Opinión Nacional

¿Hacia donde va la pesadilla revolucionaria?

Tenía toda la razón Fidel Castro cuando dijo en el Aula Magna de la UCV, el 03-02-99, que… “Si la Revolución Cubana hubiese triunfado en un momento como éste, no habría podido sostenerse.”. Es decir, que en estos tiempos no es posible una revolución como aquella. Ahora, en términos de la teoría de la revolución ésta se produce cuando se dan las condiciones necesarias. La cubana ocurre en un tiempo y circunstancias específicas. Pero ahora afirma que el actual no es un tiempo para hacer “una revolución como la nuestra”. Tal vez Fidel recuerda los casos de Chile o Nicaragua y se da cuenta que “en el mundo unipolar” esas revoluciones no se pudieron sostener. Y si eso fue así, ¿de dónde sacar que hoy puede sostenerse lo que se ha dado en llamar revolución bolivariana, pacífica y bonita?

¿Era y es posible una revolución aquí?

Lo de Castro es una seria advertencia sobre el peligro de no darle una adecuada ubicación temporal a la revolución. ¿Puede pensarse que semanas o meses más tarde se crearon las condiciones para hacer una revolución sustentable en Venezuela como la cubana? ¿Cómo se llega a la convicción de la aplicación del ‘esquema revolucionario’? ¿Se procede de algún modo a estudiar e interpretar lo que ocurre el fin de siglo en el contexto de la llamada revolución socialista? ¿En qué se basa el cambio de posición? ¿Qué análisis se hizo para tratar de desempolvar y reactivar “el proyecto revolucionario” en el momento mismo en que caía el ‘socialismo real’? Estas preguntas aún no tienen respuestas y difícilmente la tendrán en los tiempos que corren. Por esto, por mucho tiempo, seguiremos preguntando si era y es posible hoy y aquí, una revolución como la que creíamos conocer.

La revolución de la confusión

A estas alturas parece indiscutible que las revoluciones, al margen de la forma como se les ha concebido y realizado, se les ha dado un tratamiento a tal punto politiquero y subjetivo, que en muchas oportunidades se les ha transformado en fuentes para la confusión. Primero fue la revolución que significó un cambio en el modo de producción, en el orden social, el modo de vida y que pretendió marcar una verdadera ruptura histórica. Pero luego advino la revolución que deja con vida y alimenta el viejo régimen. En Rusia o China la revolución no implanta un régimen socialista en términos de producción, clases y Estado. El viejo orden capitalista y feudal siguió con vida. Pero a pesar de no haber habido un verdadero ‘salto histórico’ que hubiese llevado al proletariado a posiciones de poder, se creó la ficción de un poder de los oprimidos.

La gran ficción del mundo bueno y bonito

Desde entonces se tuvo la creencia que en las sociedades socialistas no había explotados y que éste era un mundo donde todos trabajaban y era tal solidaridad y el desprendimiento, que a cada quien se le dada “según su trabajo y sus necesidades”. Entonces se pensaba que había un mundo “bueno y bonito” y otro malo y horrible. Todavía hay nos conseguimos con una revolución bolivariana y bonita. Algo que tiene muy poco o nada que ver con revolución más allá de las formas. Y esto es precisamente lo que más abunda en “la teoría de la revolución”. De allí que estemos ante un importante surtidor de confusión. ¿No es esto acaso lo que más ha generado las revoluciones que no han sido? ¿Cómo negar que la confusión de una sociedad es el mayor logro de esta revolución bolivariana?

¿Ruptura histórica?

Por esta razón no puede menos que llamar la atención, por endebles, los señalamientos según los cuales este expaís vive un momento de fractura o ruptura histórica. Con esto se quiere decir que se rompe con el pasado plenamente establecido para dar paso a otro orden social, económico, político, histórico. A lo largo del tiempo, aquí se ha jugado a las revoluciones que, a los 191 años de “vida independiente” se cuentan por docenas. ¿Pero acaso alguna de ellas implantó un antes y después en el proceso de esta sociedad? La propia independencia, vista por muchos como revolución, deja con vida y entra a convivir con estructuras coloniales de las más variadas fachadas. Y aún hoy se debe registrar que la acción invasora iniciada hace poco más de 5 siglos mantiene intocadas sus bases y fundamentos.

Aquí lo único que se rompe y repara es el tal hilo constitucional

En la llamada vida republicana cualquier asalto al mando se ha calificado de rompimiento con todo lo anterior. Cada gobierno tiene en su antecesor el peor de los desastres. Se impone en cada ocasión producir el respectivo cambio de hombres o de “generaciones” en la conducción de la política para que los entendidos aludan a la ruptura que anuncia otros tiempos, otro orden social y otra forma de vida. ¿Puede alguien, con alguna sensatez, decir que eso es lo que ocurre hoy aquí? Mantenemos, en fin, que a lo largo del proceso Venezuela ha prevalecido el mismo hilo de acción y que el único de esos hilos que se ha roto y vuelto a romper y coser es el constitucional. Y han sido a tal punto “felices” las reparaciones, que tenemos tantas o más constituciones que “revoluciones”. Porque unas y otras han sido fáciles de hacer y cambiar.

La inminente caída revolucionaria

De modo que la caída de una “revolución” ha sido aquí algo materialmente rutinario. Caen con la facilidad con que surgieron. La “revolución verbal” que se inicia el 6D-98 reproduce los esquemas y procedimientos conocidos. No tiene una fundamentación doctrinario-ideológica. Carece de un piso político que le garantice una estructura organizativa y una actuación acorde con las condiciones históricas prevalecientes. Este gobierno, como cualquiera otro de los anteriores, va a caer o a concluir su período sin haber alcanzado ninguna novedad. Significará -o significa ya- un punto más en el listado de “actores revolucionarios” que se han sentido alumnos, continuadores y hasta hijos del Padre de la Patria. Se le podrá atribuir el mérito de haber liquidado las ‘cúpulas podridas’ de AD y Copei, sin que eso sea en propiedad imputable a algún movimiento o personalidad en general. El agotamiento del modelo político partidista no lo impulsa “el proceso”, es obra de su propia incapacidad para renovarse y crear nuevas perspectivas.

Producto de su quiebra, es el vacío partidista y de liderazgo sobre el cual, como emergente y espontáneo, se presenta el hoy Tiburón I. En 1936 ante la falta de un liderazgo formado, militante y dispuesto a hacer presencia permanente, surge la figura de López Contreras. En 1958 en circunstancias análogas aparece Wolfgang Larrazábal. Pero en la medida en que se restablece el orden político, que corresponde al económico y social, comienza a decaer la figura que no es portadora de una nueva condición y manera de hacer política, sino de una nueva forma de engañar, distraer y confundir.

La revolución de hoy vuelta ayer

Y queda claro que el rechazo a la vieja política por parte de la gran mayoría no es abonable a este gobierno ni en particular al ‘jefe único’. Esta animadversión ya existía cuando se produce el 4F-92. Caldera II termina de liquidar la imagen y contenido del viejo liderazgo, y una vez que Irene se autodesplaza, al juntar su suerte a la de Copei, asciende al podium de los elegidos el candidato Chávez. Entonces parecía, por el nivel de apoyo, que estábamos ante un fenómeno que quedaría grabado en el sentimiento de la gente de manera indeleble. Pero a tres años y medio de gobierno, la entonces egregia figura pasa a oler a cadáver político. En la práctica no ha hecho sino reproducir el esquema de todas las revoluciones locales, la paecista, guzmancista, castrista-gomera, lopecista, perezjimenista o betancourista. Simplemente otra revolución del fracaso, el pasado y el engaño. Sus ejecutorias son profundamente equivocadas porque trató de imponer hoy una supuesta, vacía y confusa revolución que ya fracasó ayer. Esta es la gran desesperanza que se hace tragedia en esta hora.

Hambre y revolución

Y es a tal punto fracasado el camino de esta revolución y el reconocimiento de esta realidad, que el ‘jefe único’ se ve obligado a pedirle a la pobreza que se convenza de que no importa andar desnudo o pasar hambre, para salvar la revolución. Es decir, no importa que las mayorías mueran siempre y cuando se salve lo esencial: la revolución, Olvida el presidente que la realidad por encima de todas las cosas, es el hombre. ¿Y cómo jugar ahora a una revolución que materialmente exige la inmolación del hombre, para lograr su salvación, sin asomar referentes de reivindicación de los desheredados?

La violencia como intimidación

Y esta prédica la adelanta un gobierno que ostenta una situación poco envidiable. Sobre él pesan varias solicitudes de juicio. Y, a la vez, este ejecutivo adelanta la solicitud de antejuicio de méritos contra los militares presuntamente golpistas. El 30-07 el TSJ, en votación de 12 contra 8, desestima la ponencia del magistrado Martínez que consideraba a los jefes militares como incursos en el delito de rebelión militar. De inmediato comenzó algo que había sido anunciado en forma insistente: las protestas violentas por parte de los ‘afectos al gobierno’, como reconoce Bernal (Glob, 02-08-02) Estas acciones parecen estar dirigidas a crear un clima de tensión-violencia que sirva para hacerle saber al alto tribunal que si no decide el enjuiciamiento de los ‘militares golpistas del 11A’ vendrá la hecatombe. Una manera directa de intimidar a los magistrados y, en particular, a la fracción miquilenista. La desesperación gubernamental se explica. Al contarse los votos del TSJ queda claro que pueden avanzar algunas de las solicitudes de enjuiciamiento al presidente. En particular los casos FIEM, BBVA y crímenes de lesa humanidad.

Anárquicos y saboteadores actúan

¿Y qué sigue a esta situación? ¿Puede permitir el ejecutivo que avance el juicio sin hacer nada por obstaculizarlo? El gobierno tiene conciencia de que dejar actuar libre y sin apremio a la mayoría del TSJ significa su propia liquidación. Por ello se defiende mediante la creación de un clima de incertidumbre, tensión y violencia. Pero el llamado se queda a nivel de activistas de los CB. El grueso de la población parece inclinada a aceptar el fallo tribunalicio y a dirimir los problemas planteados por la vía legal-constitucional.

Y al lado del poco apoyo que se expresa a la violencia, la alta dirigencia gobierno-MVR, convoca a la paz, el entendimiento y el diálogo. Unos llaman a la guerra y otros a la paz. El propio presidente declara el 02-08-02 que los disturbios de los últimos días son obra de la anarquía y saboteadores. El vicepres acusa a la PM y amenaza con intervenirla. El alcalde Peña acusa a Rangel y Diosdado de preparar y dirigir la violencia. Cabello señala que en esto están actuando los infiltrados. El toma y dame aumenta cada minuto. Un cuadro que se le cierra cada vez más a este gobierno y que acusa tajantemente su falta de perspectivas.

¿Salvará USA esta revolución?

¿Pero tiene el gobierno a esta hora alguna posibilidad de salvación? El estado de la crisis económica constituye un foco de permanente y creciente descontento. No es verdad que la gente está dispuesta a pasar hambre por y para la revolución. Los niveles de descomposición son demasiado elevados. Por ello se tiene conciencia de que no es posible hallar soluciones a lo interno de este gobierno. Para salvarse, en consecuencia, tendría que aceptar la ayuda que le ofrece la Oficina de Transición o del Desarrollo que tiene montada en su propia embajada el Dpto. de Estado yanqui. Esta es la única vía expedita, pero ello impone definir lo que se hará a nivel del ejecutivo.

USA ofrece transición hacia la estabilidad y gobernabilidad y para lograrlo está dispuesta a invertir altas sumas para la compra de voluntades y apoyos políticos. Esta transición puede implicar al propio presidente, o a otro miembro del ‘proyecto’. La transición hacia otro gobierno puede tener dos posiciones frente al chavismo: impedir la continuación del proyecto o darle toda libertad para que siga haciendo uso del espacio que le corresponde. Con este gran esfuerzo USA procura por todas las vías obtener lo que requieren en este momento: asegurar un suministro seguro de petróleo. ¿Terminará esta pesadilla de revolución en los mismos brazos del imperio invasor o se mantendrá en base al hambre y desnudez del pueblo-pobres?

Insistiendo

● En diciembre del 2000 se hizo la llamada devolución a la UCV del Jardín Botánico y la Zona Rental. La primera ya está en el camino del hipermercado que trasladará el centro de la ciudad a la Plaza Venezuela. El Botánico pasó de Min-Ambiente a la UCV. Pero hasta el momento no se ha otorgado el status y los beneficios que le corresponden a los trabajadores, como miembros del personal de la UCV. Somos solidarios con la causa de estos abnegados trabajadores.

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