Opinión Nacional

Gobierno de Emergencia para enfrentar el colapso eléctrico

La crisis del sistema eléctrico nacional es mucho más grave de lo que se
piensa. Durante estos once años, el gobierno de Chávez no ha invertido lo
requerido en plantas termoeléctricas, para suplir la creciente demanda. Como
consecuencia, Venezuela depende en un 70 por ciento del embalse del Guri.

Según un informe de Corpoelec, publicado en diversas páginas
electrónicas, dentro de ciento veinte días podríamos estar enfrentando un
«colapso eléctrico nacional», debido a que -de seguir disminuyendo el nivel
de la represa del Guri- dejará de funcionar el sistema.

La respuesta del gobierno ha sido racionar el suministro eléctrico,
además de ordenar la instalación de algunas plantas térmicas; pero eso no es
suficiente para evitar un apagón generalizado de varios días o -en el mejor
de los casos- un racionamiento severo prolongado.

En el mundo moderno en que vivimos, la economía de un país depende casi
en su totalidad de la electricidad. La suspensión o racionamiento prolongado
del servicio eléctrico traería gravísimas consecuencias, sobre todo en la
producción, conservación y distribución de alimentos. Sin mencionar los
efectos nocivos en otros servicios y en el incremento de la inseguridad.

Para decirlo sin rodeos: de seguir así, nos dirigimos a una hambruna y,
junto con ella, a una confrontación social por la obtención de alimentos. Un
ejemplo palpable y reciente en el que debemos reflejarnos es el de Haití.

Se trata, pues, de una catástrofe parecida a un terremoto o a un deslave,
pero con una ligera ventaja, sabemos que se acerca y podemos prever casi con
exactitud la fecha del siniestro: el día en que el nivel del embalse del
Guri descienda a 240 metros.

Un gobierno serio tomaría de inmediato tres medidas: primero, informar a
la población, e incluso a la opinión pública internacional, sobre la cruda
realidad de la crisis; segundo, pedir ayuda a todos los sectores nacionales
e internacionales que puedan colaborar en resolverla; y tercero, solicitar
la comprensión de los venezolanos para compartir los sacrificios que esta
crisis conlleva.

Pero Chávez está haciendo justamente lo contrario: encubriendo y
falseando la realidad; peleándose con quienes podrían ayudarnos,
particularmente con Estados Unidos (suministro de plantas) y con Colombia
(suministro de alimentos); y cerrándole el paso a los técnicos más
capacitados, por no ser «revolucionarios».

Además, no tiene autoridad moral para pedir sacrificios, puesto que
Chávez es el principal culpable de la crisis, al no haber invertido en la
modernización del sistema eléctrico, mientras que dilapidaba nuestros
recursos en ayudar a sus aliados internacionales y en comprar armas de
guerra.

Los dirigentes de oposición piden esperar hasta septiembre, para ganar
las elecciones parlamentarias y, desde la Asamblea, comenzar a revertir los
males del proceso revolucionario. Pero esa solución no es realista; primero,
porque habrá un fraude masivo en las elecciones, y segundo, porque la crisis
eléctrica no esperará hasta septiembre.

La única solución válida, por difícil que parezca, pasa por la renuncia
de Chávez y por la conformación de un gobierno de emergencia, compuesto por
los hombres y mujeres más capaces de Venezuela.

Pero esta alternativa sólo es posible si los sectores conscientes del
país, incluyendo a los propios chavistas, se ponen de acuerdo en la
necesidad de enfrentar la catástrofe que se avecina con la seriedad y la
firmeza que se merece.

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