Opinión Nacional

¿Habrá una posibilidad de postergación sine die del referénndum?

Sin lugar a dudas el repudio al cambio constitucional, entre los que lo conocen un poco, es hasta ahora mayoritario. Y se expresa de diversas maneras y en variadas intensidades.

Pero lo más evidente es que a medida que se advierten las implicaciones que tendría su aprobación para la vida de los venezolanos, de inmediato surge el cuestionamiento contundente; de allí que no sea extraño, por tanto, que el gobierno esconda los contenidos concretos de la “reforma” bajo un discurso engañoso, nebuloso, que no enfrenta el debate de cada modificación en sus reales dimensiones y probables repercusiones sociales y económicas negativas, sino que se limita a resaltar el aspecto distributivo y clientelar o a hacer alusiones genéricas a la supuesta ampliación de la democracia que traería
La voltaface sin ningún rubor, desvergonzada y cínica que representa ahora el planteamiento de la votación en dos bloques desagregados, negada antes, es un síntoma de la asimilación del rechazo en ascenso, y en el fondo, busca también facilitar la abstención.

Igualmente, las últimas defecciones en el campo oficialista muestran que la mal llamada reforma tiene una oposición categórica. No sólo desde el Tribunal Supremo de Justicia se oyen voces cuestionadoras, sino también de otros ámbitos institucionales.

El enérgico y duro repudio del ex ministro de la Defensa, Baduel, es un indicio de que el rechazo está prendiendo en vastos sectores hasta ahora afectos al gobierno nacional.

Quién hubiera pensado que se dijeran cosas como éstas, de parte de alguien que considerábamos un chavista moderado: «No es una reforma constitucional, no es una revisión (…) es una transformación del Estado», “¿a qué socialismo se nos quiere llevar?, ¿Por qué no se le dice al pueblo claramente hacia dónde se piensa conducir a la nación?; «Esta propuesta de reforma sólo le está quitando poder al pueblo por dos vías, primero, porque usurpa de manera fraudulenta el Poder Constituyente del pueblo y segundo, porque las autoridades de la nueva geometría del poder que se crearía no serían elegidas por el pueblo; y «De culminar este proceso con la aprobación del mismo (del proyecto de reforma) por las vías propuestas y la Asamblea Nacional (AN) se estaría consumando en la práctica un golpe de Estado, violando de manera descarada el texto constitucional y sus mecanismos e introduciendo cambios de manera fraudulenta, llevando al pueblo como ovejas al matadero»,
Y al pueblo venezolano indicó: «No dejen que les quiten el poder» “No se dejen engañar”.
Palabras graves, sin duda, que podrían tener consecuencias inesperadas, sobre todo, porque Baduel no es sólo Baduel.

Habida cuenta de los últimos acontecimientos no sería descabellado pensar en una postergación sine die del referéndum, a lo cual podría llegarse por varias vías, sin olvidar una “elegante” para el proponente del cambio constitucional.

En cualquier caso, lo que está sucediendo, más los resultados de las encuestas, el repudio in crescendo en las filas chavistas y la debilidad demostrada por el gobierno en un arranque de campaña esmirriado, nos están señalando las claras oportunidades que las fuerzas democráticas deberían explotar en función de sus objetivos estratégicos unitarios.

Lejos de nosotros está el sobrestimar estas manifestaciones propicias, ni aferrarnos a un optimismo iluso, que nos haga olvidar en los ingentes recursos de que dispone el adversario. Aquellas podrán favorecernos sólo si las calibramos de forma adecuada, y en consecuencia, actuamos inteligente y creativamente, en el marco de un haz de fuerzas democráticas convergentes. Allí está la clave.

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