Opinión Nacional

Gringos bobos y vivos

Si Fidel Castro ha podido gobernar durante 50 años con la complacencia de intelectuales de izquierda y la negligencia de muchos demócratas, no es extraño que Hugo Chávez, a los diez años de gobierno, despierte entusiasmo en tales personas.

Es verdad que dentro de este grupo los hay ingenuos pero no todos lo son. Desenmascarar a un régimen tan manipulador, que ha despilfarrado buena parte del ingreso petrolero (800 mil millones y pico de dólares) en hacerse propaganda y comprar algunas conciencias, no es fácil. Sobretodo porque la palabra revolución sigue encandilando a muchas taras mediáticas que cuentan con audiencia.

Algunos se dejan llevar por la irresistible pasión que despierta el poder en sus corazones. No resisten estar lejos de él. A los palacios asisten sin disimular la baba. Con gusto van a la mesa del caudillo, aunque pregonen el fastidio por las entrevistas de la prensa y las luces de los fotógrafos. Pero, ¡Ay!, lo dan todo por oír las peroratas de un jefe que se proclama vengador.

El chavismo ha actuado con audacia en la materia. En eso, como en tantas cosas, ha seguido las enseñanzas del castrismo. La franquicia revolucionaria es heredada con todo incluido: hasta las estrellas del supuesto progresismo impenitente.

Supuesto, porque a gentes como Oliver Stone, no les importan o -en todo caso- no han tenido tiempo suficiente para informarse sobre los miles de asesinados por la revolución cubana. No saben de los miles de náufragos que murieron buscando llegar a Miami. Ni de los millones que integran el exilio cubano. Ni de los centenares de presos de conciencia y de la asfixiada población restante que ve negado su derecho a la libertad de expresión, a la libertad de movimiento o a la libertad de asociación.

Pero si Stone fue capaz de aguantar la charla kilométrica y rendirle un homenaje audiovisual al comandante cubano, ahora ha perseguido al pretendido clon de Castro con igual propósito. Algún día se sabrá cuánto aportamos los venezolanos para la realización del último panfleto de Stone (¡El mismo de JFK, Nixon, Pelotón y The Doors!).

A estas tierras de la revolución de la chequera también han recalado, aunque sea por horas pero bien atendidos, el recién oscarizado Sean Penn, el legendario Harry Belafonte, el expresidiario Don King (quien por cierto equivocó su parlamento al gritar en el show dominical de Chávez: “¡Uh! ¡Ah!, ¡Chávez Sí se va¡”) y el compañero de Mel Gibson en Arma Mortal, Danny Glover.

Glover tiene el orgullo de ser el más despierto de todos los visitantes del Norte. Mientras que a un director venezolano le cuesta Dios y su ayuda conseguir un crédito oficial para hacer su película, a Glover le dieron 18 millones de dólares (38.700 millones de bolívares fuertes), casi cuarenta veces más de lo que recibe del Centro Nacional de Artes Cinematográficas (CNAC) un director que no cuente con el aval del caudillo.

Hay una anécdota increíble de la cinematografía nacional protagonizada por Glover. Aparece en la película Miranda Regresa como el único actor cuyo personaje no habla español. La zarina Catalina de Rusia, el ministro inglés Pitt y todos los interlocutores que tiene Miranda en el filme se expresan en nuestro idioma. Al hablar en inglés, Glover le da a la película un pequeño aire multilingüe. Una aldeana concesión con el actor en una película sobre nuestro gran cosmopolita

Pero no todos los gringos son vivos. Hace unos meses topé con un profesor universitario. Al abordarme, para comentar sobre un CD que tenía en mis manos, me pareció que se trataba de un brasileño. Estaba equivocado pues era originario del Medio Oeste estadounidense y a las pocas frases dichas se reveló chavista furibundo.

Su fervorosa admiración por Chávez se fundamentaba en la propaganda, pues decía que éste era el primer gobernante que había dado salud y educación gratuitas al pueblo venezolano. Traté de explicarle que en este país el sistema de salud era gratuito desde hace décadas, que en los años posteriores a la caída de Pérez Jiménez se habían construido más hospitales y dispensarios que nunca. Es ahora, bajo el gobierno de Chávez, cuando se ha agudizado el problema de encontrar cama en los hospitales y el costo y el abastecimiento de las medicinas golpean mucho más a los pobres.

Quise seguir hablando de cómo la educación universitaria gratuita tenía 50 años de edad en nuestro país, pero el gringo se fue poniendo bravo. Ante mi refutación de su desinformada admiración, el fugaz interlocutor optó por la retirada. Hasta donde averigüé, no cobró viáticos especiales.

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