Opinión Nacional

Haciendo historia con energía solar

Hace poco, el barco solar más grande del mundo -conocido como el Turanor PlanetSolar- rompió su propio récord de velocidad al atravesar el Atlántico desde las islas Canarias hasta la isla caribeña de Saint Thomas en apenas 22 dias y 12 horas, reduciendo en 4 días el anterior récord que había logrado hace un año. El curioso super yate de 31 metros de largo, un cubierto de unos 530 metros cuadrados de paneles solares, ha sido diseñado en Suiza y -después de su histórica vuelta al mundo- se ha convertido en un barco de investigación de la ecología marina, gracias a que puede estudiar los habitats marinos sin contaminarlos con humos y combustible de petróleo.

En abril 2012 el Turanor hizo historia al llegar de vuelta al puerto de Mónaco, de donde había salido en septiembre de 2010 en dirección oeste, para atravesar el Atlántico, pasar luego al Pacífico a través del canal de Panamá, llegar a Australia y atravesar el océano Índico para regresar al Mediterráneo por el canal de Suez. Fue un viaje hecho con solo tres tripulantes, entre ellos el suizo Raphael Domjan, quien diseñó y fabricó el barco a un costo de 16 millones de dólares (financiado por un empresario alemán), con la intención de hacer historia.

La energía solar en el aire

Mientras tanto, en el aire se espera que un avión solar, diseñado por Bertrand Piccard (quien ya había dado la vuelta al mundo en 1999 sin escalas con un globo aerostático), haga su vuelo alrededor del planeta en un par de años, usando un prototipo mejorado del Solar Impulse, un ligero avión monopiloto con sus alas cubiertas de paneles solares. El aparato, movido por 4 motores eléctricos alimentados con baterías de litio (cargadas con los paneles fotovoltaicos), ya había viajado todo el día en la misma Suiza y luego voló de día hasta Marruecos haciendo escala en España, y finalmente atravesó los EEUU de costa a costa, donde también rompió un récord de velocidad en una de las cuatro etapas.

En su proyectado vuelo alrededor del mundo, el Solar Impulse espera lograrlo en cinco etapas de cuatro días, esta vez con dos pilotos que se turnarán, gracias a que aligerarán al máximo el aparato con nuevos materiales. Todo, para demostrar que la energía solar representa el futuro de la aviación, ya que este transporte contribuye en un 12 % a la generación de CO2 en el mundo, incrementando el calentamiento global debido a la quema de 280 millones de toneladas de gasolina y queroseno, a pesar de que en vuelos de prueba ya se ha demostrado la factibilidad de usar biocombustibles para mover sus hélices o turbinas.

 

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