Opinión Nacional

¿Hacia donde vamos?

Chávez insulta a los candidatos no oficialistas para las próximas elecciones regionales, amenaza con sacar los tanques o tomar militarmente a las comunidades que voten contra él y atemoriza a los habitantes tratando de lograr objetivos de su estrategia.

Al principio, le dijo a los electores que sí eligen un candidato, distinto al que él apoya, no les daría recursos económicos a esa comunidad. Así, trató de obtener votos de la gente pensando que se iban a intimidar. Como este chantaje no bastó, entonces siembra terror ofreciendo un castigo “militar” a los ciudadanos si se oponen a él o a sus secuaces, donde no es difícil imaginar hechos de violencia y muerte.

Aparte de que los militares venezolanos deberían tomar conciencia del triste papel que se les otorga y del repudio popular hacia ellos por parte de la población que se incrementa cada día más, es indispensable descifrar que busca Chávez con esta campaña planificada y fríamente ejecutada.

Los distintos escenarios determinan que la abstención favorece más al gobierno. Si los ciudadanos se acobardan y no acuden a votar, la maquinaria del oficialismo dispondrá de mayores posibilidades.

Chávez mete miedo para aumentar la abstención pero no lo logrará: Los ciudadanos que en su mayoría quieren y defienden la libertad y el derecho al sufragio no renunciarán al voto.

Otra importante línea estratégica de Chávez fue la de lanzar su “candidatura” a todas las alcaldías y gobernaciones en lugar de apoyar a los legítimos candidatos del gobierno. De esta manera impedía que sobresalieran otros dirigentes de su partido, pero el costo en su liderazgo es evidente: En las filas del oficialismo surgieron los “disidentes” de manera abierta, y seguramente van a ganar un significativo espacio político distinto de la oposición y del gobierno. Además, es notorio en encuestas el desgaste de Chávez en cuanto a su credibilidad y en su intención de reelegirse. Chávez saldrá de estas elecciones regionales disminuido aunque cante victoria por ganar quizás más gobernaciones que la oposición o la disidencia. La realidad se hará patente, es muy posible que opositores y disidentes alcancen tantos o más votos que el oficialismo porque en los estados, las ciudades y las comunidades más habitadas, el chavismo será derrotado.

Otro objetivo estratégico de Chávez es observar cómo reaccionan los miembros de las fuerzas armadas cuando dice que los militares saldrán a la calle a defender su revolución. De esta forma piensa que sus organismos de inteligencia detectarán, y luego él podría apartar, a quienes se opongan a sus planes en virtud de que acatan lo dispuesto en la Constitución Nacional sobre la Fuerza Armada. Igualmente, el anticipar órdenes de “sacar” el ejército a la calle, le sirve para acostumbrar e ir preparando a los uniformados para obedecer una incierta, discutible y probable ilegal orden, ante un quimérico e insostenible escenario, especie de autogolpe, como crear las condiciones y decretar el estado de excepción ante un fraude en los comicios regionales.

Independientemente de lo que piense, planifique y haga, el comandante en jefe no está en su mejor momento: Desde diciembre de 2006 ha cometido una sucesiva serie de errores a nivel nacional como internacional. Haberse metido de lleno en esta campaña es otro error y gracias a ello el próximo 23 de noviembre Venezuela surgirá nuevamente más democrática, más plural y más decidida a cambiar el caudillismo por la participación ciudadana.

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