Opinión Nacional

Hace 219 años nace José María Vargas

(Especial para Analítica – 09-03-05) Una vida apasionante la de este
guaireño. Intelectual, Científico, Político, Presidente de la República.

Supo ejercer todas sus actividades con la honestidad, dedicación y
desprendimiento, que le valió, y aún hoy en día tiene el reconocimiento de
las autoridades gubernamentales, de la sociedad y de la comunidad en
general.

Vargas dedicó gran parte de su vida a la medicina. Creo la cátedra de
Anatomía en la Universidad de Caracas, de la que luego fue rector, siendo el
primer médico que llegaba a ese cargo. El Libertador en reconocimiento a
sus méritos le nombra en ese alto cargo, que ejerció con la misma humildad y
eficiencia de todos los compromisos que se imponía.

Le llega el momento de dedicarse a la política y cuando sus amigos le
ofrecen los votos para llevarlo a la Primera Magistratura, pide que lo dejen
pensar, pues considera que el cargo de Presidente de la República es un
“compromiso muy grande! Y no está preparado para ello. Los generales de la
independencia, todos aspirantes a ese cargo, son sus contendores. Por eso
él, no es que soslaye la responsabilidad, pero si quiere pensarlo pues no
quería fracasar, algo que nunca le había pasado.

En 1834 fue electo por el Congreso de la República para el cargo de
Presidente de la República, voto que fue ratificado el 6 de febrero, siendo
el 9 de ese mismo mes cuando se Juramenta. Al año siguiente estalla la
Revolución de las Reformas y lo deponen de su posición y sale exilado a
Saint Thomas. Páez que había sido designado por Vargas, asume el mando del
Ejército Constitucional, expulsando a los rebeldes y llamando a Vargas para
que se reencargue de la presidencia, pero las intrigas palaciegas, la
presión de los que se creían con derecho a ejercer la presidencia fueron
demasiado y nuevamente renunció el Dr. Vargas, esta vez de manera
irrevocable.

Después de estos hechos nunca más quiso saber de la política y se dedicó
por entero a la educación, a la investigación, al ejercicio de la medicina y
la docencia.

En ese tiempo se mantuvo ocupado escribiendo textos y los resultados de sus
trabajos científicos, hasta que en el mes de agosto de 1853 se siente muy
enfermo y decide irse a Estados Unidos. Reside en Filadelfia y en New York,
en esta ciudad muere el 13 de julio de 1854. En el año 1877, en abril, sus
cenizas son depositadas en el Panteón Nacional.

Fue una vida, la de José Vargas (como firmaba y se hacía llamar), sumamente
ajetreada. Una vida de trabajo creador, de investigación, interrumpida
momentáneamente, por una amarga experiencia política, que lo llevó a
renunciar por no poder ser político, sino hombre de verdades y ejecutorias
de mucha cristalinidad.

Todavía resuenan sus palabras, cuando ascendió a la presidencia: “La
voluntad popular constitucionalmente expresada me ha llamado a dirigir
vuestros destinos. Sin títulos para tal merecimiento, sin el prestigio que
siempre dejan las grandes acciones y sin otra recomendación que mi amor
decidido al bien de la patria, me encuentro colocado en un puesto que jamás
ambicioné; porque nunca, os lo juro, me he creído con la capacidad y los
medios para desempeñarlo”.

Allí Vargas estaba decidiendo su destino en la política. Un discurso nada
político. Unas palabras dichas por un hombre ajeno a los avatares de la
política y las componendas.

Por eso Vargas no pudo finalizar su período. Por sincero y humilde.

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