Opinión Nacional

Hacia una democracia hegemónica: ¿Se logró el objetivo el 4-D?

Bueno llegó y pasó el evento, con el resultado previsible: el oficialismo obtuvo a través de sus diversas organizaciones, la totalidad de los 167 cargos de la Asamblea Nacional; luego de la retirada de las candidaturas de los partidos políticos de oposición democrática. Con lo ocurrido, un sector importante de la sociedad quedó excluido de los mecanismos de toma de decisión legislativa y del debate parlamentario. Se inauguró así, otra etapa en “la democracia bolivariana”. Una nueva fase basada en la “hegemonía institucional” de una muy particular visión del mundo, de la sociedad y del individuo, que pretende ser única.

Además del pluralismo parlamentario, el proceso electoral del 4-D también tuvo otras víctimas. El Consejo Nacional Electoral (CNE) fue una de ellas. Pese a los esfuerzos emprendidos, el CNE no pudo finalmente inspirar la suficiente confianza en la inmensa mayoría del electorado venezolano (tanto oficialista como opositor), que decidió no acudir ante los reiterados llamados a participar en los comicios parlamentarios. Todo parece indicar que en Venezuela, la mayoría de sus ciudadanos no cree en la institución rectora del sufragio; lo cual significa un gravísimo retroceso institucional para el país.

El oficialismo también se llevó lo suyo (además de la Asamblea Nacional). Desde el gobierno se enfrentó al tema de la abstención y fue derrotado. De nada sirvieron las cadenas casi diarias. Las consignas uniendo al Presidente George Bush al retiro de los principales opositores, también fracasaron. Al igual que los desesperados insultos lanzados en contra de la oposición. Las amenazas a funcionarios públicos sólo contribuyeron a confirmar la imagen negativa que se tenía en el seno de la sociedad venezolana sobre el ya maltrecho proceso electoral. En síntesis, el gobierno no demostró la capacidad de convocatoria tan pregonada. Por último, el gobierno también presentó lo que será su línea propagandística para el proceso electoral del próximo año 2006: todo adversario será acusado de ser un lacayo del imperialismo, traidor y vende patria. Así que a prepararse pues.

En medio de todo esto, la oposición partidista respiró de nuevo. El retiro de partidos como Acción Democrática, Primero Justicia, Proyecto Venezuela o COPEI, le otorgaron un “sentido político real” a la consigna abstencionista. Sin embargo, la oposición sigue fraccionada, dividida y sin un mensaje claro. Por ejemplo, organizaciones como la Asociación Civil Súmate, ha planteado; entre otras cosas, una nueva elección parlamentaria, una vez renovado el Consejo Nacional Electoral por la Asamblea Nacional, electa el 4-D. Los grupos Alianza Popular y Alianza Bravo Pueblo, proponen por su parte, la realización de un nuevo proceso constituyente. Mientras tanto Julio Borges (Primero Justicia) sigue su campaña presidencial, al igual William Ojeda (Un Solo Pueblo) y ahora más recientemente Roberto Smith Perera, (Venezuela de Primera); quien recorre el país a pie.

En otras palabras, en la oposición se juega en varios tableros internos y simultáneos. En todo caso, las organizaciones partidistas tienen una agenda bien complicada que contiene entre otros temas: su reconstrucción como medios de participación ciudadana, la recuperación de su espacio en la sociedad venezolana, el ejercicio de una oposición responsable y eficaz, realizada desde la calle ante un gobierno que posee todo el poder institucional de su lado (incluyendo la Fuerza Armada Nacional) y con mucho dinero para gastar. Pero además, en la oposición democrática tendrán que ponerse de acuerdo aquellos factores que entienden que la salida a la problemática de Venezuela, pasa por el reconocimiento del contrario (y del otro aunque no sea contrario), por el fortalecimiento de mecanismos de inclusión social, negociación y cooperación política, por la revalorización de la actividad política y, finalmente por los medios electorales. Es una dura tarea, pero también una excelente oportunidad.

El país está en manos del gobierno con una alta concentración y vocación de poder. Y es que, a la realidad venezolana caracterizada por la corrupción y los malos manejos de los dineros públicos, fustigada por la ineficacia de las políticas públicas frente a una problemática social desbordada o sumida en medio de una estrategia internacional que maximiza el conflicto, se agregaría ahora, la posibilidad del establecimiento de una democracia hegemónica y excluyente con un prontuario creciente de persecución y detenciones políticas. Y una democracia de ese tipo, parece ser el resultado en el corto plazo de la abstención y de la desmovilización de las fuerzas de la oposición. Veremos que pasa.

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