vida doméstica abierta al prójimo. Tenía Briceño Ferrigni una especial sensibilidad para reconocer a los benefactores y no descansaba hasta enterarse en profundidad de sus ejecutorias para mostrárselas a sus lectores.

Nunca perdió esa curiosidad casi infantil por los nuevos sitios que perseguían agradar a los turistas y a los propios. Su conversación entusiasta siempre hacia referencia a un nuevo restaurante o a una nueva posada quizás perdida entre nuestros páramos o entre caminos más calentanos de nuestra geografía. En su libro Tiempos y Espacios del Turismo en Mérida hace historia merideña y presenta los nuevos incentivos para los viajeros que deseen conocernos.

En su paso por los cargos públicos, que ejerció con prestancia, tuvo siempre presente la vocación turística de su tierra. Apoyó como Diputado al Congreso Nacional y a la Asamblea Legislativa, que presidió en los inicios del período democrático, como Senador y como Gobernador del Estado Mérida en el primer gobierno de Rafael Caldera (1969-1973), las más diversas iniciativas para reforzar el atractivo del Estado.

Briceño Ferrigni, líder fundamental del COPEI merideño por varios lustros, no formó parte de la muy numerosa, casi unánime, caterva de políticos ágrafos que regenta nuestro país. Siempre se expresó a través de la pluma. A veces con ánimo polémico, pero siempre con la vista puesta en Venezuela y en la búsqueda de los mejores caminos para ella. Mérida y el cambio, Hechos… no palabras y Mensajes a los copeyanos se pueden leer como las directrices del jefe político pero también como el testimonio de quien contribuyó a la siembra del sentir democrático no sólo con la retórica convencida y que busca convencer, sino como quien concretaba en hechos de gobierno o en vigilancia opositora los ideales democráticos.

Admirador entrañable de la figura de Simón Bolívar, Briceño Ferrigni dedicó a ella muchas páginas imborrables y en su biblioteca está en lugar muy señalado su busto y numerosas obras que hablan de la gloria, de los sueños y de las penurias del Libertador. Piedras de dura esperanza (incluido en este volumen) fue escrito para la inauguración de la Biblioteca Bolivariana de nuestra ciudad y allí está presente un bolivarianismo sano y fructífero que busca apoyarnos en los pasos del grande hombre para alcanzar igualdad y prosperidad.

Perteneció al claustro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes, donde se destacó como profesor de verbo claro y erudito, recordado con afecto por muchas promociones de abogados; algunas lo distinguieron con el título de padrino. Impartió las cátedras de Derecho Civil y Derecho Procesal Civil y publicó sus trabajos Naturaleza y Carácter del Factor Mercantil y La Tutela en los Códigos Civiles en Venezuela. En el quehacer universitario también fue Director de Cultura de la Universidad del Zulia y Secretario de la Universidad de Los Andes.

Quizás lo más granado de la producción literaria de Briceño Ferrigni se encuentre en Nieves y Mieses. En la segunda edición corregida y aumentada, preparada por el autor meses antes de morir, están sus temas preferidos muy bien representados. Allí está de cuerpo entero, vaciado en su apasionada y apasionante pluma este chiguarero nacido el siete de agosto de 1932 y quien nos abandonara el día de San José de 1999. Su prosa expresa un espíritu inquieto y reflexivo que nos sirve como pretexto para recordarlo, al igual que lo hacen sus innumerables amigos y el pueblo merideño agradecido.

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