Opinión Nacional

Golpe a la Constitución

El Dictador, burla burlando como le es propio, afirma que sus opositores especulan acerca de la reforma constitucional y que ella no sería tal, dado que el texto no lo ha presentado aún ante “su” Asamblea: cenáculo de diputados eunucos.

Cabe así que uno que otro venezolano repare en la aparente lógica del alegato, pues siendo tan grave el contenido de la reforma anunciada preferible sería no perder las esperanzas.

Dije ha poco ante Fedecamaras que el mayor pecado en que hemos incurrido los venezolanos y le ha servido de comodín al Régimen para sus manipulaciones, ha sido el no ver ni hacernos los entendidos ante el despropósito histórico e institucional que significa la Revolución Bolivariana. ¡Hemos pretendido que la realidad amarga se nos disipase mientras mantenemos los ojos bien cerrados!

El papel de trabajo que circula acerca de la reforma no fue tachado de falso por el Régimen. Este lo admitió en su veracidad y para minimizarlo apenas dijo otro tanto: es un papel de trabajo.

Pero no requiere el análisis de otros elementos como el anunciado texto definitivo de la reforma, que esconde en sus alforjas el Dictador que lo dictara, para saber por donde irán los tiros.

Chávez, ¡acaso lo olvidamos!, inició su campaña electoral en la Universidad de La Habana y allí Castro lo ungió como su aliado. En 1998 llegaron a país ilegalmente los primeros cubanos, quienes le ayudaron en su estrategia de toma del poder mediante los votos. Entonces, el Gramma le organizó sus contactos iniciales con Libia e Iraq.

Una vez alcanzado el poder, hacia 1999, el Régimen dotó de los primeros pasaportes de venezolanos a estos “sus” cooperadores de “buena fe” y les facilitó en su acción “legitimada” de invasión no armada del suelo patrio. Son ya 40.000 – que sepamos, según lo declarado por el Dictador – los cubanos quienes se encuentran en nuestro territorio y quienes operan codo a codo con los miembros del Régimen. ¡Dime con quien andas y te diré quien eres, ajustaría el verbo popular!

Los cubanos han asumido tareas que van desde el montaje de los gallineros verticales hasta el sostenimiento de los anillos de la seguridad presidencial. Caminan como Pedro por su casa por los pasillos de nuestros cuarteles y ministerios, y sus centros de alojamiento son harto conocidos.

Pero hagamos la historia corta.

En 2004 el Dictador le presentó ante el país, con vistas al Socialismo del Siglo XXI, “La Nueva Etapa: El Nuevo Mapa Estratégico de la Revolución”. Su contenido era una versión actual de los papeles anteriores que había elaborado durante su prisión en la Cárcel de Yare.

Luego y recién anunció “Los Cinco Motores de su Revolución” y le pidió a la Asamblea despojarse de sus funciones legislativas, a objeto de que él y nadie más pudiese ejercerlas mediante Decreto a fin de acelerar la construcción de la sociedad socialista.

Todos a uno estos papeles dibujan con trazo firme una realidad que nos habla de partido único, de educación socialista, de dominio del Estado y preeminencia del pueblo por sobre el hombre y de la búsqueda de un Hombre Nuevo como lo pedía el Che; de aniquilación del mapa del poder conocido desde la fundación de la República para crear otra fundada en la relación directa del pueblo con su líder; de forja, a tal efecto, de un poder comunal de base controlado desde la cúspide y de la asunción por el Estado de la propiedad sobre los medios de producción económica como de centralización de la planificación económica, y de restricción de la propiedad privada a los bienes de consumo o a los medios de producción personal que no exploten el trabajo de un tercero.

Esto y lo dicho han sido una constante en el discurso y en las ejecutorias oficiales durante los 8 años del llamado proceso. Esto y lo dicho consta textualmente en la Constitución de Cuba de 1976, que cerrara el largo período de transición revolucionaria iniciado en 1959, y enmendada en 1992.

Que el ruido de los motores revolucionarios no lo escuchemos en su estridencia, sea porque decidimos taparnos los oídos, sea – como lo creo – por que la estrategia del “por ahora” ha rendido sus frutos, no cambia la certidumbre de un proyecto que ha estado lejano a la improvisión.

El papel de la reforma constitucional que ha circulado no contradice, antes bien es consistente con sus antecedentes muchos y varios. En él, lo repito y a propósito, cristaliza la planificación centralizada de la economía y en sus propuestas la propiedad privada cede en su contenido y garantías constitucionales. Y, según su texto, toda la producción y la actividad económica habrán de ajustarse al modelo socialista, conforme a los dictados del Régimen, y bajo el argumento del ilícito económico constitucional será confiscada toda la actividad económica marginal privada que no se ajuste al modelo productivo así dispuesto.

Por si fuese poco, se instala la educación en el socialismo y se obliga a la radio y a la televisión a servir de medios para tal fin, si desean conservar el uso del espectro radioeléctrico.

La Constitución cubana, que cultiva con fidelidad el Dictador y que, por cierto, también habla de proceso, desde su Preámbulo fija los pasos: primero la revolución, luego la reforma – léase el desmantelamiento – de la democracia, seguidamente la construcción del socialismo y, al final, la edificación de la sociedad comunista.

No olvido, al releer este párrafo del preámbulo constitucional cubano, el texto dicho y luego escrito por nuestro Dictador en 2004: “quienes hablan de comunismo no están equivocados, sólo que no es el momento”.

En fin, he dicho que cuando un animal tiene rabo de cochino, patas de cochino, orejas de cochino y nariz de cochino, es un cochino a secas. Pero si alguien se empeña en llamarlo mono eso es harina de otro costal. En nada modifica lo que es.

La historia de las doctrinas económicas narra a profundidad acerca de la economía liberal, del Estado de bienestar y de economía mixta, de la economía social de mercado, y del socialismo-marxista. Las características de la reforma constitucional sólo coinciden con éste.

Los planteamientos en curso, por lo mismo, nada hacen ni tienen que ver con la identidad y el ser venezolanos ni se condicen con las líneas dogmáticas y sobre la organización republicana del poder que nos diéramos soberanamente cuando adoptamos la Declaración de los Derechos del Pueblo en 1811 y cuatro días antes, incluso, de que se firmase la Declaración de Independencia.

Dije ante Fedecamaras y vuelvo a repetir que la democracia no es negociable.

La democracia es diálogo y consensos. Pero el diálogo democrático tiene por límite a la democracia moral. No cabe un consenso sobre iniciativas que intenten acabar con la democracia y purgarla de sus principios.

Llamar al país a que cambie de pacto social y mute en lo que ha sido y es mediante una reforma espuria y su referéndum, y a que ponga de lado las virtudes de la democracia y la convocatoria ineludible de una Asamblea Constituyente, equivale a tanto como invitarle a que consume delito y cohoneste un golpe a la Constitución. Así de simple.

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