Opinión Nacional

¡Hagan política!

El Predicador del Odio clamaba en su última aparición en «La Hojilla», programa que es un ejemplo de responsabilidad social en televisión, que la oposición política venezolana «haga política», aunque ya eso está pasando: nuestros estudiantes salieron a las calles a hacer política, en su recto significado.

Coincido con Fernando Savater cuando alega, que la política no es más que el conjunto de las razones para obedecer y de las razones para sublevarse. Ya nos decía Aristóteles: «el hombre es un animal cívico, un animal político», es decir, que somos seres sociables, pero no instintiva y automáticamente sociales, como los animales. A diferencia de éstos, los humanos inventamos formas de sociedad diversas, transformamos la sociedad en que hemos nacido y en la que vivieron nuestros padres, hacemos experimentos organizativos nunca antes intentados, esto es: no sólo repetimos los gestos de los demás y obedecemos las normas de nuestro grupo (como hace cualquier otro animal) sino que llegado el caso desobedecemos, nos rebelamos, violamos las rutinas y las normas establecidas. Lo que quería decir Aristóteles, es que el hombre es el único animal capaz de sublevarse… Los hombres nos estamos sublevando a cada paso, no hacemos lo que los demás quieren sin responder, como los animales, sino que es preciso convencernos y muchas veces obligarnos a desempeñar el papel que la sociedad nos atribuye.

Entonces, nuestra forma de vivir en sociedad no es sólo obedecer y repetir sino también rebelarnos e inventar. Sin embargo, no nos rebelamos contra la sociedad, sino contra una sociedad determinada. No desobedecemos porque no queramos obedecer jamás a nada ni a nadie, sino porque queremos mejores razones para obedecer de las que nos dan y gobernantes que ordenen con una autoridad más respetable. Los grupos animales cambian a veces sus pautas de conducta, de acuerdo con las exigencias de la evolución biológica cuya orientación tiende a asegurar la conservación de la especie. Las sociedades humanas se transforman históricamente, de acuerdo a criterios mucho más complejos, a veces insondables. Unos cambios intentan asegurar determinados objetivos, otros consolidar ciertos valores, y muchas transformaciones parecen provenir del descubrimiento de nuevas técnicas para hacer o deshacer cosas. Lo único indudable es que en todas las sociedades humanas, y en cada miembro individual de esas sociedades, se dan razones para la obediencia y razones para la rebelión. Tan sociables somos cuando obedecemos por las razones que nos parecen válidas como cuando desobedecemos y nos sublevamos por otras que parecen acertadas. De modo que, la política es, también, todas esas diversas razones.

Las marchas y las protestas estudiantiles tienen sobradas razones: un gobierno incompetente y corrupto; cadenas presidenciales de más de seis horas; medidas gubernamentales que amenazan la democracia y la propiedad privada; una ley electoral dirigida a favorecer al PSUV; la suspensión de las relaciones políticas y comerciales, así como la declaratoria de guerra a Colombia; el cierre de 34 emisoras de radio; el cierre y sometimiento de RCTV, que coarta la crítica y la libertad de expresión e información, etc. Nuestros valientes estudiantes están hoy haciendo política (¡y de la buena!) al no obedecer y sublevarse.

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