Opinión Nacional

Germán Carrera Damas: Mi despedida a un venezolano ejemplar

         Con la venia de sus familiares, compañeros de Partido y amigos:

         Devolvemos a su tierra a un hombre que supo servirla con lealtad y honor. No en un arrebato de coraje, sino en toda una vida de desprendimiento y devoción.

         La historia no se detiene en el registro de las acciones cotidianas y accidentales; persigue lo valedero, lo trascendental: precisamente lo que puede labrar un lugar en la historia. Y justamente un análisis en profundidad nos permite señalar que en la actuación histórica de Carlos Andrés Pérez se conjugaron tres grandes fuerzas, que rigieron su vida a plenitud.

Una fuerza se manifestó como la eficaz promoción de la Democracia, en ésta su patria que hoy lo acoge agradecida.  Así como también cumplió semejante propósito fuera de sus fronteras.

Otra fuerza se manifestó como la valentía y la determinación requeridas para defender la Democracia venezolana; llevadas, tal valentía y tal determinación, hasta el punto extremo de su firmeza espiritual y de su responsabilidad política y personal.

 Confluyen estas poderosas fuerzas en una tercera, que se manifiesta en haber asumido Carlos Andrés Pérez el alto sentido de compromiso ideológico necesario para promover la República liberal democrática venezolana, que contribuyó a edificar y consolidar, hacia los que él concebía, con acierto, como los más altos niveles de realización nacional y de prestigio internacional.

De lo precedente quedan claras dos comprobaciones previas: la primera comprobación consiste en que con el sólo intentar actuar en correspondencia con las fuerzas que acabo de enunciar, habría de revelarse una personalidad histórica consubstanciada con la polémica. La segunda comprobación consiste en que entre quienes juzgan hoy a Carlos Andrés Pérez abundan los que no toman en cuenta, -o carecen de la capacitación apropiada para hacerlo-, la magnitud de las tareas por él acometidas, y la significación de lo logrado.

Desde su adolescencia estuvo Carlos Andrés Pérez incorporado a los fundadores de la Democracia moderna en Venezuela. Padeció, como Rómulo Betancourt y junto a él -al igual que con el grupo de los constructores del Partido al que dedicó su vida-, persecución y exilio; precariedad cotidiana y pobreza. Fue incesante su acción, en ocasiones hasta el agotamiento e inclusive comprometiendo su salud, en la organización partidista; y como colaborador inmediato de Rómulo Betancourt durante casi una década de exilio. Formó, por todo esto, parte destacada  del contingente de inspirados demócratas que rescataron la Soberanía popular del prolongado secuestro en que la  mantuvo la Dictadura liberal regionalista, hasta 1945-1948.

Si de lleno se dedicó a la edificación de la Democracia moderna en Venezuela, absoluta determinación demostró al asumir la defensa del régimen sociopolítico liberal democrático, reinstaurado a partir de 1959; lo que significó, a la par, consolidar ese régimen y, afincado en el honor patriótico de la Fuerza armada nacional, derrotar el primer intento de invasión del fidelismo a nuestro país. Se situó, así, entre los más decididos defensores de la Soberanía Nacional.

Supo Carlos Andrés Pérez de la idea de grandeza requerida para contribuir a situar a Venezuela como ejemplo de régimen sociopolítico democrático, en el continente americano y fuera de él. Vivió, decididamente, por convicción, al nivel de los que consideraba los más elevados propósitos sociopolíticos y de las más altas realizaciones. Sobresaliendo, entre dichas realizaciones, la memorable nacionalización del hierro, y sobre todo la que fue generalmente considerada como una imposible tarea: la nacionalización del petróleo, hecho este último de singular trascendencia histórica, vivido por los venezolanos como concreción de la plena Soberanía nacional. Supo, igualmente, impulsar, de manera fundamental, la promoción de la descentralización política y administrativa, como clave para avanzar hacia una sociedad genuinamente democrática, que erradicase definitivamente la amenaza del despotismo. Culminaría, con ello, la fase primordial de una lucha que libramos los venezolanos desde el momento mismo en que declaramos nuestra Independencia.  Lucha que, cíclicamente, nos hemos visto, y nos vemos actualmente, obligados a recrudecer ante el acoso de la Democracia socialmente arraigada  por el despotismo de faz totalitaria.

No debo cerrar estas breves palabras sin dejar constancia de que pude apreciar, en el ocaso de Carlos Andrés Pérez, dos rasgos de personalidad espiritual y política de los cuales no abundan los referentes en nuestra historia. Uno fue la ejemplar magnanimidad con que acogió la rectificación de los mismos transgresores contra quienes había combatido; y que guardan respecto a él una deuda que algunos torcieron en resentimiento y ánimo de venganza. El otro rasgo es la maciza entereza con que asumió el infortunio político que le fraguaron hombres minúsculos. Ante estos últimos me escudo con el recuerdo de la Presidente Violeta Chamorro, solicitándome en una recepción diplomática, para decirme este mensaje: “Embajador: permítame expresarle el agradecimiento del pueblo nicaragüense y mío, al pueblo venezolano y a Carlos Andrés Pérez, por habernos ayudado a conocer la Democracia”.

Señoras y señores: Agradezco el haber sido designado para, con estas palabras de historiador consciente de su deber social, cultivar, también, mi deuda de agradecimiento, admiración y respeto por el hombre histórico que hoy devolvemos a la tierra de la que es hijo  preclaro; habiendo sido, a la vez, su singular defensor, como valiente gestor de la salvaguarda heroica de esa esencia democrática, que hoy llena de señales positivas el camino de nuestro pueblo, de nuestra nación, de todos, en nuestra irrenunciable lucha por la restitución  de la plena y creadora libertad democrática.

 

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación

Universidad Central de Venezuela

Caracas, octubre de 2011.

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