Opinión Nacional

Hablar mucho

Todos los idiomas y culturas tienen refranes que se refieren al poco efecto y densidad de contenido de una larga perorata. Por ejemplo, aquel que dice: «poco hablar, oro; mucho hablar, lodo». Estos dichos apuntan a lo cansón y vacío del extenso discurso y a lo tedioso e incómodo de tener que oírlos por compromiso u obligación. Pero la sabiduría popular previendo esas situaciones, nos dice que: «Quién tiene el don de hablar, puede cantar». Pues bien, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela hace más interesantes y amenos sus larguísimos discursos y coloquios, cantando y recitando y eso es lo menos que se puede esperar de alguien que va a monopolizar por más de ocho horas, las pantallas de televisión y el resto de las ondas hertzianas. Saludo pues, el esfuerzo mediático que ha hecho el Presidente al superar su propio record, y saludo también los cambios introducidos en el programa para mantener nuestro interés en sus palabras y gestos. Es, desde luego, un gran esfuerzo, que espero no decline y por el contrario, aumente. Aquí nunca habíamos vista nada igual o semejante. Los grandes entretenedores de la TV jamás lograron tanto efecto mediático, ni Víctor Saume, ni Renny Ottolina que, además, emitía opiniones políticas.

Hay pocos ejemplos de líderes políticos que ejerzan su influencia a través de interminables discursos y logren mantener el interés de sus espectadores. Aparte de Fidel Castro, no conozco otro. La mayoría de los líderes políticos son bastante breves y directos en sus discursos, algunos hasta demasiado parcos, pero los hay hablachentos y extrovertidos. Jaime Abdalá Bucaram, Presidente de la República del Ecuador en 1996-1997, trató de acaparar la atención popular a través del canto, la guitarra, el baile y de decir cosas altisonantes, pero duró poco, fue derrocado y tildado de loco. De hecho, el se llama a sí mismo el loco que ama.

Por eso es que decimos, a todo el que lo quiera oír, que aquí no sólo tenemos un nuevo tipo de gobierno con una nueva ideología política, además se ha venido desarrollando una nueva forma de comunicación popular unilateral, que reúne información y desinformación, entretenimiento, diversión, generación de estados emocionales politizados, revanchismo, estimulación de la agresividad y la violencia e institucionalización de la mentira y la manipulación, fórmulas que elevan tanto la autoestima de los espectadores que estos se creen que están en presencia de un omnisciente y omnipotente gobernante.

Empieza pues a aclararse el panorama. Entendemos más claramente a donde nos van a llevar las leyes y normas que sobre el espectro radioeléctrico se están lenta y progresivamente gestando en el país. Ya no es un misterio que las televisoras paulatinamente vienen siendo arropadas por el estado; dentro de algunos años lo serán todas. Para el 2012 es posible que la televisión sea controlada, gerenciada y propuesta por el estado, al igual que la televisión por cable o la satelital. Entonces podremos decir sin ningún empacho, que la mejor televisión es la del gobierno y que el mejor programa y el más entretenido es el maratónico Aló Presidente, que durará muchas horas por día, 7 días a la semana, 7 años seguidos, renovables por siete años más, indefinidamente.

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