Opinión Nacional

¿Gobierno colectivo o colegiado?

T ras la muerte del caudillo se descoyuntó el mecanismo del poder. Por más que nombrara a su sucesor para intentar calmar la lucha a cuchillo que se estaba escenificando entre sus huestes cuando estaba agonizando, no pudo cancelarla. Ante su ausencia definitiva se desataron los demonios. La tregua aparente para encarar el reto electoral fue breve.

Pronto se reanudaron las hostilidades de fracciones que reclaman ser los verdaderos herederos e intérpretes del legado del líder fallecido.

Lo que hemos presenciado no es un gobierno colegiado donde los diferentes factores se ponen de acuerdo para conducir el ejercicio del poder. Es en realidad un gobierno colectivo donde ninguno tiene la fuerza suficiente para imponerse frente a otras fracciones. Se retratan juntos, pero cada cual con su propia agenda.

Se retan continuamente en un torneo en que quieren mostrarse como más radicales que sus competidores.

Herederos todos de un país atormentado de un sinnúmero de problemas que no pueden esconder, de unproyecto político que hace aguas por todos los costados, en medio de un crecimiento sistemático de laalternativa democrática que ya suma más de la mitad de la población y con insatisfacciones en su propio campo, se encuentran entrampados. El guión anterior ya no da para más, se agigantan los escollos de una década y media de desatinos. Una rectificación mayor se impone, pero las luchas intestinas no la dejan emprender. Algunos hacen gestos, pero se encuentran con que lo que parece impostergable no se puede proseguir porque se ven retados por otras fracciones que quieren ganarse el favor de los más radicales del oficialismo que hacen caso omiso del impasse dramático en que nos encontramos. Persistir en la orientación que se ha impuesto en esta década y media de gobierno no puede conducir sino a un agravamiento de los problemas que sufre nuestro país y sus ciudadanos, en particular los de más bajos ingresos, que han pasado de la esperanza a la decepción. Y no es un detalle, ahora tienen enfrente una alternativa creíble de cambio.

Si ya el elenco en el poder venía perdiendo apoyo popular, tras la desaparición de su mentor, que castró el surgimiento de quien le pudiera hacer sombra, la lucha de sus pupilos por convertirse en sus herederos, sumado a una orientación política de mucha retórica y poca consistencia, no ha hecho sino profundizar los desvaríos de quienes sólo se preocupan por mantenerse al mando, pero retados por una situación nacional llena de problemas irresueltos y agravados.

Se intenta evadirlos con la fabricación de conspiraciones imaginarias, buscando chivos expiatorios, persecuciones y amenazas que escondan lo que ya no se puede encubrir: un país al garete. Ya la gente nopuede creer que un régimen que ha contado con tantos recursos económicos, con todos los poderes públicos sometidos, pueda ahora decir que otros, que persigue y acosa, no le han permitido poner en marcha un país próspero y equitativo. Mientras los herederos del caudillo no han logrado una conducción medianamente coherente, y siguen enfrascados en sus luchas intestinas, una opción de cambio sigue creciendo.

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